El Ascenso del Fascismo y Nazismo: Causas de la Crisis Democrática en Entreguerras
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El Colapso de la Democracia Liberal en el Periodo de Entreguerras (1919-1939)
Antecedentes y Contexto del Surgimiento del Fascismo
Tras la Primera Guerra Mundial, la sociedad europea experimentó una profunda crisis. La brutalidad del conflicto había normalizado la violencia, y la frustración generalizada por los resultados de la guerra minó la confianza en los sistemas políticos tradicionales.
- Crisis de los Partidos Tradicionales: Los partidos liberales y conservadores entraron en declive, siendo reemplazados por partidos de masas. Estos nuevos movimientos se caracterizaban por la figura de un líder carismático al que se debía seguir incondicionalmente.
- El Totalitarismo y las Masas: La Revolución Comunista en Rusia demostró el poder de la movilización de masas. Los nuevos sistemas totalitarios (como el que surgiría en Italia) se apoyaron en esta dinámica, contrastando fuertemente con los sistemas parlamentarios previos.
El Fascismo en Italia: Frustración y Nacionalismo
El fascismo aparece en Italia, un país que, históricamente, había tenido una débil tradición democrática, siendo una nación recientemente unificada bajo un movimiento nacionalista monárquico.
La Monarquía de Víctor Manuel III y el Conflicto Territorial
La unificación italiana se había consolidado bajo la monarquía de Víctor Manuel III, quien se apoderó de los Estados Pontificios, generando un conflicto duradero con la Iglesia. Italia, deseosa de crear un Imperio, se alineó con los vencedores de la Gran Guerra, pero se sintió traicionada por los acuerdos de paz.
En el reparto territorial, la mayor parte de las ganancias se las llevaron Francia y Gran Bretaña. A Italia se le había prometido el Trentino, Trieste, Istria y Dalmacia. Sin embargo, para evitar mayores tensiones, las potencias aliadas incumplieron sus promesas, dejando a Italia de lado. Esta frustración alimentó un fuerte sentimiento nacionalista.
El Miedo al Comunismo
En el norte de Italia, la agitación social se tradujo en un auge del comunismo. La burguesía italiana se alarmó ante la ocupación de fincas y tierras, creando un caldo de cultivo para el surgimiento de movimientos de extrema derecha que prometían orden y represión contra la amenaza roja.
El Nazismo en Alemania: La Ideología de la Derrota
Alemania, tras ser derrotada en 1918, se convirtió en el escenario del surgimiento del nazismo, una ideología profundamente arraigada en el sentimiento de humillación nacional. Desde 1919, surgieron brotes revolucionarios, como los movimientos espartaquistas y de «bandera roja» en Múnich.
El Miedo al Comunismo y la Leyenda de la Traición
La derecha alemana (burguesía, aristocracia y élites militares) temía profundamente el ascenso del comunismo. La derrota militar fue explicada a la población mediante la Leyenda de la Puñalada por la Espalda (Dolchstoßlegende), que sostenía que el ejército no había sido vencido en el campo de batalla, sino traicionado por elementos internos (socialistas, comunistas y judíos).
La realidad de la derrota se debía a múltiples factores:
- Agotamiento de recursos humanos en el frente.
- Sublevaciones internas y deserciones masivas.
- La entrada de Estados Unidos en la guerra (tras el hundimiento de un barco por error), que aportó un millón de soldados frescos.
Ante la inminente aniquilación, los generales alemanes pactaron con los socialistas: los militares depondrían al emperador, y los socialistas se encargarían de sofocar el pensamiento revolucionario de izquierda.
La República de Weimar y la Represión
Los socialdemócratas establecieron la República de Weimar. Sin embargo, para muchos alemanes frustrados, esta república era vista como la encarnación de la traición y la consecuencia directa de la derrota, sirviendo de excusa perfecta para el crecimiento del nacionalismo revanchista.
El gobierno socialista, liderado por Friedrich Ebert, reprimió violentamente el movimiento espartaquista. Los espartaquistas intentaron una revolución contra la República de Weimar, pero fueron asesinados sin juicio por la policía dirigida por Gustav Noske, demostrando la brutalidad con la que la propia república naciente actuaba contra la extrema izquierda.
A pesar de la inestabilidad, la mayoría del pueblo alemán que participaba en la República de Weimar continuó votando por los partidos socialdemócratas y liberales en las primeras elecciones.