Antología Poética Latina: Catulo, Horacio y Ovidio en Versión Española
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Antología de Textos Poéticos Latinos: Corrección y Presentación
A continuación, se presenta una selección de fragmentos de autores latinos clave, corregidos y formateados para una mejor comprensión y estudio.
I. Poesía de Catulo
Carmen 1 (Programático)
¿A quién dedico un librito nuevo, ingenioso y pulido con la piedra pómez recientemente?
¡A ti, Cornelio! Tú solías considerar que las tonterías eran algo, ya entonces cuando te atreviste, el único de todos los itálicos, a explicar todo en tres tomos doctos, ¡por Júpiter!, y laboriosos.
Por lo cual, ten para ti cualquier cosa de este librito, cualquiera que sea; el cual, ¡oh virgen patrona!, que permanezca perenne más de un siglo.
Carmen 5
Vivamos, Lesbia mía, y amemos,
y las habladurías de esos viejos tan rectos,
todas, valorémoslas en un solo as.
Los soles pueden morir y renacer:
nosotros, en
cuanto la efímera luz se apague,
habremos de dormir una noche eterna.
Dame mil besos, luego cien,
luego otros mil, luego cien una vez más,
luego sin parar otros mil, luego cien.
Luego, cuando hayamos hecho muchos miles,
los revolveremos para no saberlos
o para que nadie con mala intención pueda mirarnos de revés,
cuando sepa que es tan grande el número de besos.
II. Obras de Horacio
Oda 3.30 (Exegi Monumentum)
Levanté un monumento más perenne que el bronce
y más alto que el sitio real de las pirámides,
al que ni la hambrienta lluvia ni el viento
podrán destruir, ni tampoco la innumerable
serie de años y el tiempo.
Carmen Saeculare (Fragmento)
¡Dioses!, dad costumbres honestas a la dócil juventud,
¡Dioses!, reposo a la tranquila vejez,
y dad al linaje de Rómulo, bienes y descendencia
y también todo el honor.
Epodo 2 (Primeros cuatro versos: Beatus Ille...)
Bienaventurado aquél que, lejos de los negocios,
como el antiguo linaje de los mortales,
trabaja los campos paternos con sus propios bueyes,
libre de toda usura.
Ad Leucónoen (Oda 1.11)
No investigues, pues no es lícito, Leucónoe, el fin que ni a mí ni a ti los dioses destinen; a cálculos babilónicos no te entregues. ¡Vale más sufrir lo que haya de ser! Te otorgue Júpiter varios inviernos o solo el de hoy, que destroza el mar Tirreno contra las rocas, sé prudente, filtra el vino y en nuestro breve tiempo contén la esperanza. Mientras hablamos, el tiempo fugaz habrá escapado: ¡goza el día y no te fíes del mañana!
Carmen 70 (Sobre la inconstancia femenina)
Con nadie, dice mi mujer, preferiría casarse más que conmigo, ni aun si Júpiter mismo se lo pidiera. || Dice: pero lo que la mujer dice al apasionado amante conviene escribirlo || en el viento y en las rápidas aguas.
III. Obras de Ovidio
Concepto Ovidiano de Metamorfosis (In nova fert)
El ánimo me lleva a hablar sobre formas cambiadas en cuerpos nuevos;
¡dioses!, puesto que ustedes cambiaron también aquellas,
soplad favorablemente sobre las mías empezadas y conduzcan
desde el primer origen del mundo hasta mi época.
Epílogo (Referencia al Exegi Monumentum)
Levanté un monumento más perenne que el bronce y más elevado que el real sitio de las pirámides, que ni la lluvia voraz ni el poderoso aquilón puedan destruir, o la seria innumerable de los años y huida de los tiempos. No moriré del todo y la mayor parte de mí evitará la muerte.
L. XV (Fragmento sobre la inmortalidad poética)
Y ya he levantado una obra que ni la ira de Júpiter, ni el fuego, ni el hierro, ni la vejez voraz podrán dejar de lado. Que aquel día, que no tiene ningún derecho salvo el derecho de este cuerpo, dé fin al espacio de incierto tiempo para mí cuando quiera: por la mejor parte de mí sobre los altos astros seré hecho perenne y nuestro nombre será indeleble, y por donde se manifieste la potencia romana para las tierras dominadas seré leído por la boca del pueblo y por todos los siglos con fama, si algo tienen de verdad los presagios de los vates, viviré.
Carmen 101 ad Inferias (Al hermano fallecido)
Después de haber cruzado a través de muchos pueblos y muchos mares, llego, hermano, a estas tristes exequias para darte el postrer tributo de la muerte y hablar en vano a la muda ceniza, puesto que la fortuna de mí te apartó a ti mismo, ¡ay, pobre hermano arrebatado!