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3. Libertad humana
En resumen, la libertad está condicionada por factores biológicos y sociológicos y tiene una base biológica en virtud de la cual el ser huma­no capta el medio como realidad a través de su inteligencia y responde creando un mundo de posibilidades entre las que ha de elegir y justifi­car su respuesta. Tiene que deliberar entre los medios más oportunos para alcanzar los fines que se propone, {su voluntad es libre de ele­gir en un sentido u otro.
Pero las personas también somos seres autónomos, capaces de dar­nos nuestros propios fines y leyes: capaces de diseñar ideales humaniza­dores. Esos ideales brotan de una experiencia histórica, que es la del su­frimiento causado por la esclavitud, la opresión, la explotación de unos seres humanos por otros, y también por la sumisión a las leyes natura­les. Yesos proyectos humanízadores han de quererse y alcanzarse social y personalmente. Porque el colectivismo, que da primacía a la colectivi­dad sobre la persona, es inhumano, y también lo es el individualismo, que potencia al individuo descuidando las relaciones personales.
La libertad realmente humana se consigue a través de proyectos de humanización, siempre abiertos, tanto personales como compartidos.
4. Razón, pasión y libertad
Muchos filósofos, a lo largo de la historia, se han preguntado qué es lo que nos hace realmente libres: ¿seguir las directrices de nuestra ra­zón o más bien los impulsos de nuestros sentimientos, emociones y pa­siones? Veremos a continuación cómo respondieron algunos de ellos a es e Interrogante. Otros muchos, hasta hoy, se podrían considerar se­guidores, o herederos, de alguno de los planteamientos siguientes.
Durante la Antigüedad clásica y la Edad Media, la razón fue gene­ralmente considerada como la capacidad específica del ser humano, lo que nos distingue de los demás animales. Para Platón (siglo IV a. C.), por ejemplo, la condición humana se parece a la de un conductor de un carro alado tirado por dos caballos. Dicho conductor es la inteligencia.

ia capacidad racional, mientras que los caballos simbolizan dos tipos de pasiones: las que son dóciles y aliadas de la razón, y las que se resisten a su control buscan su ropia satisfacción a toda costa:
Aristóteles, por su parte, considera que el intelecto ha de conducir la elección entre los diversos deseos que sentimos, de modo que sea la capacidad racional la que identifique en cada caso cuál es el deseo rec­to, y a continuación, se disponga a lograrlo.
La filosofía del cristianismo primitivo, y especialmente San Agustín, subrayó la importancia de los sentimientos amorosos, tal como se muestra en el famoso consejo de este filósofo: «Ama, y haz lo que quieras». Con ello parece indicar-que quien descubre en qué consiste el verdadero amor, no un amor cualquiera, en adelante será incapaz de hacer nada malo.
David Hume (siglo XVIII) sostienen ue la razón e . moti­var la conducta, y que son las pasiones las que mueven a las personas a actuar. Lo que ocurre, dice Hume, es que tendemos a creer que sólo nos mueven las pasiones cuando sufrimos un arrebato emocional, pero en realidad hay pasiones apacibles y pasiones violentas, y cuando nos mueven las primeras solemos creer que es la razón la que nos mueve. La razón, según la concibe Hume, es «esclava de las pasiones» y sólo a ellas ha de servir y obedecer. También afirma que todos compartimos una misma naturaleza humana y en ella podemos descubrir un sen­timiento moral que nos informa objetivamente de qué acciones son realmente buenas y cuáles no.
Frente a las ideas de Hume se situó el planteamiento de Kant. Este último sostiene que la razón es perfectamente capaz de mover a la voluntad y que por eso es una capacidad práctica. El hecho de que la ra­zón pueda oponerse a las pasiones, dominarlas y encauzarlas para po­nerlas al servicio de algún ideal moral es justamente la clave de la libertad humana y la base de la dignidad de la persona. Porque, gracias a la razón, podemos oponernos a los dictados de nuestra propia naturaleza y proponernos metas de mayor humanización. La razón puede, por ejemplo, descubrir el valor del perdón y de la paz, a pesar de que
uestras pasiones nos inclinen hacia la venganza y la guerra. Y, a partir de ahí, la razón puede someter a las pasiones para tratar de avanzar hacia la realización de un mundo más pacífico y justo.


