Aventuras en Barcelona y la derrota de Don Quijote ante el Caballero de la Blanca Luna
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Capítulo 22: Estancia en Barcelona y el enigma de la cabeza encantada
En casa de don Antonio Moreno, don Quijote y Sancho pasaron unos días. El primer día, después de comer, don Antonio les enseñó un busto que, según él, respondía a todo lo que se le preguntase.
Después de esto, don Quijote, Sancho y don Antonio salieron a dar una vuelta y, sin que don Quijote se diese cuenta, le pusieron en su espalda un cartel que decía: "Este es don Quijote de la Mancha". Don Quijote, al ver que todo el mundo le conocía, se puso muy contento, ya que se demostraba así que era un hombre conocido por sus aventuras.
La fiesta y el secreto del busto
Por la noche, en una fiesta a la que asistieron dos muchachas, sacaron a bailar a don Quijote y este, tras un rato bailando, acabó agotado. Al día siguiente, don Quijote y sus amigos fueron a la sala del busto a hacerle preguntas. Lo que ellos no sabían era que el busto hablaba porque, conectado a él, había un tubo por el que llegaba la voz del sobrino de Antonio, quien, sabiendo quién estaba junto al busto, respondía mediante conjeturas.
A los pocos días, don Antonio tuvo que dejar la broma, ya que, de lo contrario, la Inquisición le castigaría.
Visita a la imprenta y el encuentro en las galeras
Don Quijote visitó una imprenta y vio cómo en ella estaban corrigiendo el libro de Avellaneda, al que criticó diciendo que era totalmente falso.
Al día siguiente, don Quijote y Sancho fueron a ver las galeras. Ambos pudieron asistir a una persecución en donde fue capturado un bergantín de corsarios de Argel. Cuando ya habían apresado este barco, decidieron colgar al capitán; pero, al ver que era una mujer, le pidieron explicaciones.
La historia de Doña Ana Félix
Doña Ana iba en busca del tesoro de su padre. Ana se había visto obligada a dar noticia de su tesoro al rey de Berbería, el cual tenía apresado a su prometido, don Gaspar Gregorio, quien para ocultarse se había disfrazado de mujer. Doña Ana se había visto obligada a ir en esa nave con los moriscos que habían matado a los dos españoles, por lo que ella no tenía ninguna culpa.
El virrey, que estaba allí presente, decidió perdonar la vida a doña Ana. Entonces apareció su padre, Ricote (el amigo de Sancho), y el virrey pidió a don Antonio que alojara a doña Ana y a Ricote mientras mandaba a buscar a su prometido a Argel.
Capítulo 23: El duelo con el Caballero de la Blanca Luna y el regreso
Un día, mientras don Quijote paseaba armado por la playa, se encontró a un hombre que se llamaba el Caballero de la Blanca Luna. Este quería luchar con don Quijote para hacerle confesar que su dama era más bella que Dulcinea.
El pacto del duelo
El trato era el siguiente:
- Si don Quijote perdía, debería admitir que su dama no era la más hermosa y tendría que permanecer un año en su casa.
- Si don Quijote vencía, sería él quien decidiera acerca de la vida del otro caballero y se quedaría con sus armas, fama y caballo.
La derrota de Don Quijote
En la batalla, don Quijote salió derrotado y humillado frente al Caballero de la Blanca Luna. Don Quijote se vio obligado a cumplir su palabra y dijo que se retiraría un año de la caballería, pero reafirmó que su dama era la más bella del mundo. Después de la batalla, el Caballero de la Blanca Luna se marchó.
Don Antonio, que había perseguido al Caballero de la Blanca Luna hasta un mesón, descubrió que en realidad era el bachiller Sansón Carrasco, que quería que don Quijote volviese a casa a curarse de su locura.
El camino de vuelta a la aldea
A los pocos días, don Quijote y Sancho volvían a su pueblo, ya que debían cumplir su palabra. Don Quijote iba a caballo y Sancho andando, ya que el asno llevaba las armas de su señor.
De camino, Sancho se quejó durante unos cuantos días de tener que ir caminando porque las armas las tenía que llevar su asno. Sancho sugirió que deberían colgar las armas en un árbol para poder así aligerar peso. Don Quijote se negó, ya que, según él, las armas no le habían hecho ningún mal servicio.
El ingenio de Sancho ante los vecinos
Al cabo de unos días, encontraron a dos vecinos que se habían retado en una carrera, solo que uno era excesivamente más gordo que el otro. El gordo le exigía al delgado que se pusiera peso en el cuerpo para igualar sus condiciones. Sancho, al oír esto, dijo que por qué el gordo no adelgazaba hasta pesar lo mismo que el flaco. Sancho lo solucionó todo de manera que, al final, no hubo carrera.