Belleza y Gusto: La Fundamentación del Juicio Estético según Platón y Hume

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Introducción a la Fundamentación del Juicio Estético

El ser humano es un ser que juzga, esto es, que emite juicios sobre lo que le rodea. Entre esos juicios, podemos distinguir uno de carácter especial: el juicio estético. En él relacionamos un objeto con una cualidad estética, apelando desde luego a nuestra experiencia subjetiva, pero, como hemos visto, con ciertas pretensiones de objetividad. Podemos emitir un juicio estético sobre cualquier objeto. Igualmente, cabe considerar que no todo lo que podamos decir sobre una obra de arte es un juicio estético.

¿Qué nos da derecho a decir que «esto es bello» o «esto es feo»?

Platón: Eros y la Belleza Ideal

Platón trata el problema de la belleza en conexión con el del deseo (en griego, eros). El deseo implica la aspiración a algo que no se tiene, pero cuya falta se siente. Hay por ello una relación entre el deseo y la filosofía, ya que filósofo es también aquel que aspira a algo que no tiene.

Lo que el deseo aspira es la belleza. El deseo de belleza lleva a los hombres a buscarla en lo que les es más inmediato, en lo que tienen más a mano: en los cuerpos bellos. Pero la belleza no se da en ellos de modo puro. Por ello, el deseo no se siente satisfecho y busca la belleza en el alma de los hombres, y en las producciones de esta: en sus acciones, en las instituciones y en las leyes, luego en las ciencias. Finalmente se verá conducido ante la «belleza en sí», lo que Platón llama la «idea de belleza», donde la belleza se encuentra en estado puro, sin mezclarse con ninguna otra cosa.

La belleza tiene una realidad objetiva, es una de las ideas que integran el mundo inteligible, en el que reside la auténtica realidad (frente al mundo sensible, reino de las apariencias). Dado que la belleza existe como realidad en sí, el juicio estético tiene un fundamento objetivo. Podremos calificar algo de bello en la medida en que sea una representación de la belleza en sí. Aunque, por otro lado, ni en el mundo natural, ni en el de los productos humanos podamos encontrar nada enteramente bello.

Hume: La Norma del Gusto y la Experiencia

Para Hume, el juicio estético emana de las sensaciones que las cosas nos provocan, siendo todo sentimiento, en este contexto, verdadero y válido.

El gusto es una cuestión de sentimientos y no de hechos. Todo sentimiento es verdadero, porque no hace referencia a nada fuera de nosotros, sino solo a cómo somos afectados.

Hume sostiene que los gustos no son tan subjetivos como pudiera parecer. Nos muestra que es más fácil llegar a acuerdos en cuestión de gustos que en cuestiones científicas o filosóficas.

Hay que suponer entonces que existe cierto sentido del gusto compartido entre los seres humanos. Y, por tanto, tiene que haber también un criterio de lo que es de buen o de mal gusto, bello o feo. Ese criterio solo puede proceder para Hume (el más destacado representante del empirismo) de la experiencia. Aquello que ha sido experimentado por individuos con buen gusto como bello ha de ser considerado bello. Y por lo general encontramos belleza allí donde hay un cierto orden de las partes en la constitución de los objetos que produce en nosotros placer y satisfacción.

No todos los individuos tienen buen gusto.

¿Qué se requiere para poder ser considerado competente en cuestiones de gusto?

Según Hume, se requiere:

  • Un juicio sólido.
  • Un sentimiento delicado.
  • Mejorado por la práctica.
  • Perfeccionado por la comparación.
  • Y libre de todo prejuicio.

La delicadeza consiste en que los órganos de los sentidos sean sutiles, de modo que no se les escape ningún detalle, y exactos, para percibir con claridad cada uno de los elementos que componen el conjunto. Los juicios emitidos por quienes reúnan estas cualidades son los que han de ser tenidos como normas del gusto.

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