El Argumento Ontológico: San Anselmo, Gaunilo y Descartes sobre la Existencia de Dios

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El Argumento Ontológico

El argumento ontológico es una de las pruebas más conocidas tanto de la existencia como de la naturaleza de Dios, defendida en general por los filósofos racionalistas modernos y denostada por los filósofos de tradición o influencia empirista.

El Argumento de San Anselmo

San Anselmo lo formula en un breve escrito titulado Proslogion y presuntamente dirigido a los monjes del monasterio de Bec, y desarrolla la argumentación de la existencia de Dios y de su naturaleza o esencia. En el Proslogion encontramos que la fe en la existencia de Dios es previa a su demostración.

San Anselmo empieza por identificar la idea de Dios con aquello mayor de lo cual nada puede ser pensado. Podemos decir que Dios no existe, pero no lo podemos pensar, porque la no existencia de Dios resultaría incomprensible para quien comprendiera que Dios es aquello mayor de lo cual nada puede ser pensado. De aquí concluye Anselmo que la noción de Dios por sí misma contiene la necesidad de su existencia y es imposible que Dios no exista.

Objeciones de Gaunilo

Gaunilo considera que para poder justificar la objetividad de un concepto, incluso su mera posibilidad, es preciso indicar la realidad de la que procede el concepto; es decir, necesitamos la experiencia previa, lo que en el caso de Dios es imposible.

La cuestión de Dios como aquello mayor de lo cual nada puede ser pensado es radicalmente distinta, ya que de lo que se trata es de probar que el único discurso posible sobre Dios es el que lo afirma como existente, pero no podemos pensar que no exista lo mayor que se pueda pensar sin contradicción.

La polémica entre San Anselmo y Gaunilo subyace una discusión que se inserta en el llamado problema de los universales.

Descartes y el Argumento Ontológico

René Descartes fue un defensor del argumento ontológico. Descartes recupera la idea de Dios en su sistema filosófico.

Tras probar de manera irrefutable que es posible la certeza acerca del yo que piensa (cogito), solo es posible garantizar la validez del contenido del pensar por medio de un ser todopoderoso, infinitamente bueno y creador que neutralice el peligro de un hipotético genio maligno que nos engañe siempre.

Descartes inicia su demostración situándose dentro del único principio ante el cual toda su duda se desvanece, que es una cosa que piensa y que tiene en él la idea de Dios; luego, no puede ser el autor de su propio ser. Entonces, tanto su existencia como las ideas que encuentra en ella proceden de una causa eternamente creadora.

En la segunda prueba, el punto de partida está en la idea misma de Dios y se encamina a esclarecer la procedencia de esa idea, que no puede proceder de la experiencia ni de él mismo; luego, esa idea tiene que haber sido creada junto con la de mi propio ser.

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