La Caracterización Naturalista y el Reflejo Social en Los Pazos de Ulloa
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Caracterización de Personajes en Los Pazos de Ulloa
La caracterización de los personajes se realiza con una fuerte base fisiológica, de acuerdo con las orientaciones del naturalismo. Los personajes se definen y actúan según su temperamento. Esto explica que los personajes tengan comportamientos estereotipados, poca evolución y escasas contradicciones internas. La novela presenta cuatro temperamentos clave:
- Julián: Linfático.
- Nucha: Histérica.
- Primitivo: Salvaje.
- Sabel: Lujuriosa.
Julián y Nucha: La Moral Católica y la Civilización
Julián y Nucha no son portavoces del progreso y la modernidad, sino que defienden la moral católica y el concepto católico de familia. Son personajes civilizados.
Julián: El Sacerdote Devoto
Julián es un personaje fundamental en la novela. Siente un amor puro y asexuado por Nucha, compatible con la moral católica. Aparece como un modelo de sacerdote católico, puro y devoto, absolutamente entregado a su misión. Es destacable su negativa a intervenir en política. Es un prototipo de masculinidad no machista, de sensibilidad femenina, aunque todos lo consideran heterosexual, ya que le atribuyen relaciones con Sabel o con Nucha.
Nucha: La Mujer Piadosa y Frágil
Nucha es una mujer bondadosa y muy religiosa que acepta casarse con don Pedro por obediencia a su padre, aunque sus verdaderos deseos eran consagrarse a la vida religiosa e ingresar en un convento. De temperamento nervioso e hipersensible, físicamente débil y enfermiza, pero educada y discreta, no podía ser feliz al lado de un hombre de temperamento ignorante y violento (Don Pedro).
Primitivo y Sabel: El Instinto Amoral
Frente a Julián y Nucha, Primitivo y Sabel encarnan un comportamiento amoral e instintivo. Son personajes embrutecidos.
Primitivo: La Astucia Salvaje
Primitivo, cuyo nombre resulta plenamente significativo de su personalidad, posee una “encubierta sagacidad” y una “astucia salvaje, más propia de un piel roja que de un europeo”. El marqués lo apoda “el zorro”. Su físico presenta rasgos animales. En su afán de enriquecerse a toda costa y apoderarse de los pazos, no duda en utilizar a su hija Sabel para seducir y controlar al marqués. No solo quiere enriquecerse a costa del marqués, sino que organiza una estrategia destinada a usurpar a los Ulloa la posesión de los pazos, haciendo que su nieto Perucho se convierta en el heredero del marqués. Nada puede hacerse sin contar con él. Nucha teme que maten a su hija para que el heredero sea Perucho.
Sabel: El Objeto Sexual
Sabel es descrita siempre como un objeto sexual: “un buen pedazo de lozanísima carne”, “frescachona”. Cuando es apaleada por el marqués, su reacción es comparada a la de un animal. Representa la sexualidad instintiva, al margen de toda norma moral. Es una mala hembra y, por ello, simboliza el mal que intenta seducir a Julián.
Las Clases Sociales y su Reflejo Novelesco
Las clases sociales representadas en la obra reflejan la estructura del siglo XIX en España. El clero gobernaba la vida pública y la privada. En esos tiempos, la sociedad era muy machista en todos los sentidos. Había un modelo de esposa que debía escuchar y ser buena con el marido.
El Machismo y la Violencia de Género
El machismo en la obra es evidente en muchos personajes, y en concreto en el Marqués con Sabel, como cuando la amenaza con el arma o la ordena violentamente que le haga la comida. También se manifiesta con Nucha, a quien le dice que es débil y la maltrata físicamente. Aparte de esto, los padres de las mujeres también tenían poder sobre ellas. Esto se puede ejemplificar cuando, tras que el marqués golpee a Sabel, Primitivo, su padre, la obliga a quedarse en la cocina.
El Caciquismo Rural
También es muy importante y destaca el caciquismo rural, que es una forma de gobierno donde un líder político tiene un poder total sobre la sociedad del ámbito rural. En la obra lo representan los personajes Barbacana y Trampeta, que son los caciques.
Contraste entre Clases Altas y Bajas
En esa época, los campesinos y las clases bajas tenían que respetar la ley, la cual condicionaba y controlaba su vida y sus posesiones. Las clases altas y los privilegiados se aprovechaban del pueblo, tratándolos como si fueran animales, para satisfacer sus propios intereses. Esto se puede ver a través de la actitud del Marqués don Pedro que tiene hacia los demás, y también en la de Primitivo.
La Importancia de las Apariencias
En la época, los pecados se pagaban muy caros, por eso la gente de clase alta y con reputación debía evitarlos. También, las apariencias decían mucho de las personas. Un ejemplo a destacar es la aparición de personajes como Limioso. A pesar de que vivía en la ruina total, intenta mantener un nivel social nobiliario y una buena apariencia.