Transformaciones agrarias y expansión industrial en el Siglo XIX resumen

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8.2 La revolución industrial en la España del siglo XIX. El sistema de comunicaciones: El ferrocarril. Proteccionismo y librecambismo. La aparición de la banca moderna.

El proceso industrializador comenzó en la industria textil algodonera, con su área de expansión En Cataluña, donde ya existía una importante actividad comercial y una cultura manufacturera y artesanal basada en la lana. El sector de algodón (indianas) se desarrolló en Cataluña gracias a la protección arancelaria. Desde finales del Siglo XIX, el sector Sufríó una crisis general por la pérdida de las últimas colonias españolas (al perder Cuba, las materias primas encarecen).

La industria siderúrgica se establecíó en España junto a las minas de hierro y carbón. Se crearon Fábricas en Málaga, Asturias, Vizcaya y Santander. Se desarrollaron talleres, manufacturas y producción a domicilio. Empezó a invertirse en industria cuando se estancó la deuda pública. Se industrializaron la rama agroalimentaria (harinera, conservera y vitivinícola), La química (colorantes de tejidos, explosivos), la fabricación de maquinaria (industria textil, herramientas), la fabricación de transportes (astilleros) y la industria del papel. La Ley de Minas de 1868 facilitó la llegada de capital extranjero, sobretodo De Gran Bretaña y Francia, para aprovechar las minas y exportar sus productos. De esta forma, en 1900 los minerales constituían ya un tercio de las exportaciones españolas. Parte de los beneficios obtenidos se reinvirtieron en la Península, sobretodo en el País Vasco. Alrededor de las minas surgieron numerosas industrias y redes de ferrocarriles. Algunos enclaves (Río Tinto, en Huelva) quedaron apartados de las rutas principales. La fuente de energía fundamental en la Revolución Industrial fue el carbón, que Era escaso, caro y de baja calidad. Su extracción estaba muy protegida por los aranceles, lo que encarecíó los costes de la industria siderometalúrgica.


Tradicionalmente, las comunicaciones se habían visto perjudicadas por el relieve peninsular. A Estas dificultades se unieron los conflictos bélicos de comienzos de siglo (Guerra de la Independencia, Guerras Carlistas), que interrumpían las comunicaciones y fomentaban el bandolerismo. Por ello se creó una red ferroviaria, impulsada por la Real Orden Sobre Creación de Ferrocarriles (1844) y permitíó la construcción de las primeras líneas ferroviarias peninsulares (Barcelona-Mataró y Madrid-Aranjuez). La primera línea ferroviaria española fue en Cuba. Se promulgó la Ley General de Ferrocarriles (1855), Que concedíó enormes privilegios para fomentar la actividad ferroviaria. Se inició tarde, se llevó a cabo con demasiada rapidez y su planificación fue poco racional, dando lugar a inconvenientes como el ancho de la vía, diferente al resto de Europa. La fabricación De trenes no benefició a la industria nacional, ya que buena parte del capital, tecnología e iniciativa empresarial provino de Francia y la minería de los ingleses. La navegación a vapor tuvo escasa importancia; a partir del año 1870 fue impulsada desde el País Vasco (donde se creó la empresa Astilleros del Nervión en 1888). El transporte marítimo en Cataluña permanecíó vinculado a la navegación a vela. También se modernizó el servicio de Correos, que se extendíó por más lugares, y se creó el sello. Se inició La telegrafía eléctrica (1854), que sustituyó a la óptica. A final de siglo se inventó el teléfono mediante operadoras.


En cuanto al comercio exterior, España se especializó en exportar materias primas y productos semielaborados E importar manufacturas, lo que causó un déficit comercial crónico, financiado por las remesas de dinero enviadas por los emigrantes, las importaciones de capital debido a las inversiones extranjeras,  y los préstamos suscritos en el extranjero por el Estado. La tendencia general de la economía europea hasta el año 1870 fue el librecambismo, liderada por la política económica de Gran Bretaña. Se llevó a cabo por los progresistas durante la Regencia de Espartero, en la cual se intentó firmar un acuerdo de libre Comercio con Reino Unido, pero se encontraron importantes resistencias y fueron impopulares. Se creó un tratado de libre comercio y se rebajaron los aranceles aduaneros mediante el arancel
Figuerola (1869). Se creó la Asociación para la Reforma de los Aranceles De Madrid en la que estaban políticos como Figuerola y Moret, apoyados por los capitalistas madrileños y exportadores levantinos y andaluces agrarios. La política proteccionista se llevó a cabo por los moderados, siguiendo la tradición mercantilista, que fue Continuada por el Partido Conservador de Cánovas.

Desde el año 1870 hasta 1914 la tendencia europea fue proteccionista, elevando los precios de los Aranceles.  Los interesados en subir los aranceles eran la industria textil catalana, la industria siderometalúrgica vasca los productores de trigo castellano y la minería asturiana. La principal entidad proteccionista fue Fomento del Trabajo Nacional en Barcelona. En 1891 se da una nueva ley arancelaria para subir los aranceles y en 1906, un nuevo arancel proteccionista.

Durante el Bienio Progresista se crearon nuevas entidades financieras como los bancos de emisión De billetes (1856), especializados en créditos comerciales a corto plazo, y las sociedades de crédito, que podían realizar préstamos a largo plazo. Los bancos financiaron las compañías ferroviarias y la deuda pública. Entre ellos estaban el de Barcelona, Santander Y Bilbao. El Banco de San Fernando se amplió y se convirtió en el Banco de España (1856), y tenía como objetivo inicial atender las necesidades de financiación del Estado. En 1874 obtuvo el monopolio de emisión de billetes y moneda, por lo que el resto de Entidades pasaron a ser exclusivamente sociedades de crédito comercial y financiación industrial. En el año 1868 la peseta (creada durante el Sexenio Democrático) se convirtió en la moneda nacional para unificar el mercado. El capital nacional y extranjero Se invirtió en deuda pública. El déficit crónico de los presupuestos estatales favorecíó estas inversiones. La reforma fiscal Mon-Santillán (1845) simplificó y racionalizó los impuestos sobre la base de los principios de igualdad y proporcionalidad y creó Un presupuesto estatal general de carácter anual. Sin embargo, la reforma estaba basada en los impuestos indirectos, que gravaban especialmente el consumo de las clases populares

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