Valores mezquinos

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2. Encontramos una diferencia básica entre ambos filósofos si atendemos a la consideración que cada uno hace de la razón. Para Nietzsche la facultad racional no puede penetrar en la esencia básica de la vida caracterizada como cambio, devenir y desarrollo. A1 dejarnos guiar por la razón y despreciar los instintos estamos despreciando, a su vez, la vida. Para Ortega, mientras tanto, la razón es una facultad humana indispensable ya que es necesaria para analizar las circunstancias que a cada uno nos rodea, dar sentido a nuestra vida y plantearnos nuestro proyecto vital. De ahí que más que considerar a Ortega vitalista, como a Nietzsche, debemos denominarlo raciovitalista. 3. Ambos tienen una consideración heracliteana de la realidad. Tanto para Ortega como para Nietzsche la vida, como realidad última, se caracteriza por el devenir, el cambio, la evolución. La realidad está sometida a la historia. 4. A pesar de lo dicho en el punto anterior los dos tienen una idea diferente del tiempo. Para Ortega el tiempo sólo puede ser entendido de un modo lineal, en el cual los acontecimientos pasados son irrepetibles. Para Nietzsche el tiempo es entendido de una manera cíclica como Eterno Retomo. Para él todos los acontecimientos pasados, presentes y futuros están condenados a repetirse eternamente. 5. Los dos tienen una consideración parecida de la vida como proyecto. El superhombre (artista trágico) para Nietzsche y el hombre con existencia auténtica para Ortega son aquellos que construyen su vida creativamente y haciendo uso de su libertad.

Critica metafísica: El error fundamental de toda la metafísica desde Sócrates está en la invención de un mundo racional y la desvalorización de lo opuesto a ese mundo racional, el que se ofrece a los sentidos, el mundo del devenir.

La invención del Mundo Racional trae consigo la invención de los conceptos básicos de toda la metafísica tradicional: entidades “racionales” como esencia, substancia, unidad, alma, Dios, permanencia; estas entidades son puras ficciones, nada nos garantiza su existencia, como no sea el prejuicio y el poder fascinador del ejercicio de la razón. Dado que el mundo que se muestra a los sentidos no presenta estas carácterísticas pues éstos nos ofrecen la corporeidad, lo cambiante, la multiplicidad, el nacimiento y la muerte, los filósofos acaban postulando la existencia de dos mundos, el mundo de los sentidos, pura apariencia, irrealidad, y el Mundo Verdadero, el Ser, dado a la razón, y horizonte último de nuestra existencia. Esto es precisamente lo que Nietzsche llama “platonismo”.

Nietzsche considera que en la aparición de la metafísica occidental encontramos dos elementos básicos: uno de índole psicológico, y otro, la fe en el lenguaje.

Origen psicológico de la metafísica: La raíz moral (inmoral, dirá Nietzsche) que motivó la aparición de la filosofía platónica fue el temor a la mutación, la muerte y la vejez, lo que le condujo a inventarse un mundo en donde no estén presentes dichas categorías. Las categorías metafísicas como sustancia, ser, esencia, unidad, son puras invenciones para en ellas encontrar el reposo, la regularidad y calma que realmente no sugiere el único mundo existente, el que se ofrece a los sentidos.
La metafísica platónica –y en el fondo, toda la occidental– es un síntoma de resentimiento ante el único mundo existente, miedo al caos

Influencia de la gramática para Nietzsche el lenguaje da lugar a una visión errónea de la realidad:

  • la mayoría de las frases de nuestro lenguaje tienen la estructura sujeto-predicado, estructura que da pie a una interpretación sustancialista de la realidad
  • en nuestro lenguaje son fundamentales las frases con el verbo ser, verbo  que favorece la idea de la existencia de entidades dotadas de rasgos permanentes


