El Alma Barroca: Metanoia, Espiritualidad y la Captura del Instante en el Arte y la Literatura

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Metanoia y Alegoría en el Barroco

Este periodo nos introduce al concepto de la metanoia, que va más allá de la mente y se relaciona intrínsecamente con la alegoría. Consiste en la conversión o reconversión del alma. Se suponía que todos eran cristianos, pero tras lapsos, se buscaba reconvertirlos en cristianos puros, una conversión que a menudo surgía de un fuerte impacto sensorial.

Esta idea se conecta con San Ignacio de Loyola y sus Ejercicios Espirituales, anteriores al Barroco, pero cuyos escritos ya enfatizaban la necesidad de conmover el alma. Un ejemplo visual de esta corriente son las vanitas (del latín, 'vanidad'), pinturas de naturaleza muerta que transmiten la profunda reflexión de que todo es efímero y vanidad en el mundo. Uno de los pintores más destacados en este género es Valdés Leal.

El arte barroco, impulsado por estas ideas y el decreto sobre las imágenes, se convierte en un arte didáctico y sensorial que busca producir asombro, compasión y piedad. En la literatura, este efecto se logra magistralmente a través de los autos sacramentales.

Declive y Crítica del Arte Barroco

Todo esto convierte al Barroco en un arte profundamente seductor y sensorialmente atractivo. Sin embargo, cuando el arte barroco comenzó su declive, se produjeron ataques directos a sus manifestaciones religiosas, lo que a menudo implicaba una lucha contra la propia Iglesia. Un claro ejemplo fue la prohibición de la representación de autos sacramentales por parte de Carlos III, quien consideraba que los autores, por su estilo de vida, no eran dignos de representar personajes sagrados. También se prohibieron los retablos dorados con excesivas figuras. Carlos III, además, expulsó a los Jesuitas, grandes protectores del teatro y del arte barroco.

Espiritualización y Sensibilización

En el ámbito de los conceptos espirituales, destaca Alonso de Ledesma. Sus obras presentan metáforas impactantes, como la que describe la cruz como un asador que, con la leña del fuego del amor, asa un cordero (Jesucristo) con clavos, transformando así la crucifixión en un "asado de cordero".

La espiritualización se entiende como un impulso inherente al ser humano para trascender lo material. La realidad, un impulso horizontal, puede volverse vertical, permitiendo así la convivencia de lo terrenal y lo divino. Los sentidos, a menudo engañosos, impulsan esta tendencia hacia lo espiritual.

Este proceso de espiritualizar lo sensible se logra, por ejemplo, con los emblemas: una pintura de algo tangible acompañada de una versificación trascendental. El proceso inverso, sensibilizar lo espiritual, se consigue con la alegoría, especialmente en el auto sacramental.

Uno de los ejemplos más claros y bellos es El pleito matrimonial de Calderón de la Barca, donde a la dama la obligan a casarse con un patán. El alma, personificada, se resiste a entrar en el cuerpo y unirse a ese "bruto". La obra culmina en una transacción entre el alma y el cuerpo, explicando la muerte y el retorno al cielo.

Temática Barroca

El Retrato Trascendente

El retrato en el Barroco trasciende su propia condición. Mientras en el Renacimiento predominaba un retrato genérico, en el Barroco prevalece lo individual, con una clara intención trascendente. Mediante este retrato, se capta un momento concreto e irrepetible de la vida.

Esto se observa en la serie de retratos de infantes e infantas que se realizaban en cada cumpleaños; dado que muchos niños fallecían prematuramente, estos retratos buscaban capturar el instante y preservar su imagen para la posteridad.

El autorretrato es muy frecuente, como el de Velázquez en Las Meninas, con la función de firmar su obra y asegurar su perdurabilidad. También se retrataba a personajes de baja condición social. Velázquez, por ejemplo, utilizaba a personas humildes como modelos para pintar filósofos de la antigüedad, lo que se relaciona con la picaresca. Estos retratos buscan lo individual y también la lucha contra el tiempo.

Como ejemplo literario, cabe mencionar un soneto de Paravicino dedicado a su retrato, obra de El Greco.

Otro aspecto fundamental es el concepto del artista como un dios creador. La diferencia entre el Renacimiento y el Barroco radica en que, frente a los cuerpos clásicos idealizados, el Barroco presenta un retrato individual que capta el estado de una persona en un instante determinado de su vida.

El espejo, una forma de reproducir la imagen humana, es también un símbolo de engaño, pues aparenta ser la realidad sin serlo, reflejando la dualidad y la ilusión tan presentes en el pensamiento barroco.

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