El Castellano Alfonsí: Orígenes y Evolución de la Lengua Española
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A la complejidad lingüística delineada en el área castellana hay que sumar el hecho de que Alfonso X contase con colaboradores de diversa procedencia, hasta el punto de llegar a ser el plurilingüismo una característica de su corte. No debe extrañarnos, pues, que el monarca impulsara la denominada reforma alfonsí, derivada de la necesidad de crear una lengua castellana general normalizada que pudiera llegar a superponerse a tan notable heterogeneidad. En época de Alfonso X luchaban por imponerse dos normas bien diferenciadas: una, el castellano koiné, se caracterizaba por agrupar los rasgos que lo hermanaban con otras lenguas venidas de Ultrapuertos, al tiempo que aglutinaba la influencia semítica; otra, el castellano derecho, continuaba sus tendencias autóctonas, a la par que recibía el apoyo personal del rey, por cuyo impulso llegó a convertirse en lengua general, superponiéndose a variedades propias y a dialectos colindantes. Es esta última variable castellana la que dio lugar básicamente al español clásico y llegó a convertirse con el tiempo en el español estandarizado actual, la cual no ha recibido de iure el estatuto de oficialidad hasta el siglo XX, si bien ha sido de facto lengua oficial desde el siglo XIII.
La preocupación del propio monarca por el conocimiento reside en el hecho de que muchos códices originales del scriptorium se han conservado, al igual que múltiples versiones; es decir, nos encontramos con un rey que no solamente está preocupado por el mantenimiento de la cultura, sino que él también aporta conocimientos. Esta flamante postura es destacada concretamente por el propio monarca quien en los prólogos se proclama como «mecenas» o «autor», en oposición al anonimato propio del bajo medievo. No obstante, afirmar que nos encontramos ante una lengua homogénea y respetada por todos los usuarios sería pecar de ingenuidad; intervenían tantos colaboradores de tan diferente procedencia, que no es exigible la absoluta uniformidad de criterio lingüístico. Con miras a ilustrar esta amalgama encontramos unos tratados del Saber de Astronomía, que ofrecen ciertos caracteres leoneses; y textos en los que abundan los provenzalismos o catalanismos como «crepúscol», «ponent» o «perpendible». Otro ejemplo son los primeros capítulos de la Crónica General, los cuales tienen arcaísmos que no aparecen en los capítulos restantes, escritos más tarde; de esta manera, la diferencia entre unos y otros nos ilustra acerca de la propia fijación interna de la lengua a lo largo del reinado de Alfonso X. La prosa histórica fue así uno de los géneros en que se puso a prueba la nueva lengua castellana. El impulso de Alfonso X fue decisivo: bajo su égida se parafrasearon fuentes muy diversas; desde la Biblia, hasta autores latinos como Ovidio, pasando por cantares de gesta contemporáneos.