Arquitectura y Urbanismo en el Siglo XIX: Transformación y Modernidad
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Arquitectura y Urbanismo
La Revolución Industrial provoca, en la segunda mitad del siglo XIX, la aparición de grandes aglomeraciones urbanas, surgiendo dos necesidades fundamentales:
- Construir mucho y rápidamente para responder a las nuevas necesidades.
- Reformar las viejas ciudades y mejorar los barrios suburbiales con grandes problemas de habitabilidad.
Esto produce un gran desarrollo de la arquitectura y el urbanismo. Desde mediados del siglo XIX, la arquitectura se desarrolla en dos direcciones aparentemente contrapuestas:
- El historicismo o eclecticismo: se recurre a lenguajes arquitectónicos alejados en el espacio y en el tiempo.
- La arquitectura del hierro, cristal y hormigón: con formas atrevidas y distintas a las anteriores.
A finales de siglo, con el Modernismo y la Escuela de Chicago, surge una estética diferente que rompe con el lenguaje y la función de la arquitectura anterior.
Reformas Urbanas y el Proyecto de Haussmann
Por otra parte, las malas condiciones higiénicas y la necesidad de controlar al proletariado llevan a los gobernantes a apoyar las reformas de las viejas ciudades, realizándose numerosos proyectos urbanísticos. El más importante proyecto urbanístico fue realizado en París por Haussmann en 1852, bajo el gobierno de Napoleón III. Acomete la remodelación de la capital, para lo que derribó manzanas enteras de casas respetando los edificios más notables y trazó grandes avenidas, los bulevares, que conectaban todos los puntos de la ciudad, a la vez que creaba escenografías enfocadas hacia los principales monumentos históricos y modernos.
En las ciudades jardín se busca la unión del campo y la ciudad, planificándose cuidadosamente para que no excedan de cierto número de habitantes.
El Urbanismo en España: Cerdá y Arturo Soria
En España se producen numerosas actuaciones urbanísticas, destacando el proyecto de Ensanche para Barcelona de Ildefonso Cerdá, basado en una cuadrícula de amplias calles con manzanas de casas achaflanadas y espacios verdes, y el Ensanche de Madrid de Carlos María de Castro. Sin embargo, la aportación más original española al urbanismo europeo es la de Arturo Soria y Mata y su Ciudad Lineal: se trata de una ciudad de longitud indefinida y anchura mínima (500 m) construida sobre una gran calle comunicada con el centro por tranvías. Los espacios verdes abundantes y la disposición rítmica de los edificios comunitarios pretendían conciliar las ventajas de la vida en el campo con las de una gran ciudad. Aunque los proyectos de Arturo Soria no se materializaron del todo, sus ideas han influido en el urbanismo del siglo XX.
Eclecticismo, Arquitectura del Hierro y Escuela de Chicago
La gran corriente arquitectónica de la segunda mitad del siglo XIX fue el Eclecticismo o Historicismo. Para sus seguidores, era una nueva forma de entender la arquitectura, tomando de cada época y estilo aquellos elementos que mejor se adaptaban a las necesidades planteadas para cada edificio. Los edificios más representativos se vieron invadidos por columnas gigantes, sofisticados vanos y remates inspirados en la arquitectura egipcia, griega, romana o medieval. No obstante, las grandes corrientes eclécticas son las de los estilos neorrománico y neogótico.
El Neogótico da lugar a grandes construcciones, como el Parlamento de Londres de Barry y Pugin, y teóricos como Viollet-le-Duc convierten a este estilo en una alternativa al clasicismo y al resto de los estilos eclécticos. Entre 1867 y 1889, la arquitectura del hierro alcanza su esplendor, basándose en las mejores técnicas para la fabricación y montaje de las piezas de hierro.