Animal que representa al Modernismo
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A finales del Siglo XIX, la situación de la lírica castellana no era especialmente halagüeña: gastada por los excesos sentimentales y retóricos posrománticos y limitada por el prosaísmo realista, sólo la figura de Bécquer, fundamental en el posterior desarrollo lírico, había de servir de referente para encontrar un tono comunicativo sincero y directo. A ello se uniría el influjo de Hispanoamérica, de donde habían de llegar los aires de renovación de una poesía realmente contemporánea: la poesía modernista, fruto de la asimilación a la lengua castellana del parnasianismo y del simbolismo franceses.
En efecto, el Modernismo (término despectivo con que fue bautizado el movimiento por sus detractores) nacíó de la pluma de jóvenes poetas que buscaban una renovación que superase el prosaísmo y el burguesismo, optando por una lírica de marcado esteticismo y subjetivismo, además de marcadamente anticonvencional. El segundo busca ir más allá de la realidad, de lo sensible, en el convencimiento de que el mundo material es un simple símbolo que esconde la verdadera significación de lo real (en España, este simbolismo está muy presente en Machado y en Juan Ramón Jiménez).
Como hemos dicho, en lengua castellana el Modernismo aparece primero entre los poetas de Hispanoamérica, representados fundamentalmente por el nicaragüense RUBÉN DARÍO. Destacan igualmente sus libros Prosas profanas (1896), quizá el mejor de su producción; y Cantos de vida y esperanza (1905).
* La influencia de Darío sobre los autores españoles fue decisiva, y a él se debe en buena medida, junto a Bécquer, la renovación de la lírica en España. Y de hecho, en el terreno de la poesía no hay razones para separar a los autores modernistas de los noventaiochistas, pues autores como Machado o Valle-Inclán participaron de las preocupaciones temáticas del 98 (temas filosóficos y sociales, reflexión individual, preocupación por el futuro nacional…), sin dejar por ello de hacerlo con el estilo propio del Modernismo.
Centrándonos en concreto en el máximo poeta de la Generación, Antonio Machado, su formación en la estética modernista nunca limitó su poesía al mero juego estético, sino que defendíó siempre el principio ROMántico de la poesía conmovedora, como podemos comprobar en Soledades (Soledades, Galerías y otros poemas, en ediciones sucesivas), que, siendo un libro fundamentalmente modernista, es una obra también intimista y neorromántica. De su poesía posterior destacan las «Canciones a Guiomar» y algunos poemas de guerra.
* Entre el resto de poetas modernistas españoles podemos señalar al propio hermano de Antonio Machado, Manuel Machado, cuyo Modernismo intimista y melancólico está en relación con el Simbolismo. Y por fin, como uno de los representantes del Modernismo más tópico en España, con tendencia a tratar en clave nacionalista el pasado español, sobresale Francisco Villaespesa.
Precisamente en el Modernismo se inició uno de nuestros grandes poetas del Siglo XX, el onubense (nacido en Moguer) Juan RAMÓN JIMÉNEZ, que luego ha sido considerado como el único representante lírico del NOVECENTISMO. Su poesía, como la de otros grandes poetas europeos (Rilke, en Alemania; Valéry, en Francia; Eliot, en Inglaterra), es un instrumento de conocimiento metafísico, una forma de instalarse como ser humano en el cosmos e intentar expresarlo (razón por la que se concedíó el premio Nobel en 1956).
Sus PRIMERAS OBRAS beben de Bécquer (Ninfeas y Almas de violeta, 1900) y del Modernismo (Rimas, 1902; Arias tristes, 1903; Jardines lejanos, 1904), tratándose de obras en las que sensibilidad y sentimentalidad se confunden, por influjo del Romanticismo y del Simbolismo. Su PRIMERA MADUREZ llega con Diario de un poeta recién casado (1917): se trata de una «poesía pura», más intelectual y difícil, en la que el autor elimina los adornos innecesarios, el argumento o el sentimiento. Se trata de una poesía
metafísica, hermética, donde aparece un Dios (con minúscula) que representa la propia conciencia poética de lo bello, y a la que se debe la creación poética como un mundo en sí. Sobresalen los libros En el otro costado (1936-42) y Animal de fondo (1948-1949).Del influjo de Juan Ramón Jiménez, del auge de la «poesía pura» (o deshumanizada, según término de Ortega y Gasset) y del clima internacional que experimentan la sociedad y la cultura de la época de preguerra y de entreguerras (en torno a la I Guerra Mundial), surge en nuestro país el Vanguardismo en el que habían de forjarse los poetas de la GENERACIÓN DEL 27.