Nietzsche critica de la moral tradicional su dogmatismo moral y  su carácter antivital. Critica a la moral tradicional: Crítica a la consideración objetiva de la moral: Platón situó los valores en el mundo eterno e inmutable de las Ideas, el cristianismo los sitúa en el ámbito eterno e inmutable de la mente de Dios. Pero la moral tradicional, dice Nietzsche, se equivoca totalmente: los valores morales no tienen una existencia objetiva, no existe un ámbito en el que se encuentren los valores como realidades independientes de las personas. Los valores los crean las personas, son proyecciones de nuestra subjetividad, de nuestras pasiones, sentimientos e intereses, los inventamos, existen porque nosotros los hemos creado. Sin embargo, es frecuente olvidar este hecho, de ahí que habitualmente los vivamos como objetivos y los sintamos como mandatos, como exigencias que vienen de fuera. La moral tradicional creyó también que las leyes morales valen para todos los hombres: si algo es bueno es bueno para todos, si algo no se debe hacer no es correcto que lo haga nadie. Esto es, precisamente, lo que indicaba el imperativo categórico kantiano y la conclusión a la que se podía llegar también a partir de la consideración tomista de la ley moral como consecuencia de la ley natural, y ésta de la ley eterna. Nietzsche niega este segundo rasgo del dogmatismo moral: si realmente los valores existiesen en un Mundo Verdadero y Objetivo podríamos pensar en su universidad, pero no existe dicho Mundo, por lo que en realidad los valores se crean.

La moral tradicional es antivital: el criterio utilizado para esta apreciación es el de la fidelidad a la vida: los valores de la moral tradicional son valores contrarios a la vida, contrarios a las categorías básicas que parecen estar involucradas en la vida. La moral tradicional (la moral cristiana) es “antinatural” pues presenta leyes que van en contra de las tendencias primordiales de la vida, es una moral de resentimiento contra los instintos y el mundo biológico y natural. Esto se ve claramente en la obsesión de la moral occidental por limitar el papel del cuerpo y la sexualidad. Critica religión y muerte Dios:

Nietzsche considera que la religión cristiana lleva hasta el final el desprecio por la vida . Su superación radical es necesaria para la aparición del hombre nuevo, del superhombre. Considera vertadero el ateísmo y falsa toda creencia en lo sobrenatural. 


1. La “metafísica cristiana”: Nietzsche resume la concepción del mundo propia del cristianismo indicando que esta religión es “platonismo para el pueblo”: el espíritu que anima al cristianismo es exactamente el mismo que animó a Platón, la incapacidad vital para aceptar todas las dimensiones de la existencia y el afán de encontrar un consuelo fuera de este mundo. El cristianismo no añade nada esencialmente nuevo a la filosofía platónica; el cristianismo presenta una escisión en la realidad: por un lado el mundo verdadero, eterno, inmutable, en donde se realiza el Bien, la Verdad y la Belleza, y por otro el mundo aparente, cambiante, abocado a la muerte e imperfecto; por un lado el mundo del espíritu, por otro el mundo de la corporeidad. El cristianismo traduce la filosofía platónica en términos comprensibles para todo el mundo. Por esta razón las críticas al platonismo valen también para el cristianismo.

2. La moral cristiana: con el cristianismo triunfa una moral que reivindica valores propios de lo que llama Nietzsche “moral de esclavos”, los valores de la humildad, el sometimiento, la pobreza, la debilidad, la mediocridad. El cristianismo, dice Nietzsche, solo fomenta los valores mezquinos: la obediencia, el sacrificio, la compasión, los sentimientos propios del rebaño; es la moral vulgar, la del esclavo, la moral de resentimiento contra todo lo elevado, lo noble, lo singular y sobresaliente; es la destrucción de los valores del mundo antiguo, muerte Dios: La creencia en Dios es una consecuencia de la vida decadente, de la vida incapaz de aceptar el mundo en su dimensión trágica; parece apelar a una motivación psicológica: la idea de Dios es un refugio para los que no pueden aceptar la vida. Cuando Nietzsche declara que Dios ha muerto quiere indicar que los hombres viven desorientados, que ya no sirve el horizonte último en el que siempre se ha vivido.

La muerte de Dios significa que el mundo suprasensible ha perdido en su totalidad su pretendida función ordenadora de las existencias humanas y que, por tanto, el hombre se ha quedado sin brújula, sin sentido que darle a esta vida. Sin Dios y sin mundo suprasensible, el hombre ha perdido totalmente la orientación en el mundo.


