Ascenso del Fascismo Italiano y la Depresión de los Años Treinta

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El Fascismo Italiano: Orígenes y Consolidación

El **fascismo** se definió también por su **antiparlementarismo**, su **antimarxismo** y su **anticapitalismo**. Se culpaba a la democracia liberal de todos los males de la sociedad. Pretendía ciertas reformas sociales, para atraer a las clases medias, al proletariado y al campesinado, amenazados por el paro y los bajos salarios. El anticapitalismo inicial se vio suavizado por el apoyo financiero que los grandes empresarios proporcionaron al fascismo. La utilización de fuerzas paramilitares tenía como objetivo crear un clima de violencia y desorden que propiciara el ascenso al poder del Partido Fascista. El partido fascista era el único; su organización se confundió con la estructura del estado. Controlaba la propaganda, los medios de comunicación y la educación, con el fin de unir a las masas en la exaltación del régimen político impuesto.

Consolidación del Poder Fascista en Italia

En 1922, una huelga general promovida por los grupos de izquierda sirvió de pretexto a B. Mussolini para preparar su subida al poder y se hizo la marcha sobre Roma. Víctor Manuel III, contando con el apoyo del ejército, le nombró jefe del gobierno en octubre de 1922. Mussolini respetó aparentemente las formas democráticas, hasta las elecciones de 1924, en las que los fascistas obtuvieron la mayoría absoluta gracias al fraude y la violencia. Las denuncias fueron silenciadas con el asesinato del diputado socialista Matteoti, que desató un gran escándalo y marcó el inicio de la dictadura fascista. Se inició la organización de un estado totalitario, liderado por B. Mussolini, el *Duce*, caudillo absoluto. Se prohibieron los sindicatos, los partidos políticos y las libertades individuales; se creó una policía política.

Política Económica y Social del Fascismo

En el terreno económico, el régimen buscó la autosuficiencia, poniendo en práctica una política económica **autárquica**. Se iniciaron las llamadas *batallas económicas*, para incrementar la producción y autoabastecerse, evitando recurrir a las importaciones. Por otra parte, también se intentó absorber el paro, con la construcción de numerosas infraestructuras. Se reforzó una economía autárquica y se tomaron iniciativas en la mayoría de las actividades productivas, como la creación de un organismo para potenciar la industria. La política social se caracterizó por el **corporativismo**. El estado obligó a que empresarios y trabajadores... El control social también se llevó a cabo mediante la creación de distintas organizaciones que educaban al individuo en la doctrina fascista, desde los cuatro años hasta el final de su vida.

La Depresión Económica de los Años Treinta

La caída de la Bolsa de Nueva York en 1929 fue el punto de partida de una gran crisis económica mundial. Afectó a todos los países, a todos los sectores económicos, a todas las clases sociales. La catástrofe no solo adquirió dimensiones económicas y sociales, sino también emocionales e ideológicas, y desintegró la confianza en el modelo de la prosperidad y favoreció el ascenso del nazismo, que condujo a la Segunda Guerra Mundial.

El Crac de 1929

La crisis bursátil sorprendió a una sociedad sumergida en el optimismo de la aparente prosperidad. En la fase expansiva de los años veinte, el volumen de inversiones fue muy elevado, gracias al incremento de la productividad y la moderación de los salarios. Pero esta situación, ayudada por las elevadas tasas de paro, provocó que la producción fuera superior a la demanda. Las posibilidades de invertir en una actividad productiva rentable eran escasas, por lo que los inversores derivaron a la especulación bursátil. El precario equilibrio entre la bolsa y la realidad provocó el hundimiento de la Bolsa de Nueva York. El 24 de octubre de 1929, llamado **jueves negro**, se puso a la venta un número excesivamente alto de acciones. Las acciones bajaron de precio y una ola de pánico invadió a los inversores, que empezaron a vender y, por tanto, la cotización de las acciones descendió en picado. La crisis bursátil continuó hasta 1933 y provocó la ruina de millones de grandes y pequeños inversionistas.

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