Características y Evolución de la Transición Democrática Española

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La Transición Española y la Constitución de 1978

La transición democrática es el período de transición hacia las instituciones democráticas que tuvo lugar en España entre 1975 y 1982. Esta transición comenzó con la muerte de Franco y la proclamación de Juan Carlos I (1975) como rey y jefe del Estado, lo que supuso, además, la restauración de la monarquía borbónica por tercera vez en la historia de nuestro país. La victoria electoral del PSOE, en 1982, ha sido generalmente aceptada como el momento histórico que marcó el fin de la transición. La llegada de uno de los grandes partidos políticos históricos significaba la definitiva consolidación democrática de España, ya que empezaron a gobernar los herederos políticos de quienes habían perdido en 1939 y habían sido marginados del gobierno durante el Régimen Franquista. Dentro de la transición destaca el quinquenio 1975-1979, una etapa constituyente en la que se diseñó el actual Estado español (Constitución de 1978). Para algunos autores, estos fueron los años en los que se desarrolló la transición democrática.

Características de la Transición

  1. Se trató de una evolución controlada del franquismo hacia la democracia; por tanto, no se produjo una ruptura clara entre ambos sistemas. Tuvo lugar un cambio político sustancial, pues se alteraron las reglas del juego y la legalidad vigente, pero sin reemplazar a quienes ostentaban el poder en la legalidad franquista. Fue, por tanto, una operación a medio camino entre la reforma de un Estado básicamente autoritario y la ruptura que hubiera supuesto la sustitución de la monarquía por otro régimen.
  2. Se considera un ejemplo de los cambios y la madurez alcanzada por la sociedad española en los años 70, cuando el régimen franquista demostró su inadecuación para gobernar un país industrializado y urbanizado. La evolución fue relativamente pacífica y no conllevó reformas económicas y sociales profundas.
  3. Fue fruto de un acuerdo, consenso o pacto entre algunos dirigentes y políticos del antiguo Estado franquista y la oposición, a la que se facilitó la integración en el sistema a cambio de la supresión de los aspectos más radicales de sus respectivos programas (republicanismo, revolución social, independencia de Cataluña y País Vasco, petición de responsabilidades a dirigentes del fascismo por la represión y la vulneración de los derechos humanos).
  4. Aunque se basó en pactos entre políticos, respondió a la presión y movilización popular, que influyó decisivamente para que se produjeran cambios sustanciales. Por tanto, la transición no solo fue resultado de la habilidad de grandes personajes políticos, ni tampoco consecuencia exclusiva de la presión de la masa sobre los dirigentes, sino que mantuvo un equilibrio entre ambos factores.

Evolución de la Transición Democrática

Dos días después de la muerte de Franco, el 22 de noviembre de 1975, era proclamado rey de España Juan Carlos I, iniciándose así un nuevo período político de apertura y democracia para España. Juan Carlos I apostó fuerte por una monarquía democrática parlamentaria, a la que se había de llegar por medio de un programa de reformas realizado desde arriba y desde la legalidad. En un principio no contó con el apoyo ni de la derecha ni de la izquierda, la cual abogaba por una ruptura democrática y pedía la instalación de unas Cortes constituyentes que decidieran sobre el modelo de Estado (monarquía o república). La evolución de los acontecimientos iría imponiendo a unos y a otros la necesidad de alcanzar un consenso.

En este proceso de transición política se distinguen dos períodos:

Período Constituyente: El Primer Gobierno de la Monarquía

Durante esta etapa, el rey, presionado por los poderes fácticos, tuvo que confirmar a Carlos Arias Navarro como presidente del Gobierno y conformarse con nombrar a Fernández Miranda, a quien consideraba el hombre ideal para realizar la reforma democrática deseada, presidente de las Cortes. Carlos Arias se mostró incapaz de realizar los cambios anunciados por el rey y demandados por la oposición de izquierdas, ya que su ideología franquista le impedía realizar dichos cambios. Es por ello que su discurso en las Cortes decepcionó a muchos, pues solo anunciaba tímidas reformas y únicamente se legalizaban dos partidos políticos, lo cual dio pie a una situación de gran inestabilidad —atentados terroristas, los sucesos de Montejurra, las presiones recibidas de la izquierda— que desembocó en la dimisión de Carlos Arias el 1 de julio de 1976.

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