Ascenso y Caída de los Triunviratos en la Antigua Roma

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El Primer Triunvirato

Pompeyo, César y Craso firmaron un pacto político conocido como el primer triunvirato (60-53 a.C.). César era el representante del partido popular y Craso pertenecía al orden ecuestre. César, como cónsul, se reservó el gobierno de la Galia, lo que le permitió conquistar la Galia independiente. Pompeyo vio confirmada su política en Oriente.

Su triunvirato se consolidó y renovó en el 56 a.C. con nuevos poderes:

  • A César se le prorrogó por varios años el gobierno de las Galias.
  • Pompeyo y Craso fueron cónsules y, al acabar el consulado, recibieron por cinco años el gobierno de Hispania y Siria.

El fin de la alianza y la guerra civil

El triunvirato llegó a su fin tras la muerte de Craso en una campaña contra los partos. Quedaron César y Pompeyo, incapaces de repartirse el poder, lo que generó una rivalidad que terminó con la muerte de uno de ellos. Pompeyo convenció al Senado para que obligase a César a dejar todos sus poderes. César se negó y cruzó el Rubicón.

César tomó posesión de toda Italia, lo que forzó a Pompeyo a marchar a Grecia. César se dirigió a Hispania, donde deshizo el ejército de Pompeyo, y luego a Grecia, donde lo derrotó en la batalla de Farsalia. Pompeyo huyó a Egipto y fue asesinado. Después de su muerte, sus partidarios y aliados siguieron con la guerra, pero César venció al rey del Ponto, que había sublevado a Asia.

El Segundo Triunvirato

La mayoría de los ciudadanos de Roma deseaban la paz y un gobierno fuerte para imponer sus decisiones. El asesinato de César tuvo como consecuencia el inicio de un periodo de luchas intestinas. El Senado pronunció su intento de recuperar el poder y declaró la guerra.

Se buscó la complicidad de Octavio y Marco Antonio, quienes, deseosos del poder supremo, se aliaron para vencer a sus enemigos comunes y, junto a Lépido, formaron el segundo triunvirato. Los senadores más ilustres fueron desterrados y Bruto y Casio fueron vencidos en Filipos.

El ascenso de Octavio

Octavio y Antonio se pusieron de acuerdo en el reparto del poder. Sin embargo, Octavio, con su poder en las provincias occidentales, se aprovechó de los errores de Marco Antonio y le declaró la guerra. La lucha fue corta: Marco Antonio, vencido en la batalla de Accio, se suicidó en Egipto. Ese territorio independiente fue reducido a provincia romana y Lépido ya había sido desprovisto de sus poderes.

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