2.- La idea del superhombre

Piensa Nietzsche que el hombre es un ser miserable e inmundo, un ser a medio hacer, un puente entre la bestia y el superhombre, un paso de la pura animalidad a la superhumanidad. El hombre es como una enfermedad en el universo, y es el único animal que todavía no ha llegado a consolidarse. La vida humana conlleva un grave riesgo: o vencer al hombre mediante la superación, o volver a la animalidad primitiva. Mientras todos los animales han producido algo superior a ellos, el hombre se resiste a evolucionar, no quiere abandonar los valores tradicionales y dar un nuevo sentido a la humanidad. Está pues, a diferencia del animal, vuelto al futuro ignorando la vida presente y concibiendo ideales. Habría según Nietzsche tres versiones del ideal humano: el ideal estético donde se armoniza lo dionisíaco (vida desenfrenada) y lo apolíneo (armónía); el ideal científicodonde el hombre sabio conoce la realidad del mundo y afirma la vida; y el mayor ideal, el superhombre, donde se integra y sintetiza el radical cambio de valores que propónía Nietzsche. De acuerdo con Nietzsche, las masas (a quien denominaba “rebaño”, “manada” o “muchedumbre”) se adaptan a la tradición, mientras su superhombre es seguro, independiente y muy individualista. El superhombre siente con intensidad, pero sus pasiones están frenadas y reprimidas por la razón centrándose en el mundo real, más que en las recompensas del mundo futuro prometidas por las religiones y el superhombre nietzscheano afirma y ama la vida, al destino (amor fati) y a la tierra, incluso al sufrimiento y al dolor que conlleva la existencia humana, es un creador de valores y refleja la fuerza e independencia de alguien que está liberado de las ataduras de lo humano “atontado” por la docilidad cristiana, excepto de aquéllas que él juzga vitales.Nietzsche sosténía que todo acto o proyecto está motivado por la “voluntad de poder”. La voluntad de poder no es tan sólo el poder sobre otros, sino el poder sobre uno mismo, algo que es necesario para la creatividad. Tal capacidad se manifiesta en la autonomía del superhombre, en su creatividad y coraje.


La imagen del superhombre permanece por el momento indeterminada. Pero Nietzsche traza una línea de aproximación a él al caracterizar ciertas formas previas y ciertos precursores de ese hombre perfecto y sano al que se ha denominado superhombre. El hombre, como puente hacia el superhombre, se da en aquellos precursores que Nietzsche menciona: los grandes despreciadores, los trabajadores e inventores, los que aman su virtud y a la tierra, los que castigan a su Dios, los muy ricos, los espíritus libres, etc. En todos los precursores se encarna y prefigura el superhombre pero lo que en ellos se encuentra desparramado, en él se encuentra todo junto: superhombre>>.

Para llegar al superhombre, el hombre tiene que autosuprimirse, y este proceso debe pasar por tres fases como presenta Nietzsche en el primer discurso de Zaratrusta < de="" las="" tres="" transformaciones="">>, que trata de la transformación que lleva al hombre a la libertad creadora que se conoce a sí

misma. >.

El camello significa la existencia en el modo de ser de la grandeza, significa el hombre de gran respeto, que se inclina ante la omnipotencia de Dios, ante la grandiosidad de la ley moral y que se arrastra y se carga voluntariamente con los grandes pesos. El hombre que está bajo el peso de la trascendencia, el hombre del idealismo: éste se asemeja en el discurso de Nietzsche, al camello. No desea tener facilidades, desprecia la ligereza de la vida ordinaria y pequeña, quiere tareas en que demostrar sus fuerzas, quiere cumplir mandamientos pesados, quiere su deber y todavía más, quiere obedecer a Dios y someterse al sentimiento de la vida que pende sobre él. Rodeado por un mundo compacto de valores, está sometido, de manera resignada y voluntaria, al mandamiento del “tú debes”. En resumen, el camello es el símbolo del hombre actual, que todavía está impregnado de la moral de los esclavos y que soporta el peso de la carga con paciencia.


