Ultimas tardes con teresa examen

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intención ideológica, creyendo que los narradores, al igual que los poetas, pueden cambiar la sociedad y solucionar sus problemas. También, aunque se ciñen a la tradición realista española, entran en contacto con el cine y la novela realista norteamericana y con el neorrealismo italiano.Estas influencias les llevan a la utilización de nuevas técnicas narrativas:
La no intervención del autor en los personajes (ocultamiento del autor que actúa como una cámara cinematográfica) y, por tanto, la omnipresencia de los diálogos, el desarrollo de la trama mediante métodos conductistas basados en el esquema estímulo-respuesta y la estructuración del texto en secuencias, también a la manera del cine.
El modelo lo dio Los bravos de Jesús Fernández Santos, novela que afianzó el Realismo social al plantear la asfixia colectiva de un pequeño pueblo controlado por un cacique y mostrar la miseria de la posguerra. En el mismo estilo publicó En la hoguera y, en 1964, LaberintosEsta nueva forma de novelar la llevó a su madurez El Jarama, de Rafael Sánchez Ferlosio, donde muestra, mediante la sobriedad expresiva de los diálogos, la falta de ilusión y el sinsentido en la vida cotidiana de unos jóvenes trabajadores que pasan un domingo en un merendero junto al río. Anteriormente, en 1951, nos presentó una novela que se ha considerado la precursora del Realismo mágico en España por mezclar lo fantástico y lo cotidiano: Industrias y andanzas de AlfanhuiJunto a ellos participan en la nueva novela Ignacio Aldecoa con El fulgor y la sangre y Con el viento solano;
Juan Goytisolo con
Juegos demanos, Duelo en el paraíso y La isla;
Ana María Matute con
Fiesta al Noreste y Primera memoria;
Carmen Martín Gaite con
Entre visillos;
Juan García Hortelano con
Nuevas amistades y Tormenta de verano; y Juan
Marsé con
Encerrados con un solo juguete y Esta cara de la luna.La SEGUNDA FASE del Realismo social se inicia en 1962 con la publicación de Tiempo desilencio, de Luis Martín Santos.
Esta novela, que dio un giro al Realismo social e influyó en todos los novelistas de la época, aporta cambios formales significativos, pero no temáticos ni de intenciones. Mantiene el compromiso social, la intención crítica, la denuncia de ambientes y personas y la actitud testimonial; pero a las técnicas añade otras propias de la novela contemporánea de Proust*
, Joyce*
y otros, como el monólogo interior (trascripción del pensamiento del personaje), el perspectivismo, el contrapunto (acciones paralelas) y el desorden temporal, al tiempo que el narrador se convierte en intérprete de la acción y deja de ser mero espectador.
Siguiendo sus huellas, tanto novelistas conocidos como nuevos, asimilanlas técnicas:
Juan Goytisolo en
Señas de identidad;
Delibes en
Cinco horas con Mario;
Cela en
San Camilo 1936;
Carmen Martín Gaite en
Retahílas; pero sobre todo Juan Marsé en Últimas tardescon Teresa, feroz crítica de la juventud burguesa que jugaba entonces a ser revolucionaria y del marginado que intentaba desclasarse; y Juan Benet con Volverás a Regíón, novela sobre la Guerra Civil que se relaciona con la novelística de Faulkner.
*

EXPERIMENTALISMO (1968-1975)

La renovación formal que realiza Tiempo de silencio despierta tal anhelo de cambio que la novela desemboca de modo progresivo en el Experimentalismo. A esta tendencia contribuyen de modo determinante el mayor conocimiento de Proust, Joyce y Faulkner y, sobre todo, la llegada a España de la novela hispanoamericana última:
Cortazar, Vargas Llosa, Fuentes, Oneti, etc.El Experimentalismo parte en la novela de conceptos tan extremos como éstos:La novela es lenguaje, texto, discurso ïHay que destruir la trama y el argumento Las técnicas, y no los personajes, ni la acción ni la historia, son lo único importante.El resultado es un nuevo manierismo formalista que lleva a la novela a un callejón sin salida ya la redacción de textos incomprensibles con el consiguiente alejamiento de los lectores. Sólo quienes utilizan el Experimentalismo con moderación o realizan una parodia del movimiento, con humor e ironía, nos dejan títulos inolvidables: Si te dicen que caí, de Juan Marsé, La saga/fuga de J.B. , de Torrente Ballester, y La escuela de mandarines, de Miguel Espinosa, tremendamente paródicas, críticas y humorísticas.
Juan Goytisolo busca nuevos caminos en Reivindicación del conde don Julián y Juan Sin Tierra, donde se propone la destrucción de la novela como género.

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