Viviendas

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Unidades de deshabituación residencial:


 Más conocidas como comunidades terapéuticas, son centros de internado temporal para personas con problemas de adicciones. Persiguen un triple objetivo: deshabituación, rehabilitación y reinserción y exige el reconocimiento por parte de la persona de su adicción como primer paso para su recuperación. Casi todas estas comunidades reúnen carácterísticas similares: al principio se prohíbe el contacto del paciente con el mundo externo, se practica la abstinencia total de cualquier tipo de droga, existe una normativa interna que el paciente firma y acepta, el tratamiento se basa en la convivencia, la ayuda mutua y la formación ocupacional, el equipo de tratamiento suele ser mixto, es decir, integrado por profesionales y colaboradores extoxicómanos que han realizado su tratamiento en la comunidad en cuestión.

Alojamientos alternativos:


Son viviendas establecidas o grupos residenciales con la intención de que personas con necesidades específicas puedan vivir organizadas y de manera independiente en un entorno normalizado. Tienen como finalidad facilitar el desarrollo de la autonomía personal y la integración social de las personas usuarias en un ambiente normalizado, a partir de ayudas para favorecer las actividades cotidianas, organizativas y relacionales. Existe una amplia nomenclatura para estas viviendas: pisos protegidos, viviendas tuteladas, alojamientos supervisados…las diferencias se establecen básicamente a partir de tres variables:*El colectivo al que va dirigido: mujeres víctimas de violencia de
género, personas mayores, personas con discapacidad intelectual…*El objetivo de la intervención, como alternativa al internamiento o como una alternativa al núcleo familiar.*El nivel de supervisión, en relación con el nivel de independencia.*El número de personas que forman la unidad convivencial.

Alojamientos alternativos p.Mayores:


Dirigidos a personas mayores de 65 años con un alto grado de autonomía y que pueden contar con cierto grado de protección. Existen diferentes modalidades: Viviendas individuales o bipersonales, con configuración variable como pisos o viviendas convenciales, edificios de apartamentos creados con esta
finalidad o complejos urbanísticos. Suelen disponer de servicio de
teleasistencia. Su ventaja es el resguardo de la intimidad del usuario con el inconveniente de mayor riesgo de aislamiento. Viviendas tuteladas compartidas, en este caso la vivienda es más grande y en ella conviven varias personas. La intensidad de la tulela y el apoyo variará y, a menudo, se presta desde una residencia o centro de día próximo que además presta los demás servicios. Pequeñas unidades de convivencia o mini-residencias, con funcionamiento parecido al de un hogar en el que sus miembros realizan las tareas cotidianas habituales. Dentro del mismo hogar se proporciona atención a sus miembros, lo que hace posible que puedan vivir personas con cierto deterioro cognitivo. Viviendas compartidas entre jóvenes y personas mayores, poco extendido en nuestro país, consiste en la integración de un/una joven en el domicilio de la persona mayor a cambio de una cantidad en metálico u otras ayudas como compañía, tareas domésticas, atención personal.

Alojamientos p. Discapacidad o enfermedad mental:


 Las personas que convivan, entre 4 y 8 normalmente, deben ser un grupo homogéneo en cuanto a sus carácterísticas y necesidades de apoyo para hacer factible su funcionamiento. La terminología utilizada es amplia pero en general se pueden establecer las siguientes: Viviendas tuteladas, destinadas a personas con necesidades de apoyo generalizado. Viviendas apoyadas, con necesidades de apoyo limitadas. Viviendas supervisadas, destinadas a personas con bastante autonomía pero con apoyo intermitente.
Viviendas normalizadas, que permiten vivir de manera autónoma a un
grupo homogéneo de personas con discapacidad o enfermedad mental
leve.


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