Claves de la Psicología Humanista: Apego, Terapia y Crecimiento Interior
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Teorías Humanistas: Vínculos, Apego y Desarrollo Personal
Psicología Transpersonal
El término transpersonal significa “más allá de la persona o la máscara”; es decir, más allá de la individualidad, hacia algo que trasciende el desarrollo del individuo. En esta línea hallamos la terapia gestáltica, que trabaja intensamente la toma de conciencia y se centra en mejorar el contacto que tiene la persona consigo misma y con el entorno, enfocando los conflictos en el “aquí y ahora”.
En el marco de la Psicología Transpersonal, y desde su propia experiencia personal y terapéutica, John Bradshaw explica cómo el concepto del “niño herido” es el origen de gran parte del sufrimiento humano y de muchas conductas y personalidades inadaptadas. Problemas de agresividad, adicciones, codependencia, narcisismo o depresión en personas adultas son, a menudo, fruto de la herida espiritual causada por diversas experiencias de abuso, maltrato o abandono (físico o psicoemocional) durante la infancia.
Terapia Centrada en el Cliente (1951)
Las aportaciones de la Terapia Centrada en el Cliente son de un valor incalculable en la intervención socioeducativa. El psicólogo americano Carl Rogers (1902-1987) compartía con Maslow la convicción de que el ser humano tiene una tendencia innata a desarrollar y actualizar todo su potencial.
Teoría del Apego
A partir de sus investigaciones sobre niños huérfanos de guerra separados de sus padres, John Bowlby desarrolló la teoría del apego. Concluyó que los seres humanos tenemos una necesidad innata y fundamental de formar vínculos de apego significativos con otras personas, especialmente durante la niñez, pero también a lo largo de toda la vida. Dentro de este proceso, la relación o vínculo del bebé con su madre (y otras figuras significativas) tiene una importancia central (Trevithick, 2002, p. 63).
“El comportamiento de apego es una forma de conducta que consiste en que un individuo consigue o mantiene proximidad a otra persona diferenciada y preferentemente individual y que es considerada, en general, como más fuerte y/o más sabia”.
– Bowlby, 1986, p. 157
Este comportamiento es propio de los seres humanos desde el nacimiento hasta la muerte. Se manifiesta con especial intensidad durante la infancia (a través del llanto y los gritos como protesta por la separación o como forma de demandar atención, seguimiento y adhesión a la figura de apego). Con la maduración del individuo, pierde intensidad, pero cuando las personas se hallan en situaciones de especial vulnerabilidad (enfermedad, miedo, angustia, etc.), se vuelve evidente.
Características del Comportamiento de Apego
- Especificidad: El comportamiento de apego está dirigido a uno o varios individuos muy concretos y, en general, con un claro orden de preferencia.
- Duración: Suele ser muy estable y persistir durante la mayor parte del ciclo vital, aunque en ciertas épocas las figuras de apego pueden ser parcialmente sustituidas por otras (el apego puede desplazarse de la madre o el padre al mejor amigo/a, y de este a la pareja).
- Intervención de las emociones: Muchas de las emociones más intensas surgen durante la formación, el mantenimiento, la ruptura o la renovación de las figuras de apego (por ejemplo, el enamoramiento o la angustia de separación).
- Ontogenia: El comportamiento de apego hacia una figura preferida se desarrolla durante los primeros nueve meses de vida y se mantiene especialmente activo hasta el final del tercer año.
- Aprendizaje: Aprender a distinguir lo familiar de lo extraño es clave para el desarrollo del apego. Sin embargo, los reforzadores y castigos convencionales no parecen ser determinantes; por ejemplo, niños que han sufrido maltrato pueden mantener un fuerte vínculo de apego.