Capilla Sixtina: la bóveda de Miguel Ángel y el inicio del manierismo

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Capilla Sixtina: etapa de madurez e inicio del manierismo

Es la etapa de madurez y de inicio del manierismo.

Datos históricos

La Capilla Sixtina debe su nombre al papa Sixto IV, que la mandó construir a finales del siglo XV. En 1508, Julio II encargó a Miguel Ángel su decoración, pero es el propio Miguel Ángel y no el papa el que estableció el programa iconográfico. Fue novedoso que un autor influyera en el contenido de la obra a realizar.

La bóveda de la Capilla Sixtina

La bóveda de la Capilla Sixtina es una síntesis de arquitectura, escultura y pintura. Las figuras aparecen en actitud de realizar un movimiento que requiere esfuerzo, pero que no es acción con finalidad evidente. No hay uniformidad en la distribución de la luz: cada figura recibe la luz que determina su escorzo; cada figura está, en cierto sentido, aislada.

Características arquitectónicas y dimensiones

La capilla tiene planta rectangular, sin ábside, midiendo 40,94 m de largo por 13,41 m de ancho, siendo su altura de 20,70 m. Está cubierta por una bóveda de cañón truncada con bovedillas laterales que corresponden a las ventanas que iluminan la estancia. La bóveda mide 36 m de longitud por 13 m de anchura.

Técnica y color

  • Está hecha al fresco.
  • Los colores, como se ha descubierto tras su restauración, son brillantes e intensos. La paleta recuerda la de su maestro Ghirlandaio, pero los colores de Miguel Ángel son más claros y transparentes en casi todos los puntos: parecen carecer de sustancia y de textura y no se aprecian las pinceladas. Su efecto podría compararse con el de unos rayos de luz de colores proyectados sobre mármol blanco pulido.

Estructura pictórica y convenciones

Estructura: Miguel Ángel la resuelve con dos tipos de convención pictórica: los elementos arquitectónicos y escultóricos están pintados como si fueran de bulto, tratando de engañar al ojo del espectador situado debajo de la bóveda; y las escenas representadas entre los nervios arquitectónicos están pintadas para que el ojo las perciba como pinturas, aunque igualmente buscando efecto de engaño visual.

  1. Diez arcos fajones simulados dividen la bóveda en nueve tramos sucesivos.
  2. Dos falsas cornisas crean tres registros, el central con rectángulos de dos tamaños diferentes y con las escenas de las historias bíblicas.
  3. En las esquinas de los recuadros se sitúan los ignudi, desnudos que sujetan medallones también con escenas del Antiguo Testamento.
  4. En los lunetos y los triángulos se sitúan los antepasados de Cristo.
  5. Entre los tímpanos y los triángulos se sitúan las cinco sibilas y los siete profetas, que también ocupan los recuadros entre las pechinas de los rincones.
  6. En las pechinas, escenas bíblicas del libro de Esther.

Principios visuales y temáticos

Miguel Ángel enfocó el encargo a la luz de dos grandes principios que habían presidido también la realización de la estatua de «David»: el uso del desnudo como vocabulario básico y la preferencia por el momento de la expectativa sobre la acción. Son imágenes titánicas, de formas rotundas y musculosas.

Pinta más de trescientas figuras con abundancia de desnudos (el hombre entendido como medida de todas las cosas). Es evidente que lo que más interesa a Miguel Ángel es el cuerpo humano. Los fondos paisajísticos son casi inexistentes y el espacio en que se desarrollan las acciones no se concreta.

  • Representa diversidad de actitudes de personajes que proporcionan gran intensidad dramática a la obra; se va abandonando el optimismo renacentista.
  • Predomina el dibujo, con contornos bien marcados que potencian el relieve.
  • Ricas combinaciones cromáticas con tonalidades claras y brillantes en complicada asociación; predominan los colores violeta y verde (colores litúrgicos de la misa).
  • La volumetría se consigue mediante claroscuros.

Conclusión

La bóveda de la Capilla Sixtina constituye un punto de inflexión en la historia del arte: una obra en la que confluyen arquitectura, escultura y pintura, y en la que Miguel Ángel impone un lenguaje visual basado en el cuerpo humano, la monumentalidad y la tensión expresiva que anunciará las vías del manierismo.

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