La Búsqueda de Dios: El Ser Humano y el Testimonio de Jesucristo
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El Ser Humano: Un Camino para Encontrar a Dios
Para reflexionar sobre la existencia de Dios, es necesario acercarse al ser humano. Hoy en día, se tiende a objetivar a la persona como un 'algo' en lugar de un 'alguien', lo que conduce a una devaluación de lo humano. Este desprecio por la vida se manifiesta en dramas terribles como la inmigración y los discursos racistas. Por ello, es preciso observar la vida humana desde otra perspectiva, con otros ojos. Se necesita una antropología que haga justicia a la dignidad humana, con la finalidad de encontrar a Dios y comprender que Él es la mejor posibilidad para la realización personal.
Debemos destacar que el ser humano es un ser inacabado y abierto, consciente de su precariedad, ya que desea sin límite y siempre está insatisfecho. Esto nos otorga un punto de escepticismo ante las cosas y una nostalgia del bien definitivo.
El ser humano, en vez de adaptarse al medio, busca transformarlo; es decir, lo adapta según sus necesidades y deseos. Como afirma Ortega y Gasset: “El ser humano, como todo ser vivo, tiene una vida que hacer, nace en un momento y contexto determinado y se encuentra con una que le es dada, pero que no le es dada hecha”.
Es fundamental tener en mente que el ser humano se distingue de los demás seres vivos en varios aspectos clave:
- Relaciones y vida social: Su forma de relacionarse y construir una sociedad es única.
- Proyecto de vida: Concibe su vida como un proyecto de futuro. Mientras que el animal es solo un actor en su existencia, nosotros somos los autores de nuestra vida, creando proyectos en los que no estamos solos, sino insertos en un contexto social.
Otra característica esencial del ser humano es que se interroga continuamente. No solo se pregunta el “cómo”, sino también el “porqué”. La inteligencia instrumental no le basta; atisba dimensiones para las cuales no tiene respuesta, y de ahí surgen sus preguntas. El ser humano desea alcanzar las últimas razones de por qué las cosas existen, y la razón última de que las cosas existan es Dios.
Jesucristo: El Testigo Fiable de Dios
Para los cristianos, el testimonio de Jesucristo acerca del ser de Dios es el más fiable y luminoso. Jesús es absolutamente creíble; en él, la naturaleza humana se expresa en toda su verdad y en toda su belleza. Su testimonio de Dios como Padre viene sellado con su sangre. Como dijo San Pablo: “Sé de quién me he fiado”. La fe cristiana es la apertura del hombre a la revelación de Dios como Padre por el Mediador, Jesucristo.
La fe en Dios se manifiesta operativa y eficaz porque cumple lo que promete: es verificable en los signos, que son de dos tipos, aunque la palabra “milagro” no hace justicia plena a su contenido.
Los milagros como signos de fe
Los milagros en el Nuevo Testamento acreditan la misión de Jesús. Más que “pruebas” que producen asombro, son “ayudas” para abrirse a la persona de Cristo.
El milagro físico
El milagro físico, que consiste en la suspensión puntual de las leyes de la naturaleza, tiene, sin embargo, una cierta problematicidad, consistente en que puede ser variadamente interpretado. En quien se abre a su persona, dicho milagro confirma su intuición creyente; en quien se cierra, se descalifica el milagro y a su realizador.
El milagro moral
Sin embargo, el milagro moral consiste en la transformación interior de quien se abre al mensaje cristiano, que empieza a establecer un nuevo modo de relación consigo, con sus semejantes y con Dios. Su experiencia de transformación interior, siempre gozosa y sorprendente (es más de lo que humanamente se podría realizar), le testifica de la Verdad acogida. El milagro moral definitivo es el Amor que vence la muerte —amor a Dios y al prójimo, el amor al enemigo—: “Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos”.