Bullying en la adolescencia: perspectivas filosóficas para prevenir el acoso escolar

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Bullying en la adolescencia: reflexiones desde la filosofía

La adolescencia y la intensidad emocional

La adolescencia suele describirse como una etapa de cambios, pero esa palabra se queda corta para explicar la intensidad con la que los jóvenes viven cada situación. En medio de la búsqueda de identidad y de un lugar dentro del grupo, el bullying (acoso escolar) aparece como un problema que atraviesa tanto lo emocional como lo social. No es solo una agresión entre estudiantes, sino un fenómeno que obliga a pensar en cómo convivimos y qué valores guían nuestras acciones. Desde la filosofía, este tema nos lleva a reflexionar, como plantearía Aristóteles, sobre qué condiciones hacen posible una vida en comunidad que favorezca el crecimiento personal sin pisar al otro.

Perspectivas filosóficas

Platón

Platón, en La República, explicaba que las sociedades se corrompen cuando las pasiones dominan por encima de la razón. Algo similar ocurre en el acoso escolar: el agresor no actúa desde el pensamiento reflexivo, sino desde impulsos que buscan imponerse sobre alguien más débil o más aislado. El grupo, al mirar hacia otro lado, termina convirtiéndose en una versión moderna de la caverna platónica: todos ven las sombras (las burlas, los rumores, las risas) como si fueran la realidad, sin cuestionar qué está pasando detrás de ellas.

Nietzsche

Nietzsche, por su parte, permite interpretar este fenómeno desde la necesidad humana de afirmarse. En la adolescencia, esa necesidad se vuelve especialmente fuerte. Pero cuando no se encuentra una forma sana de construir identidad, algunos intentan sentirse superiores humillando a otros. Para Nietzsche, esta actitud no representa una voluntad de poder auténtica, sino más bien lo contrario: una señal de fragilidad interior y de falta de valores propios.

Hannah Arendt

Hannah Arendt ofrece otra perspectiva interesante. Ella sostiene que la responsabilidad individual dentro de un grupo es fundamental. Para Arendt, no actuar ante una injusticia es también una forma de participar en ella. Así, el bullying no solo depende del agresor, sino también del silencio de quienes observan y no intervienen. La adolescencia, por tanto, es un momento decisivo para aprender a actuar con criterio y no simplemente dejarse arrastrar por la mayoría.

Implicaciones para la educación y la convivencia

Pensar el bullying desde la filosofía ayuda a entender que no es un problema menor ni pasajero. Afecta a la construcción de la identidad y a la manera en que aprendemos a relacionarnos. Por eso, la adolescencia debería convertirse en una etapa para educar en el respeto, la empatía y la responsabilidad. Solo así, como proponía Aristóteles, es posible construir comunidades donde cada persona pueda desarrollarse sin necesidad de hacerlo a costa del otro.

Recomendaciones clave

  • Educar en valores: respeto, empatía y responsabilidad.
  • Fomentar la reflexión: promover el pensamiento crítico frente a actitudes de exclusión.
  • Actuar colectivamente: romper el silencio y acompañar a las víctimas.
Conclusión

Integrar la reflexión filosófica en la educación permite reconocer el bullying como un síntoma social y ético. Abordarlo requiere tanto el trabajo individual como el compromiso colectivo para construir entornos escolares más justos y respetuosos.

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