Arquitectura del Siglo XIX: Historicismo, Hierro y Cristal, y el Auge del Modernismo
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La Arquitectura del Siglo XIX: De la Tradición a la Innovación
La arquitectura del siglo XIX fue un periodo de profunda transformación, marcado por la Revolución Industrial y la emergencia de una nueva sociedad. Aunque el verdadero protagonista del arte del espacio en este siglo fue el urbanismo, que intentó dar respuesta a los grandes problemas que la ciudad industrial presentaba en su desarrollo, nos centraremos en los aspectos arquitectónicos más relevantes: el Historicismo, los Edificios de Hierro y Cristal, y el Modernismo.
Historicismo: El Resurgir de los Estilos del Pasado
Los arquitectos del siglo XIX revivieron simultáneamente varios estilos históricos: el neobizantinismo, el neorrománico, el neogótico, el neorrenacimiento, el neobarroco y derivados del arte islámico. Sin embargo, ninguno de estos estilos logró imponerse sobre los demás. Las excelencias estéticas de estas corrientes del pasado fueron divulgadas en la sociedad burguesa por dos grandes ensayistas europeos: el restaurador francés Viollet-le-Duc y el crítico británico Ruskin.
- Los ingleses, herederos de una tradición gótica ininterrumpida, resucitaron este estilo medieval en edificios emblemáticos como el Parlamento de Londres.
- Franceses y alemanes también prestigian el gótico en sus construcciones religiosas.
- En España, el medievalismo se regionalizó, pero fue el neomudéjar el estilo que mejor definió el historicismo español. Este se reflejó en todo el territorio nacional a través de construcciones como plazas de toros y estaciones de ferrocarril. Estos edificios se desarrollaron con el uso del ladrillo y un repertorio decorativo basado en los arcos califales de la mezquita. Un ejemplo destacado es la Plaza de España de Sevilla.
Edificios de Hierro y Cristal: La Arquitectura de la Ingeniería
La arquitectura del siglo XIX se adaptó a la ingeniería y a las nuevas necesidades de la sociedad industrial. Las infraestructuras de comunicación exigieron nuevas construcciones como puentes, estaciones y grandes obras públicas. Además, se necesitaron grandes edificios de pisos, enormes instalaciones provisionales para las exposiciones universales, museos y bibliotecas.
El Hierro en la Construcción
El hierro, utilizado desde la antigüedad como complemento arquitectónico, no se obtuvo de forma consistente para la construcción hasta el siglo XVIII. El hierro colado permitió fabricar largas vigas, facilitando soluciones más atrevidas y funcionales que la albañilería tradicional. Los puentes colgantes y las torres son el mejor ejemplo de su aplicación.
El Vidrio como Piel Arquitectónica
El vidrio cobró igual importancia gracias al desarrollo técnico que en el siglo XIX logró producir hojas de varios metros. Los invernaderos, las estaciones de ferrocarril, los museos, las nuevas tiendas y los pabellones para las exposiciones utilizaron el vidrio como una verdadera piel traslúcida que, descansando sobre estructuras férreas, sustituyó al muro o a la cubierta.
Modernismo: La Línea Sinuosa y la Fusión con la Naturaleza
El Modernismo fue un fenómeno complejo, surgido en países con un alto grado de desarrollo industrial. Se trató de un estilo de difusión internacional, nacido de la voluntad de superar las formas tradicionales. Su característica definitoria fue la línea sinuosa. Una decoración orgánica invadió los edificios, fusionando la arquitectura con la naturaleza y los edificios con los ambientes urbanos. Las superficies curvas y la decoración floral y ondulante dieron forma a los edificios y recubrieron muebles y paredes. Elementos como algas marinas, flores, mariposas y cabellos femeninos se unieron en una mezcla de naturaleza y abstracción.
El arquitecto catalán Antoni Gaudí es considerado una de las mentes más creativas de la arquitectura contemporánea. Su obra es audaz y libre de prejuicios técnicos y formales. Destacan el Parque Güell y la Casa Batlló, entre otras de sus creaciones.