Astronomía y astrología en la Mesopotamia antigua: zigurats, calendarios y legado científico
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Astronomía en Mesopotamia
Contexto histórico
Con la decadencia de Egipto se produjo un importante desarrollo en Mesopotamia y se realizaron grandes construcciones. Cerca del 1800 a. C. llegó el auge de la cultura en Babilonia. En el 1755 a. C. surgió el Código de Hammurabi, sobre derecho penal y mercantil.
Se conocen datos que implican una relación cultural entre Egipto y Mesopotamia: se trata de una estela del rey Djet, datada en el 2370 a. C. y encontrada en el desierto arábigo, que atestigua la antigüedad de los contactos entre egipcios y mesopotámicos.
Observatorios y zigurats
En la limpia atmósfera de Mesopotamia la astrología tomó una forma parecida a la de nuestros tiempos. Hace más de cinco mil años que los sacerdotes-astrólogos de Babilonia se ocuparon en conocer el cielo e identificar a todas las estrellas visibles del firmamento; para ello construyeron observatorios en la llanura que se denominaban zigurats. Existen este tipo de monumentos que datan desde el 2600 a. C., como el que se muestra en la imagen.
Tablillas y registros
Aparecieron unas tablillas de la biblioteca de Nínive que tratan de astronomía y astrología babilónicas y caldeas. También registraron en ellas el paso del cometa Halley en el año 164 a. C.
Calendario y ciclos lunares
Empleaban un calendario solilunar con doce o trece meses de 29,5 días. Estos meses comenzaban con la visión del primer perfil del creciente lunar. El año babilónico comenzaba con la llegada de la primavera. Conocían, por supuesto, a cada uno de los planetas y sus ciclos.
Otro ciclo observado por los babilonios era el derivado de la Luna. Este ciclo fue quizás el más importante y utilizado. El ciclo lunar de 28 días estaba partido en cuatro, que se corresponde con las cuatro fases de la Luna: nueva, creciente, llena y menguante. Estos cuatro momentos temporales señalan los puntos críticos del mes lunar.
Eclipses, ciclos Saros y el sistema sexagesimal
Un fenómeno astronómico que no se les escapó fueron los eclipses. El conocimiento sobre los eclipses llegó a ser utilizado como un arma; más tarde tendrían ese mismo uso en Grecia. Los babilonios conocían un ritmo superior conocido como los ciclos Saros, que quiere decir ciclos repetitivos, pero para ello necesitaban medir el cielo.
Calcularon cuántas lunas o cuántos soles entraban en la medida del cielo y hallaron 360 pasos o espacios en el cielo. De esta medida celeste procede la división de la circunferencia en 360º y todo el sistema sexagesimal.
Astronomía, religión y legado
En esos tiempos, matemática, astronomía y religión formaban un solo cuerpo de conocimiento. La astrología era la síntesis de esta trilogía. Para este pueblo antiguo existía una relación entre la vida humana y la posición de los astros en el momento del nacimiento; por ello era preciso conocer cuál era el astro que salía en el instante del nacimiento.
Aquí nació una astronomía de posición: los babilonios no buscaban una explicación geométrica, como después harían los griegos, sino una clave que les permitiera encontrar de manera mecánica la posición de un cuerpo celeste en un momento dado. De aquí nació el uso de las efemérides; por eso se afirma que la astronomía mesopotámica era ante todo astrológica, aritmética y posicional. Los conocimientos de los caldeos se extendieron más tarde hacia los griegos.