Borges, el Ajedrez y la Metáfora del Espejo: Realidad e Ilusión en 'El Hacedor'

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La Dualidad de la Vida: Ajedrez y Simbolismo

El Ajedrez como Metáfora de la Batalla Existencial

El tablero de ajedrez es la vida, y en ella se juega indefectiblemente una batalla de oposiciones: el blanco y el negro, el bien y el mal.

Los dos colores presentes en este juego son el blanco y el negro. En la batalla serían ejércitos contrarios, los buenos y los malos, donde la ventaja la tiene el que parte, es decir, el blanco, y donde el segundo adopta la postura defensiva para vencer.

Interpretación de 'Los Espejos' (El Hacedor) de Jorge Luis Borges

El poema Los espejos (perteneciente a El hacedor) nos adentra en la infinidad de vidas, caras, bellezas y realidades que un espejo puede reflejar, y cómo todo esto puede quedar grabado en la memoria del propio espejo a lo largo de una vida infinita, que solo podrá ser interrumpida si este se rompiera. Borges va construyendo infinitos reflejos.

Visión Personal y el Horror del Reflejo

En el primer cuarteto se define perfectamente cuál es su visión personal. Nos descubre su horror al darse cuenta de que el cristal absorbe los reflejos de las personas que se miran en él y los guarda de una manera monstruosa.

La Ilusión y la Mentira del Cristal

Continúa en el siguiente cuarteto dando una nueva imagen reflejada. Se habla en ella de la ilusión de recrearse en uno mismo frente al espejo porque no somos nosotros y, mediante la metáfora del ave y su aleteo, que puede forzar el movimiento del cristal, nos descubre esa mentira que tiembla insegura.

El Marco: Riqueza Ilusoria y Materialidad

En el siguiente cuarteto, el espejo se complementa con algo tan simple como un marco de madera, pero no un marco cualquiera. El ébano es un tipo de madera muy cara y, al igual que la belleza, la riqueza es ilusoria. Es ornamento puro y, en el fondo, es solo eso: algo material que no nos define como persona.

El Crepúsculo de la Vida

En cualquier momento podremos ver nuestra imagen distorsionada como si, en vez de cristal, nos quisiéramos reflejar en una lámina de metal. Redunda el poeta en la idea de que en el crepúsculo de nuestra vida, pasados los años, nos daremos cuenta de que la riqueza, el caoba, no evitará nuestra muerte.

La Ceguera y la Infinitud de Rostros

El siguiente cuarteto describe que son infinitos los rostros que se reflejan en este espejo. Somos ciegos en vida y somos conscientes de ello.

Soledad, Realidad e Irrealidad

El espejo como metáfora de la vida se va desarrollando. La soledad nos envuelve y la alcoba es como una celda implacable. Lo único que nos mantiene cuerdos es nuestro propio reflejo cada mañana. En su momento, nosotros y nuestro reflejo seremos uno mismo y no diferenciaremos entre realidad e irrealidad.

Dios, la Luz y la Noche

El poeta recurre a la idea de un Dios todopoderoso que ha creado la luz, el día como metáfora de la verdad, de la realidad, pero transparente. Y al mismo tiempo ha creado su reflejo, la noche, como metáfora de que todo es sueño, que nada es real de verdad, como si fuera la otra cara de la moneda.

Dios ha creado un juego en el que el hombre acepta su reflejo como parte de sí mismo, como si fuese un ser simple, insustancial y vacío. Lo real y lo irreal se mezcla en este poema como reflejo de un espejo, creando una sensación de intranquilidad, de tristeza e incluso de derrota en el lector.

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