La banalidad del mal: La psicología de Adolf Eichmann según Hannah Arendt

Enviado por Chuletator online y clasificado en Psicología y Sociología

Escrito el en español con un tamaño de 2,33 KB

La memoria selectiva y la falta de conciencia de Eichmann

b) 2p, Arendt relata cómo Eichmann parecía tener una memoria dubitativa acerca de lo que pasó, llegando a exasperar al juez porque no recuerda las conversaciones que tuvieron acerca de los distintos modos de matar. Sí que recuerda los momentos cruciales de su carrera, que le hacen sentirse orgulloso y satisfecho, pero dichos momentos no coinciden con hechos clave de la historia del exterminio; por eso los jueces no podían apelar a su conciencia: Eichmann no se sentía mal por lo que hizo porque sus recuerdos se acompañaban de una sensación de satisfacción.

El juicio y la personalidad de un perpetrador insignificante

La dificultad de juzgar a Eichmann

c) 1p, Arendt examina la posición de Eichmann en el juicio por el que se decidirá su condena a muerte. Para juzgarle o defenderle, había que tomarlo en serio, dice la autora, pero eso resulta difícil, pues cuesta entender cómo alguien tan insignificante pudo cometer crímenes tan horrendos. Lo más fácil era pensar que era sumamente inteligente y manipulador, pero según Arendt era evidente que no lo era.

Contradicciones y conducta en el estrado

El propio Eichmann destacaba entre sus cualidades el decir siempre la verdad y señalaba la importancia de que los historiadores fueran objetivos y fieles a la verdad, lo que mostraba bastante ignorancia y desmemoria respecto a lo que sucedió de verdad, si no estaba relacionado directamente con su trabajo.

2p, Arendt, tras un examen detallado de la conducta, el testimonio y la personalidad de Eichmann, observa que, aunque el fiscal pretendió mostrarlo como un monstruo, claramente no lo era; más bien, dice Arendt, parecía un payaso, aunque sus payasadas no se tuvieran en cuenta dada la gravedad de los hechos. Se contradecía constantemente:

  • Afirmaba haber aprendido que no se debe jurar y, cuando se le ofrece testificar con o sin juramento, prefiere hacerlo bajo juramento.
  • Aseguraba que lo peor que se podía hacer era escapar a sus responsabilidades, pero luego presentó un manuscrito con súplica de clemencia.

Parecía que todo dependía de su estado de ánimo. Se agarraba a frases consoladoras y no se daba cuenta de que caía en contradicciones.

Entradas relacionadas: