Hume - Análisis - Investigación sobre el conocimiento humano, sección 2. 3er párrafo.

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El texto analizado pertenece a la obra “Investigación sobre el conocimiento humano”, del filósofo inglés David Hume. En él, el autor afirma que, a pesar de que la razón parece ser ilimitada, en realidad está supeditada a la información  que le proporcionan los sentidos y la experiencia, es decir, a nuestras percepciones. La razón simplemente es la encargada de mezclar, trasponer, aumentar o disminuir la información recibida.  Este concepto es lo que se denomina el principio empirista.

Como todos los contenidos de la mente provienen de la experiencia y las percepciones, Hume los  clasifica de acuerdo a diferentes criterios.  Según su grado de vivacidad e intensidad, los clasifica en dos tipos: por un lado, aquellas que Hume denomina “impresiones”: sensaciones inmediatas y puntuales que proceden de la experiencia o la reflexión; por el otro, los menos intensos, que él llama pensamientos o ideas, y que proceden y son copias de las impresiones. Además de ésta, también clasifica las percepciones según su composición en simples o complejas y según su procedencia en percepciones de sensación o de reflexión.

Además de la clasificación de ideas, el filósofo también establece las distintas relaciones que se dan entre ellas, provocadas por la combinación y la unión que realiza la imaginación con las impresiones simples. Hume clasifica estas relaciones y establece las tres  leyes de asociación de ideas. La primera de ellas es la de la semejanza: la mente nos impulsa a asociar ideas entre las que hay alguna similitud. La segunda es la de la ley de contigüidad espacio-temporal: una idea nos conduce a otra cuando éstas se suceden próximas en espacio o en el tiempo. La última de ellas es la ley de la relación causa-efecto,  que se basa en la creación de un vínculo en nuestra mente entre dos hechos que ya se sucedieron en el pasado y se espera que se sucedan en el futuro. Por último, el autor también distingue entre relaciones de ideas, aquellas que no describen el mundo, pues surgen del razonamiento y son válidas en cualquier circunstancia; y las cuestiones de hecho, que son relaciones entre hechos que podemos comprobar con la experiencia, y por tanto, son contingentes y probables.

De la ley de la relación causa-efecto, se deriva el conocido como problema de la causalidad. Aplicando el principio empirista a un hecho, e intentando buscar la idea o impresión de la que es copia, si ésta no se halla, esa relación causa-efecto tendría que ser rechazada. Aunque un fenómeno siempre vaya sucedido por otro, puede no existir entre ellos ninguna impresión de su relación  y la conexión entre ambos simplemente sea fruto de la imaginación, y por tanto, esa relación no  sería considerada como conocimiento verdadero. De esta cuestión surge también la duda sobre la validez de la ciencia, pues ésta se basa principalmente en las relaciones causa-efecto. El filósofo afirma que los enunciados científicos no pueden considerarse universales ni infalibles, aunque sí probables. Años más tarde, será el filósofo Karl Popper con su teoría de la falsación, el que retomará la teoría científica de Hume.

Por otro lado, aplicando también el principio empirista a la metafísica, el autor llega  a la conclusión de que ésta tampoco se puede comprobar mediante la experiencia, y por tanto, no se puede considerar como conocimiento verdadero. Esta afirmación le lleva a criticar la metafísica cartesiana, que se basa en la idea de sustancia.  Así, Hume critica la idea de sustancia extensa  debido a que no tenemos experiencia directa de ella. Es la imaginación la encargada de otorgarle la continuidad que es característica de la sustancia y que no poseen las impresiones.  En cuanto a la idea de sustancia infinita, tampoco podemos tener experiencia de ella pues esa misma experiencia también sería infinita. Por tanto, no existe conocimiento verdadero de Dios. Sin embargo, Hume si afirma que la religión y la creencia en Dios son necesarias para el hombre. Por último, la idea de sustancia pensante también es criticada, pues defiende que no se puede tener experiencia directa del yo, aunque sea éste el que recibe el resto de impresiones. Su existencia es sólo una suposición.

Por último, y en cuanto a su teoría ética, Hume fue uno de los primeros filósofos que defendió la importancia de las emociones en el comportamiento humano, y la naturaleza humana que nos inclina por aquello que es bueno para nosotros y para los demás.