Del Círculo de Viena a Wittgenstein: La Revolución en la Filosofía del Lenguaje

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Los Círculos de Viena y Berlín y el Empirismo Lógico

El Círculo de Viena se convirtió en la corriente filosófica más importante del mundo anglosajón y escandinavo. Sus miembros estaban de acuerdo en varias tesis fundamentales que redefinieron el pensamiento de la época.

Principios Fundamentales del Círculo de Viena

Los integrantes de esta corriente compartían los siguientes puntos clave:

  • Coincidiendo con Kant, consideraban inútil la filosofía si no se fundamentaba como una ciencia exacta, capaz de producir resultados duraderos.
  • Requerían un método exacto cuyo núcleo, a diferencia de la idea de Kant, estaría constituido por la lógica formal, más exactamente en su forma desarrollada por Gottlob Frege y Bertrand Russell.
  • Al rechazar las ideas kantianas de un conocimiento sintético a priori, solo quedaban dos clases de proposiciones verdaderas: los principios analíticamente verdaderos de la lógica y la matemática, y los empíricos o sintéticos a posteriori de las ciencias experimentales.

El empirismo lógico, basado en esas condiciones, pretendía sustituir al empirismo considerado acientífico de pensadores como Hume y Marx. Creían que los principios de la física, como el de la causalidad, son convenciones, a la vez que consideraban sin sentido, aunque no falsas, las proposiciones de la metafísica; sostenían que no existen enigmas del universo. La función de un elemento fundamental del Círculo de Viena, el criterio empirista del sentido, consiste en diferenciar las afirmaciones con sentido de las ciencias (naturales) de las declaraciones sin sentido de la metafísica.

Ludwig Wittgenstein: Lenguaje, Límites y Filosofía

Ludwig Wittgenstein entendía la filosofía como una lucha contra el embrujamiento de la razón que anida en el lenguaje. Su obra se divide en dos grandes periodos, representados por sus dos libros más influyentes.

El Tractatus Logico-Philosophicus

El Tractatus trata de los límites del lenguaje, que constituyen al mismo tiempo los límites del pensamiento y del mundo. La realidad solo se hace accesible por medio del lenguaje, cuyas únicas proposiciones con sentido son las de la ciencia de la naturaleza. Wittgenstein considera las proposiciones de la lógica como tautológicas, es decir, vacías de contenido. Además, argumentaba que algunas palabras de las proposiciones de la metafísica carecen de significado.

En cambio, los meros objetos —árboles, libros, casas, etcétera— carecen de independencia; solo existen en una vinculación estructurada con otros objetos. El Tractatus suele leerse únicamente como una aportación a la lógica y a la crítica de la metafísica. Según su "Conferencia sobre la ética", hay tres vivencias que constituyen la experiencia de lo indecible, de lo ético o de lo místico: el asombro por la existencia del mundo, la sensación de protección absoluta y el sentimiento de culpa. Sin embargo, para lo que queda más acá de lo místico, debemos considerar válido que "todo cuanto se puede decir, se puede decir claramente".

Las Investigaciones Filosóficas

Esta obra supone un cambio fundamental en la filosofía, en especial en las filosofías de la mente, del lenguaje y de las matemáticas, así como en la teoría de la acción. En ella, Wittgenstein se mantiene fiel a la crítica a la metafísica del Tractatus. En lugar de una nueva norma vinculante con una nueva concepción del lenguaje, propone la descripción de una multiplicidad (pluralismo) de juegos del lenguaje.

Estos son urdimbres de expresiones lingüísticas con acciones no lingüísticas. Se ha hecho famosa la crítica de Wittgenstein al lenguaje privado. Russell y el primer Carnap consideraban que el lenguaje privado, o de las sensaciones, era la lengua lógica primaria. Wittgenstein acentúa el solipsismo subyacente a esa consideración e incluso a toda la moderna filosofía de la subjetividad, hasta llegar a la paradoja de una lengua entendida no solo por un único individuo. A este lenguaje estrictamente privado, y no solo secreto, le contrapone el argumento de que, si bien existen, desde luego, "mi dolor" y "mi alegría", el lenguaje acerca de mis vivencias no me pertenece a mí solo, pues presupone reglas sobre el empleo de palabras; y, en cuanto a las reglas, solo se puede decir que están sometidas al control público.

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