Catedral de Chartres: arquitectura gótica, luz, vidrieras y laberinto

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Catedral de Chartres: arquitectura gótica, luz y simbolismo espiritual

La bóveda de crucería y los arbotantes

Su uso supone grandes ventajas respecto a la bóveda de cañón, que carga todo su peso sobre el muro. Gracias a la bóveda de crucería, las cargas quedan, en cambio, concentradas en cuatro puntos, los cuatro ángulos del tramo que se cubre, y desde esos cuatro puntos son trasladadas a través de los arbotantes hacia el exterior hasta los estribos o contrafuertes. El muro se reduce a ser un elemento de cierre y no tiene que desempeñar la función de soporte que tenía en el románico.

Interior: verticalidad y uso de la luz

El interior sorprende por su verticalidad y el extraordinario uso de la luz. La catedral es la Casa de Dios, un espacio sagrado de profundo significado espiritual en el que se refleja la interpretación que del Universo hace la filosofía neoplatónica. Todos los seres proceden de Dios, por lo que lo terrenal participa en diferentes grados de las cualidades divinas. La luz es el fenómeno natural que más se acerca a la forma pura, la manifestación más directa de Dios. La luz se convierte así en uno de los elementos fundamentales de la arquitectura gótica.

Las vidrieras, que constituyen en Chartres un conjunto excepcional, sustituyen al muro como elemento de cierre y protección frente a las inclemencias del tiempo, pero ante todo permiten una utilización especial de la luz, transformándola y convirtiéndola en símbolo de la presencia divina que ilumina a los fieles. Gracias a la luz, que parece generarse en las propias vidrieras, el espacio se transforma en un espacio luminoso que transmite al fiel la sensación visual de Dios. Los ricos objetos de culto, los frontales de oro y piedras preciosas, la brillantez de las ceremonias litúrgicas... completan este marco de magnificencia.

Laberinto en el pavimento

Uno de los elementos más famosos de la catedral de Chartres es el laberinto de 13 m de diámetro trazado sobre el pavimento en el eje de la nave central. Tiene once círculos concéntricos y su recorrido es una representación simbólica de la peregrinación del alma hacia Dios.

Exterior: arbotantes, contrafuertes y fachada occidental

En el exterior de la catedral podemos apreciar perfectamente el papel decisivo desempeñado por los arbotantes y contrafuertes en la estructura del edificio. En la fachada occidental se encuentra el célebre Pórtico Real, sobre el que se abre un triforio de enormes dimensiones coronado por un enorme rosetón. La fachada está flanqueada por dos torres realizadas con trescientos años de diferencia: la de la derecha (le clocher vieux) termina en un chapitel románico y la de la izquierda (le clocher neuf) fue realizada en gótico flamígero. Su decoración escultórica marca la transición del románico al gótico.

Especial mención merecen las esculturas de las jambas, que representan a personajes del Antiguo y del Nuevo Testamento, perfectamente adaptados a las columnas (estatuas-columna).

Elementos destacados

  • Bóveda de crucería: concentra las cargas en puntos concretos y permite muros más ligeros.
  • Arbotantes y contrafuertes: trasladan las cargas al exterior y liberan el muro como elemento de cierre.
  • Vidrieras: transforman la luz y simbolizan la presencia divina.
  • Laberinto: símbolo de la peregrinación del alma hacia Dios.
  • Fachada occidental: Pórtico Real, triforio y rosetón flanqueados por dos torres de distinta época.
Observaciones finales

La catedral de Chartres es un ejemplo paradigmático de cómo la técnica constructiva y el simbolismo religioso se integran para crear un espacio que, mediante la luz y la escultura, expresa una visión del cosmos y de la relación entre lo humano y lo divino.

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