Articulación entre Fe y Razón en Santo Tomás de Aquino: Principios Fundamentales

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En Santo Tomás, las relaciones entre la Fe y la Razón se articulan en base a cuatro puntos esenciales:

I. Neta Distinción entre la Fe y la Razón

Para Tomás de Aquino, la Razón y la Fe son diferentes por su origen, acto, objeto y modo de proceder.

  • La Razón:
    • Llega a la verdad por medio de las evidencias sensibles.
    • Tiene su origen en la naturaleza.
    • Su objeto de estudio son los seres sensibles.
    • Su modo de proceder es de abajo arriba, parte de los seres sensibles para llegar a Dios (ejemplo: las cinco vías).
  • La Fe:
    • Es un acto de asentimiento a la verdad por medio de la gracia de Dios.
    • Tiene su origen en la revelación divina.
    • Su objeto de estudio son los seres sobrenaturales y, en última instancia, la esencia de Dios.
    • Su modo de proceder es de arriba abajo, es decir, de Dios a los seres naturales, sus criaturas.

En este sentido, podemos afirmar que existen verdades propias de la razón (las verdades naturales, como las Matemáticas, la Lógica, la Biología, la Técnica…) y verdades propias y exclusivas de la fe (las verdades reveladas).

II. Teoría de la Doble Verdad en Tomás de Aquino

Frente a la teoría de la doble verdad del averroísmo latino (que sostenía que existen dos verdades, de razón y de fe, contradictorias e incompatibles entre sí), Tomás de Aquino afirma que la verdad es una, aunque haya dos modos de acceder a ella:

a) Verdades Divinas Accesibles a la Razón

Son los “preámbulos de fe” (la existencia del alma, la existencia de Dios, la creación del mundo por Dios). La razón por sí sola puede acceder a ellas. Así lo demuestran las pruebas de la existencia de Dios (cinco vías), las cuales parten de la experiencia sensible para llegar a Dios como conclusión. La razón posee autonomía, pero esta es limitada.

b) Verdades Divinas Inaccesibles a la Razón

Son los “artículos de fe” o dogmas de fe (el misterio de la Trinidad, el de la Encarnación). Estas verdades son exclusivas de la Fe, verdades teológicas reveladas. La esencia de Dios, en tanto que ser sobrenatural y absolutamente perfecto, no puede ser conocida por la razón porque Dios ni es un ser sensible, ni se deduce de los seres sensibles. Sólo a través de la revelación podemos conocer a Dios.

III. No Contradicción entre Fe y Razón

Si LA VERDAD ES UNA, aunque haya dos modos de acceder a ella (la Fe y la Razón), y si la Fe y la Razón son dones de Dios, que ha puesto en nosotros sus principios, no es posible que entren en contradicción. Si la razón llegase a verdades contrarias a la Fe, debería concluir que se ha equivocado y revisar sus razonamientos. Ello significa que la Fe es el último criterio de verdad y supone una superación de los conocimientos racionales. De ahí que se haya dicho que para Santo Tomás la filosofía es sierva de la teología.

IV. Colaboración Fe y Razón

Fe y razón colaboran mutuamente en el esclarecimiento de la verdad:

La Razón colabora con la Fe:

  • Demostrando racionalmente la verdad de los preámbulos de fe (como lo hace al demostrar la existencia de Dios a través de las cinco vías).
  • Ayudando a hacer más comprensible el mensaje divino hasta donde pueda aproximarse a él (vía negativa y el conocimiento por analogía).

La Fe ayuda a la Razón:

  • A conocer las verdades a las que la razón no puede llegar por sí sola (los artículos de fe), ayudándonos así a conseguir la salvación.
  • A entender las verdades que sí son accesibles a la razón a todos aquellos que por diferentes motivos no pueden o no saben valerse de la razón para acceder a la verdad.
  • La fe es el criterio último de la verdad.

Por tanto, Tomás de Aquino establece una clara distinción entre la fe y la razón, y reconoce a la razón cierta autonomía, si bien esta autonomía, como hemos visto, es limitada, ya que hay verdades divinas inaccesibles a ella, como la esencia de Dios. La Fe se erige, pues, como el criterio último y extrínseco de verdad, y la Teología Revelada como la única ciencia que puede conducirnos a Dios y, por ende, a la salvación. Por ello, la Filosofía es en última instancia, “ancilla theologiae” (“sierva de la teología”), aunque una sierva valiosa y fiel, que no ha de temer extender al máximo sus posibilidades cognoscitivas respecto de la verdad divina.

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