El camello que marcha cargado hacia el desierto se transforma aquí precisamente en león.
El espíritu respetuoso y sumiso se transforma en “león”, es decir, arroja de sí las cargas que le agobiaban y oprimían desde fuera, lucha con su “último Dios”: la moral objetiva. En la lucha del león contra la moral idealista, el hombre se crea su libertad pero esta libertad del león que dice “no”, esta libertad que rehúsa a Dios y a la moral objetiva y se da cuenta de que todo esto son ilusiones. La libertad que ha conseguido el león es sólo la libertad negativa, la “libertad de”, pero no es todavía la “libertad para”: >. El león contrapone al “tú debes”, que domina al camello, su soberano “yo quiero”. Pero todavía hay demasiada porfía y demasiado endurecimiento en sí mismo. La nueva voluntad es todavía querida, no posee la auténtica soltura del querer creador, de una proyección de valores nuevos. En resumen, el león es el símbolo del hombre revolucionario, el que se levanta contra la moral de los esclavos. A su vez, el león después de romper las cadenas de la esclavitud tiene que transformarse en niño. La nueva proyección de valores nuevos la tiene sólo el niño. su voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo.>>5 La libertad como proyección de nuevos valores y de nuevos mundos de valores es aludida con la metáfora del juego. La naturaleza de la libertad positiva, que ya es “libertad para”, es el juego. La muerte de Dios pone de manifiesto el carácter de aventura y de juego de la existencia humana. La transformación del hombre en superhombre no es un salto, en el que de repente aparece, por encima del homo sapiens, una nueva raza de seres vivos. El niño simboliza, por tanto, la pureza, el olvido y la inocencia de la infancia, desde la que se recrea la nueva tabla de valores tras la muerte de Dios. En las metáforas del “camello”, el “león” y el “niño” no debemos ver solamente el cambio esencial de la libertad humana que se libera para llegar a ser ella misma y el origen del superhombre sino también la evolución filosófica de la idea del superhombre en Friedrich Nietzsche.


El superhombre representa, pues, esa nueva tabla de valores: el amor a la vida y al destino (amor fati), el sentido de la Tierra y la exaltación de los instintos ascendentes. El hombre para convertirse en superhombre ha de expulsar de su interior a Dios. No se trata de una divinización del hombre, sino todo lo contrario, una sustitución de Dios por el superhombre, de tal forma que éste se convierta en un ser con plenitud de poder y de dominio sobre sí y sobre los demás. Pero esta transformación requiere, según Nietzsche, de una voluntad de dominio, de agresión y de sentimientos hacia lo ajeno, la “voluntad de poder”. Gran parte de los escritos de Nietzsche han sido sacados de contexto, y muy especialmente los que hacen referencia al superhombre y a la raza superior. No fue de ayuda para el filósofo que su hermana Elizabeth le asegurara a Hitler que él era lo que su hermano tenía en la cabeza cuando hablaba del superhombre. Al aludir al superhombre, Nietzsche no pensaba en un gigante rubio que domina, persigue y mata a los “hombres Inferiores”, sino que hablaba de una nueva dirección, pero esta nueva dirección me plantea una duda: ¿es posible la existencia de algún hombre en la sociedad actual donde se le pueda aplicar la idea del superhombre? De esta duda hablaré en el siguiente apartado del desarrollo.


60/70: monologo interior,contrapunto,ojo cinematográfico,despersonalización pers,deshumanización,ruptura espacio-temporal,fusión géneros,perdida imp tema,renovación lingüística.

Luis martín santos: tiempo en silencio1962, Juan goytisolo:señas de identidad,Luis goytisolo: reencuentro, gonzalo t ballester: fragmentos del apocalipsis, Juan marse: las ultimas tardes con teresa, Juan benet: volverás a región, Juan García hortelano, camilo José cela: san camilo 36, eduardo mendoza.

50: Jesús Fernández santos: los bravos: rafael Sánchez ferlosio: el jarama, Juan goytisolo: resaca, juegos de manos, l goyti: las afueras, Juan García hortelano: nuevas amistades, tormenta de verano, Juan marse: la cara oscura de la luna, Luis romero: la noria, ignacio aldecoa, López salinas: la mina, López pacheco: central eléctrica, Manuel caballero bonald: dos días de spt, alfonso grosso: la zanja.

98:Valle-Inclán, Antonio Machado, ángel ganivet, maetzu,Azorín:voluntad, Castilla, Unamuno, Pío Baroja:el árbol de la cienc, zalacain el aventurero.

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