* Las VANGUARDIAS nacen en la Europa de entreguerras de un clima de de «lucha», de «batalla» (de ahí el término militar «vanguardia») por la nueva literatura, y responden al deseo artístico de provocar para romper con lo anterior e intentar buscar caminos nuevos. Están constituidas por diversos movimientos (vanguardismos o ismos) para los que el «arte por el arte» implica una marcada oposición a la lógica, exaltando una imaginación sin trabas; una experimentación incesante en busca de la originalidad; el alejamiento de la realidad; y la propuesta de un arte de minorías, pero ni trascendente ni eterno (a veces, un simple juego).
Entre los Vanguardismos más influyentes están el Futurismo (Italia, 1909), el Dadaísmo (Suiza, 1916) y el Surrealismo (Francia, 1924). Se trata de un movimiento irracionalista que conjuga las teorías freudianas del subconsciente con el marxismo filosófico y político, y aunque en España no se aplicó en sentido estricto (escritura automática, onirismo), afectó a la forma de expresión de muchos poetas.
* Su formación en este clima de Vanguardia hace que la GENERACIÓN DEL 27 se revista de unas CarácterÍSTICAS muy determinadas. Algo similar podemos decir de su técnica de versificación, conciliando lo tradicional (popular y culto: romances, coplas; sonetos y tercetos…) con el verso libre (versículo).
* Entre los poetas que representan a esta Generación debemos destacar al menos los siguientes:
Rafael Alberti, junto a Lorca, es el gran poeta neopopular del 27. Federico García Lorca es el máximo representante del neopopularismo: en sus temas aparecen constantemente elementos del folklore andaluz reelaborados por el poeta, predominando el tono trágico y la presencia de la muerte que se traducen en metáforas e imágenes de gran originalidad y que han calado con fuerza en los poetas andaluces actuales. Como otros miembros de su generación, su poesía se pobló de resonancias surrealistas en sus libros de los años 30, en concreto el inquietante Poeta en Nueva York (1930), una alucinada visión de la gran urbe; y sobrevuela en libros como Diván del Tamarit (1936), recreación del mundo árabe, y en los intimistas y herméticos Sonetos del amor oscuro (1936), expresión de su condición homosexual.
Vicente Aleixandre fue el poeta del 27 que posiblemente llevara a su expresión más equilibrada la estética surrealista. Gerardo Diego es un poeta variado que comienza siendo uno de los más decididos vanguardistas en libros tan atrevidos como Imagen (1918-1921) y Fábula de Equis y Zeda (1928), y comenzando a conciliarla con la tradición en Manual de espumas (1924). Jorge Guillén es el mejor representante de la «poesía pura»: su poesía celebra el gozo de un mundo bien hecho, que agrupa en el significativo título Cántico (1928-1951). Pedro Salinas es un poeta cercano a la «poesía pura» (sobre todo en libros como Seguro azar, 1929), pero que destaca por su tratamiento del amor en libros como La voz a ti debida (1933) y Razón de amor (1936), donde busca a la amada más allá del mundo real, más allá de la amada misma.
* Como figura cercana al 27, pero también como puente a la poesía de los años 40, destaca el poeta Miguel HERNÁNDEZ, a quien suele situarse como miembro de la Generación del 36, pero que está más cercano al 27 por sus afinidades personales y poéticas con autores como García Lorca y Vicente Aleixandre. Detenido en la cárcel de Alicante, donde murió en 1942, allí compuso su Cancio