La Casa de Bernarda Alba y Pedro Páramo: tragedia, realismo mágico y estructura narrativa
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La Casa de Bernarda Alba (1935) — Federico García Lorca
La Casa de Bernarda Alba: esta obra de Federico García Lorca, escrita en 1935, pertenece al subgénero de la tragedia dentro del teatro de preguerra, caracterizado por su tendencia rompedora. El intento de reproducir las pasiones y el destino fatal del ser humano, en concreto de la mujer, se plasma en la obra de manera magistral a través del conflicto materno‑filial. Inspirada en un suceso real, desarrolla la lucha entre el principio de autoridad, encarnado en Bernarda, y la libertad, representada por Adela, su hija.
El orden impuesto por Bernarda no puede ser discutido; prueba de ello es la palabra «silencio» que abrirá la obra y que también aparecerá al final y desencadenará el desenlace trágico del suicidio de Adela. Esta visión del poder, interiorizado en la vida privada, será premonitorio de lo que iba a pasar en España.
Su ambientación sigue el canon de Lorca: es rural, andaluza y refleja la España de la época, aunque está centrada en una casa familiar que se representa como un lugar hermético. Igualmente, por un lado, respeta la regla de la existencia de pocos personajes principales, ya que el argumento pierde importancia frente a la presencia de las fuerzas naturales que imponen el dramático desenlace. Y, por otro lado, rompe con la línea de otras tragedias en el hecho de no existir coro.
Características principales
- Tema central: autoridad frente a libertad, conflicto materno‑filial.
- Ambientación: espacio rural y andaluz, casa como espacio hermético.
- Recursos dramáticos: pocos personajes principales, presencia de fuerzas naturales, uso reiterado del motivo «silencio».
- Ruptura formal: ausencia de coro, tensión entre tradición y innovación teatral.
Pedro Páramo (1955) — Juan Rulfo
Pedro Páramo, publicada en 1955, es la confirmación de la nueva tendencia de la literatura hispanoamericana: el realismo mágico. Presenta novedades que la convierten en punto de referencia de la nueva narrativa. En primer lugar, su estructura fragmentaria nos presenta una superposición de datos como recuerdos o alucinaciones de los muertos, y el diálogo de Juan Preciado con Dorotea consigue así una interrelación de historias cuyo eje es Comala y Pedro Páramo.
También es significativo su desdén temporal: la historia de Juan Preciado en Comala se proyecta desde el presente hacia varios momentos del pasado e incluye saltos de un tiempo a otro, creando una gran complejidad de planos narrativos. Además, el narrador aparece en primera persona de Juan Preciado o de muchos muertos, y aparece también en tercera persona como narrador omnisciente. Es tal multiplicidad de perspectivas narrativas que contribuye a difuminar la diferenciación entre lo racional y lo mágico.
Finalmente, la novela incorpora elementos de la tradición mexicana, como la consideración de la muerte como algo cotidiano o creencias populares como la de las almas en pena. Este ambiente sirve para mostrar la soledad y la desesperanza de unos personajes que nunca han logrado materializar sus ilusiones ni tan siquiera a través de la religión.
Características principales
- Estructura: fragmentaria, con superposición de recuerdos y alucinaciones.
- Tiempos narrativos: saltos temporales y multiplicidad de planos narrativos.
- Puntos de vista: mezcla de primera persona (Juan Preciado y difuntos) y tercera persona omnisciente.
- Elementos culturales: tradición mexicana, percepción cotidiana de la muerte y creencias populares.
- Temas: soledad, desesperanza, imposibilidad de realizar las ilusiones personales.
Relación entre ambas obras
Aunque pertenecen a géneros distintos —teatro y novela—, ambas obras comparten la atención sobre el destino trágico de los personajes y la denuncia de estructuras sociales opresoras. La Casa de Bernarda Alba focaliza el conflicto en el ámbito familiar y patriarcal, mientras que Pedro Páramo explora la memoria, la muerte y la fragmentación de la realidad en un ámbito comunitario que remite a la historia y tradición mexicanas.
Conclusión
Ambas piezas son referentes imprescindibles en sus respectivas tradiciones literarias: una, por su depuración teatral y su fuerza trágica; la otra, por su innovación narrativa y su consolidación del realismo mágico en la novela hispanoamericana.