La Antropología de Platón: Alma, Cuerpo y la Búsqueda de la Virtud

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La antropología de Platón se inscribe en el contexto de la filosofía antigua (siglos VII-V a.C.). Esta disciplina se entrelaza profundamente con su metafísica, especialmente con la Teoría de las Ideas (o Formas). Según Platón, el Mundo de las Ideas es el reino de las esencias perfectas e inmutables, de las cuales los objetos y seres del mundo sensible son meras copias imperfectas.

El Dualismo Platónico: Cuerpo y Alma

El dualismo ontológico platónico, que distingue entre el mundo sensible y el mundo inteligible, encuentra su paralelo en su antropología a través del dualismo entre el cuerpo y el alma. Platón concibe al ser humano como un compuesto de dos sustancias radicalmente distintas: el cuerpo, que nos vincula al mundo sensible, y el alma, que nos conecta con el mundo inteligible.

El alma humana es superior al cuerpo, ya que es el principio de conocimiento y de bondad, y, más aún, porque el cuerpo está sometido a la corrupción y la muerte, mientras que el alma posee un destino inmortal.

La Naturaleza del Alma: Sus Tres Partes

Para Platón, el alma es un principio que se mueve a sí mismo y es fuente de movimiento. Pero el alma destaca frente al cuerpo por otro aspecto crucial: nos iguala a los dioses y permite el conocimiento de las Ideas.

Platón distingue tres partes en el alma humana, ilustradas en el famoso mito del carro alado:

  • La parte racional (logistikón): Representada por el cochero, es la más noble y elevada. Su función es conocer intelectualmente y guiar a las otras dos.
  • La parte irascible (thymoeidés): Representada por el caballo bueno y hermoso, simboliza el valor y la voluntad, y se deja conducir fácilmente por la razón.
  • La parte concupiscible (epithymetikón): Representada por el caballo malo, difícil de guiar, simboliza el deseo y las pasiones sensibles inmoderadas.

La Búsqueda de la Virtud y la Liberación del Alma

El alma, en su búsqueda de liberación del cuerpo, practica la filosofía como una aproximación intelectual al mundo que le es propio: el de las Ideas. La parte racional del alma debe esforzarse por purificar al individuo de los apetitos sensibles, y le corresponde dirigir la conducta humana hacia la virtud.

El dualismo antropológico de Platón se caracteriza por mantener una radical escisión en el ser humano: dos principios coexisten en él. Por un lado, el alma inmortal, considerada lo más divino en nosotros, principio de conocimiento y moralidad. Por otro, el cuerpo, a menudo visto como fuente de distracción, error y pasiones que obstaculizan el verdadero conocimiento y la virtud.

Para Platón, el cuerpo y las pasiones vinculadas a él son, en gran medida, responsables de nuestras desgracias y sufrimientos. La tarea más importante del ser humano será, por ello, la práctica de la virtud, basada en la moderación de los apetitos corporales y la dedicación a la filosofía.

Esta purificación moral e intelectual tiene como objetivo que las almas se dejen guiar por lo que es justo y recto, y de ese modo cumplan con su destino último: retornar a la morada divina donde preexistían.

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