Antropología, ética y política en Descartes: alma, libertad y razón
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Antropología cartesiana
La antropología cartesiana se basa en una concepción dualista del ser humano. Según Descartes, el ser humano está compuesto por dos sustancias completamente distintas: el alma y el cuerpo. El cuerpo es una sustancia extensa, material y divisible, cuya esencia es la extensión y que funciona según leyes mecánicas. El alma, en cambio, es una sustancia pensante, inextensa e indivisible, cuya esencia es el pensamiento.
Problema de la interacción
Esta distinción plantea el problema de cómo pueden interactuar dos realidades tan diferentes. Aunque Descartes reconoce la dificultad de explicar esta interacción, sostiene que alma y cuerpo forman una unidad en el ser humano. Para explicar su relación, sitúa la sede del alma en la glándula pineal, desde donde el alma influye en el cuerpo y controla las pasiones. El alma, aunque unida al cuerpo, no se deja dominar por él y mantiene su autonomía.
Consecuencias del dualismo
Este dualismo tiene importantes consecuencias. Solo el alma es libre, ya que es la que piensa y decide, mientras que el cuerpo funciona como una máquina sometida a leyes mecánicas. La libertad humana reside en el alma, lo que convierte al ser humano en un ser autónomo y racional. Por el contrario, los animales, al carecer de alma, son considerados simples máquinas o autómatas, sin pensamiento ni sentimientos.
Ética cartesiana
La ética de Descartes no constituye un sistema moral completamente desarrollado, pero ocupa un lugar relevante en su pensamiento, ya que su objetivo último es alcanzar la felicidad y vivir de manera tranquila y ordenada. Descartes es consciente de que, mientras se alcanza un conocimiento seguro mediante el método, es necesario contar con unas normas morales que permitan actuar en la vida cotidiana.
Moral provisional en el Discurso del método
Por ello, en el Discurso del método propone una moral provisional basada en una serie de reglas prácticas:
- Obediencia a las leyes y costumbres: Defender la obediencia a las leyes y costumbres del propio país y el mantenimiento de la religión en la que uno ha sido educado, optando siempre por las opiniones más moderadas y alejadas de los excesos.
- Firmeza y constancia: Ser firme y constante en las decisiones, incluso cuando no se tiene una certeza absoluta, ya que en la vida moral no se puede suspender indefinidamente la acción.
- Autocontrol: Vencer antes los propios deseos que intentar cambiar el orden del mundo, siguiendo una actitud de autocontrol cercana al estoicismo.
- Cultivo de la razón: Dedicarse al cultivo de la razón y a la búsqueda de la verdad como propósito de vida.
La ética cartesiana está estrechamente vinculada a su concepción de la libertad, que es una idea innata y fundamental del ámbito moral. La libertad consiste en el dominio del alma sobre el cuerpo y las pasiones, y es la base de la responsabilidad moral del ser humano.
Política y consecuencias sociales
Aunque Descartes no desarrolla una teoría política sistemática, su pensamiento tiene importantes implicaciones políticas derivadas de su concepción del sujeto, de la libertad y de la razón. Al defender que el individuo es libre para pensar por sí mismo y no está sometido a la autoridad externa en el ámbito del conocimiento, Descartes sienta las bases de una concepción moderna del individuo autónomo.
Razonamiento y convivencia
Su defensa de la razón como criterio último de verdad contribuye a la secularización del pensamiento y a la separación entre filosofía, política y religión. La obediencia a las leyes y costumbres que propone en su moral provisional no se basa en un sometimiento ciego a la autoridad, sino en una actitud prudente orientada a garantizar la convivencia y la estabilidad social mientras se avanza en el conocimiento racional.
Fundamentos del pensamiento político moderno
En este sentido, la filosofía cartesiana prepara el terreno para el pensamiento político moderno, al situar al individuo racional y libre como fundamento de la vida social y política.