Caravaggio: Baco enfermo (1593) y Baco con copa de vino (1595) — realismo y naturaleza muerta

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Ø Baco enfermo / Joven con frutas (1593)

Las primeras pinturas conocidas de Caravaggio son predominantemente de tema pagano y reflejan aún su formación manierista, con cierta tendencia a las contorsiones. En Baco enfermo se aprecia ya el gusto del autor por el realismo, patente en la vegetación y las frutas que sostiene el personaje, lo que despertó la admiración de sus contemporáneos.

Caravaggio era muy joven cuando realizó esta obra. El óleo representa al dios Baco, patrón de la fiesta de la recolección y del vino. Aparece representado como un mancebo de complexión musculosa y atractiva, pero de piel amarillenta y labios descoloridos. Esto se debe a que el propio pintor se estaba autorretratando como el dios durante su estancia en un hospital: la causa fueron las heridas que le había provocado la coz de un caballo. Durante su convalecencia, y dada la pobreza proverbial de este artista italiano, se utilizó a sí mismo como modelo.

El hecho de que se trate de un autorretrato explica la retorcida postura que adopta el modelo, sentado de lado pero con el rostro vuelto hacia el espectador, la misma pose que debía adoptar el joven ante el espejo para retratarse. La obra fue confiscada en 1607 y el papa Pablo V la donó a su sobrino Scipione Borghese.

Esta representación de Baco está alejada de las pinturas tradicionales. Se trata de una pintura realista que preludia el arte del siglo XIX. Destaca la maestría con la que está tratada la naturaleza muerta.

Ø Baco / Joven con copa de vino (1595)

Caravaggio continúa avanzando en esta obra hacia la naturalidad y la captación espontánea de los modelos. Al igual que ocurría con su Baco enfermo, probablemente nos encontramos ante un autorretrato, con la pose frontal típica del pintor que se mira en el espejo para pintar sus propios rasgos. El modo de representar al dios del vino es un tanto irreverente: Caravaggio renuncia a las dos maneras típicas de pintar a Baco —como un viejo gordo y jovial o como un hermoso joven— para ofrecer una imagen distinta.

Se pinta a sí mismo, con rasgos que distan mucho de la idealización de pinturas del siglo anterior. De este modo parece como si el personaje tan sólo se hubiera disfrazado de Baco, aunque no se trata de un mero disfraz: Caravaggio elige los emblemas de Baco para expresar su propia actitud sibarita. La imagen es de una excelente calidad técnica. Por su sensación de realidad son prodigiosos los objetos representados; el cesto de frutas maduras recuerda otras composiciones del autor, como el Muchacho con cesto de frutas, o el Cesto de la Ambrosiana.

A su habilidad para describir los materiales, que podemos apreciar en la magnífica jarra redonda de vino, Caravaggio añade ese toque de inestabilidad y espontaneidad que podíamos ver en su Muchacho mordido por un lagarto: el joven Baco nos ofrece una copa de vino que casi se vuelca sobre nosotros, haciendo temblar y rizarse la superficie del líquido. Sólo Caravaggio puede ofrecer tal grado de maestría a la hora de retratar la realidad.

Baco fue pintado poco después de que Caravaggio se uniera a la casa de su primer patrón importante, el cardenal Del Monte, y refleja los intereses humanistas del cultivado círculo del cardenal. Parece que el cardenal lo encargó para regalárselo a Fernando I de Medici con ocasión de las celebraciones de las bodas del hijo Cosme II.

La pintura representa a un joven dios Baco, reclinado a la manera clásica con uvas y hojas de parra en el pelo, manoseando el cordel de la floja toga que le cubre. Sobre una mesa de piedra frente a él hay un bol de fruta y una jarra grande de cristal con vino tinto; con su mano izquierda ofrece al espectador un cáliz o copa de vino llana y ancha, aparentemente invitando al observador a unirse a él.

En este cuadro, la androginia del sujeto debe entenderse como unión de los contrarios y, por lo tanto, armonía propia de lo divino. Baco, Dios muerto y resucitado, preanuncia simbólicamente la venida y el sacrificio de Cristo, que ofrece el cáliz de la salvación, como Baco que aquí ofrece el cáliz.

Caravaggio trata temas tradicionales, tanto sacros como profanos, pero no de la manera habitual del Alto Renacimiento y el Manierismo, sino trivializándolos: una deidad pagana se ha transformado en una calavera equívoca, afeminada y de uñas sucias. La fruta y la jarra han llamado más la atención de los expertos que el propio Baco. La fruta, porque la mayor parte de las piezas son incomestibles —lo que, según los críticos más serios, simboliza la fugacidad de las cosas mundanas—; la jarra, porque después de limpiarse la pintura apareció en el vidrio un pequeño retrato del artista trabajando en su caballete.

Notas destacadas

  • Autorretrato: Ambas obras presentan indicios de autorretrato, práctica recurrente en Caravaggio durante su juventud.
  • Técnica: Realismo y tratamiento magistral de los materiales, especialmente en la fruta y el vidrio.
  • Contexto: Relación con el cardenal Del Monte y la fortuna posterior de las obras (Borghese).
  • Simbolismo: La fruta y la jarra aluden a la fugacidad y a símbolos religiosos reinterpretados.
Referencias

Enlaces incluidos en el texto: Baco enfermo, Muchacho con cesto de frutas, Cesto (Ambrosiana).

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