Las aventuras y el fin de Alonso Quijano
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La aventura del rebuzno
Al entrar en la venta, Don Quijote (DQ) preguntó al ventero por el hombre de las lanzas. Al saber que estaba en las caballerizas, corrió a que le contase las maravillas prometidas. El hombre de las lanzas pidió primero alimentar al mulo antes de contar la historia. DQ le ayudó, lo que le obligó a contarle de buena gana lo prometido.
Relató la historia de dos regidores que perdieron sus asnos. Uno vio el asno del otro en el monte, pero este huyó. Decidieron buscarlo juntos y se les ocurrió rebuznar para atraerlo. Ambos tenían grandes dotes para ello. Se separaron y rebuznaron casi al mismo tiempo, acudiendo engañados por el rebuzno del otro. Esto se repitió varias veces hasta que acordaron rebuznar dos veces. Sin embargo, encontraron al animal devorado por los lobos.
Volvieron a sus aldeas y contaron lo ocurrido, exagerando la calidad del rebuzno del otro. La historia llegó a otras aldeas, donde ahora se burlan de ellos rebuznando. Por eso, al día siguiente se enfrentarían al pueblo vecino y habían comprado las lanzas.
DQ y Sancho (S) salieron de la venta y se dirigieron al río Ebro. Tras tres días, oyeron tambores. DQ pensó que eran soldados y se acercó. Vio a 200 hombres armados y una bandera con un burro rebuznando y la frase: "No rebuznarán en balde el uno y el otro alcalde".
DQ intentó evitar la batalla, diciendo que no había que matar por un mote. Sancho, tras unas palabras, comenzó a rebuznar. Uno del ejército creyó que se burlaba y le golpeó en la cabeza. DQ intentó defenderlo, pero todos se opusieron. Dio la vuelta y se alejó galopando en Rocinante. Los atacantes montaron a S en su jumento y le dejaron seguir a Rocinante. Luego, esperaron al otro pueblo, pero no aparecieron y volvieron alegres a casa.
Regreso a la aldea y la muerte de DQ
De camino a su aldea, DQ iba pensativo por su derrota y S descontento porque Altisidora no le había dado las camisas prometidas. DQ le dijo que le pagaría el desencanto de Dulcinea, que pusiera precio. S dijo que esa noche comenzaría la disciplina. Se retiró a azotarse, pero en lugar de hacerlo en la espalda, lo hacía en los árboles.
Al día siguiente, entraron en un mesón, que DQ vio como tal y no como castillo, ya que había sido vencido. Entró un viajero a caballo llamado Álvaro Tarfe, quien dijo haber conocido a DQ y S y haberlos llevado a Zaragoza. DQ y S demostraron con las gracias de S que ellos eran DQ y S y que nunca habían estado en Zaragoza, sino que habían pasado de largo hasta Barcelona.
Entraron en su aldea acompañados del bachiller Sansón Carrasco, el cura y un grupo de muchachos. Llegaron a casa de DQ, donde su sobrina y el ama esperaban. También estaban Teresa Panza y Sanchica, su hija.
DQ contó al cura y al bachiller su derrota y que no podría salir de su aldea en un año. Pensaba ser pastor: él sería el pastor Quijótiz, el bachiller Carrasco, el cura Curiambo y Panza, Pancino. El cura y el bachiller esperaban que se curase en ese año, aunque aceptaron ser sus compañeros pastoriles.
Su sobrina y el ama no estaban contentas con que se hiciera pastor y le dijeron que se quedase en casa. DQ no hizo caso y pidió ir a su cama porque estaba enfermo. Tuvo una calentura que lo mantuvo seis días en cama y nada lo conseguía alegrar. S, el cura y el bachiller lo visitaban mucho.
Llamaron a un médico, quien dijo que no le quedaba mucha vida. Todos comenzaron a llorar. DQ dijo que quería dormir un poco. Al despertar, dijo que Dios le había devuelto el juicio que perdió por los libros de caballerías y que se sentía al borde de la muerte. Pidió que llamasen a sus amigos para confesarse y hacer testamento, pues no quería dejar fama de loco.
Cuando entraron sus amigos, dijo que ya no era DQ, sino Alonso Quijano, y que maldecía las novelas de caballería. Ni con la noticia del desencanto de Dulcinea volvía a ser DQ. Llegó el cura y lo confesó, luego el bachiller con el escribano. DQ hizo su testamento, dejando puesto que se pagase a S lo que le debía. Pidió disculpas a S por hacerlo parecer loco como él, y S le pidió que no muriese, que saliesen al campo.
DQ dejó su herencia a su sobrina, que pagasen a su ama y 20 ducados para un vestido. Mandó que si su sobrina se casaba, lo hiciese con alguien que no supiese de libros de caballerías. DQ sufría desmayos a menudo. Tras recibir los sacramentos, DQ murió. El cura pidió al escribano que diese noticias de su muerte para que ningún autor lo resucitase. En su epitafio, hacían referencia a su vida de loco y su muerte cuerda.