Raíz antigua y medieval
El vocablo «persona», del latín persona, en griego prósopon, signifi­ca, propiamente, «máscara»: la máscara del actor de teatro, en la que la voz resuena y que revela su papel. Persona es el personaje.
para referirse tanto a las tres personas div.rnas como al ser humano.
También tiene un sentido jurídico. sujeto legal.
En el siglo IV, Boecio define a la persona como «sustancia individual de naturaleza racional».
Sustancia individual: el ser humano no está en manos del destino al mismo nivel que las cosas, subsiste por sí mismo y no por otro.
Naturaleza racional: el ser humano forma parte de la naturaleza, pero el hecho de que posea una naturaleza racional significa que es­tá dotado de autoconciencia, voluntad y sociabilidad.
Raíz ilustrada kantiana
Kant enriquece el concepto de persona al darle una connotación fundamentalmente moral. Persona es el ser libre, y libre no significa sólo que puede elegir entre cumplir unas leyes naturales u otras, sino que es el ser capaz de darse leyes a sí mismo, capaz de crear, junto al mundo de las leyes naturales, un mundo moral. La libertad es entonces aI:ltonomía, Y el hecho de poseerla confiere a las personas una espe­cial dignidad, porque si un ser puede darse sus propias leyes nadie tie-
ne derecho a instrumentalizarle.
La persona tiene así un valor absoluto, es decir, que es valiosa en sí misma, sin que su valor le venga de resultar o no útil para algo. Es lo que Kant denomina un «fin en sí», que no debe utilizarse sólo como medio para otra cosa. De esta forma se establece un imperativo de res­peto mutuo, porque lo propio de toda persona es respetar a los demás
como fines en sí.
El movimiento personalista
El personalismo es una corriente filosófica cuyo núcleo consiste en considerar al ser humano como persona, como realidad a la vez indivi­dual y comunitaria. Los autores de este movimiento recuerdan que la relación de unos seres humanos con otros es constitutiva para cada
uno de ellos.
Mounier quien inició esta corriente,
Otros autores personalistas como Martin Buber y Emmanuel Levinas recuerdan que la relación de unos seres humanos con otros es consti­tutiva para cada uno de ellos: el «estar dos en reciproca presencia' es
esencial para la persona.

2. Ser y hacerse persona

Existencia encarnada. Decir que las personas existen significa que están dotadas de una interioridad que les permite desde ella salir de sí mismas y abrirse a las demás cosas. Esto es posible porque la per­sona es de carne Y hueso (encarnada), pero abierta al mundo desde
su intimidad (existente).
Comunicación. Tan importante es la comunicación que la primera experiencia que tiene el hombre es la de la segunda persona: la con­ciencia del tú precede a la del yo. A diferencia de otros seres, la per­sona realiza una serie de actos como salir de sí, adoptar el punto de vista de otro, asumir tareas de otros, ser fiel a los compromisos, dar
sin esperar nada a cambio.
Libertad condicionada. La persona se afirma por la libertad, aun­que se trate de una libertad condicionada. Ser libre es aceptar el ca­rácter condicionado de la libertad, no como un límite que imposibili­ta, sino como una posibilidad desde la que apoyarse. A diferencia del existencialismo de Sartre, que considera la libertad como una condena, el personalismo entiende la libertad como una propuesta
que se acepta o rechaza.
Compromiso. La identidad de una persona se forja a través de los compromisos que adquiere, el conjunto de promesas compartidas en que invierte su libertad. El compromiso define a la persona por­que la acción personal es rechazo de la abstención, de la neutralidad
y de la indiferencia.
Capacidad crítica. Ser persona es ser capaz de decir no, tratando de transformar el mundo desde las propias convicciones .
Eminente dignidad. En el conjunto de los seres, la persona ocupa el grado más alto, porque ni se subordina a las cosas ni tiene un
precio .
.• Proximidad Y amistad. La persona no sólo vive en sociedad, sino también en proximidad a los otros y en amistad. La relación de pro­ximidad consiste en la donación de algo del propio ser a una perso­na, sea quien sea, sólo por el hecho de necesitarlo. En cambio, la amistad consiste en querer el bien de otra persona, en hablar bien de ella, en hacerle el bien ayudándola a ser lo que debe ser, y en compartir su intimidad, por ser quien es.