Novela existencial y en el exilio

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 La novela existencial: Con la guerra se produce una violenta ruptura de la tradición cultural de la República: unos escritores han muerto; otros, han ido al exilio y otros, guardan silencio. Esto se ve acentuado por el aislamiento político de España por la censura. Este período se caracteriza por su pobreza creadora. De autores anteriores a la guerra, lo más notable es lo que se escribe en el exilio, que no llega a España. Esa ruptura provoca desorientación y búsqueda de otros caminos. Lo más significativo es la aparición de nuevos novelistas que aportan una literatura angustiada, de enfoque existencialista.
La llamada
novela existencial, como se ha dicho antes, es la corriente más destacada e innovadora. Aparecen nuevos novelistas que aportan una literatura angustiada, de enfoque existencialista, cuyas obras causan un gran impacto literario y suponen un nuevo arranque del género narrativo:1942, La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela; 1945, Nada, de Carmen Laforet; 1947, La sombra del ciprés es alargada, de Miguel Delibes.
Nota característica de la novela de este periodo es el reflejo amargo de la vida cotidiana, la desazón del individuo y el malestar vital ante una sociedad opresiva, asfixiante. Este malestar, en último término, es social, pero la censura impide cualquier intento de denuncia, y por ello se transfiere a la esfera de lo personal, de lo subjetivo. Por todo ello predominan los temas de la soledad, la inadaptación, la frustración y la muerte, y abundan los personajes desarraigados, desorientados y angustiados.


La novela del exilio: Es la gran desconocida en España o conocida tardíamente. Muchos de los novelistas habían iniciado ya su obra narrativa antes de la guerra pero el tema de la guerra está presente en muchos de ellos: Ramón J. Sender (Crónica del alba, Réquiem por un campesino español), Francisco Ayala(Muertes de perro, El fondo del vaso) y Max Aub (El laberinto mágico), autores más destacados.

La novela social, propiamente dicha, surge a partir de 1954 con la aparición de una serie de nuevos novelistas: en Madrid,
Ignacio Aldecoa, Jesús Fernández Santos, Rafael Sánchez Ferlosio; en Barcelona, Juan Goytisolo, Ana María Matute. Les siguen poco después: García Hortelano, Caballero Bonald, Alfonso Grosso, Jesús López Pacheco, Carmen Martín Gaite,…
Los rasgos comunes de estos novelistas son el reflejo fiel, sin tapujos, de la realidad española; el inconformismo ante la realidad social y política; la solidaridad con los humildes y oprimidos; el deseo de cambios sociales. La literatura se concibe como instrumento de crítica y denuncia, de transformación de la realidad. En el enfoque realista hay que apreciar dos modalidades:
Objetivismo (El Jarama) y Realismo crítico (J. Goytisolo, A López Salinas, A. Ferres, Caballero Bonald, Alfonso Grosso)