Transaccionistas en la guerra carlista

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Los orígenes del carlismo de remontan a la “década ominosa” En síntesis la guerra puede interpretarse como un enfrentamiento entre absolutistas (los carlistas) y liberales (los isabelinos). Las causas reales de la guerra son de tipo político; el factor dinástico es un pretexto.

Ideología del carlismo:


Legitimismo


. Carlos María Isidro no acepta la Pragmática Sanción de Fernando VII y se considera su legítimo heredero.

Alianza Altar-Trono


. Los carlistas son partidarios de respetar la situación privilegiada de la iglesia dentro del Estado. La defensa de la religión en una idea capital.

Foralismo


. El carlismo defiende la permanencia de los fueron en Navarra y el País Vasco.

Anticapitalismo


Al defender el mantenimiento de formas de propiedad y de vida tradicionales (gremios, propiedades comunales…).

En Navarra y el País Vasco fueros e intereses económicos van unidos. Para los campesinos, los fueros suponen una protección (por las aduanas) contra carestía. Esto mantiene los precios de los víveres estables. Aunque la mayoría de la población era procarlista, la burguésía de las ciudades fue isabelina.

Apoyos de los bandos. Los carlistas contaron con el apoyo de la iglesia. Sobre todo el clero regular. Sectores perjudicados por las medidas capitalistas, como los campesinos y el artesanado, fueron carlistas. La mayor parte de la nobleza y la burguésía eran liberales; mientras el campo era carlista, las ciudades eran liberales. Geográficamente las tres zonas de implantación carlista fueron: País Vasco-Navarra, interior de Cataluña y el Maestrazgo de Teruel-Tarragona-Castellón. La capital carlista va a ser Estalla (Navarra).

Pese a la superioridad en hombre y material de los cristinos, los carlistas equilibraron la contienda porque sus tropas son voluntarios que combaten en su terreno, contaron con mejores generales, Zumalacárregui y Ramón Cabrera que aplicaron una táctica de guerra de guerrillas. La guerra fue dura y las represalias arbitrarias de ambos bandos fueron frecuentes.

Uno de los planes estratégicos de los carlistas fue tomar una gran ciudad. El sitio de Bilbao fue un fracaso y en él murió Zumalacárregui. Tras el fracaso intentaron romper su aislamiento mediante expediciones por el resto de España. La “expedición real”  Llega a las puertas de Madrid, pero el pretendiente no se decide a tomar la capital.

En 1839 una parte del ejército carlista dirigida por el general Maroto pactó la paz con el general isabelino, Baldomero. Se produce la derrota del carlismo, pero con unas condiciones. El Convenio de Vergara supuso: La rendición del ejército carlista vasco-navarro con un vago compromiso de respetar los fueros.

El Convenio de Vergara fue ratificado por las Cortes mediante la Ley que establecía que los fueros serían respetados en lo que fueran compatibles con el Estado liberal, y que la nueva situación sería establecida por una ley de Cortes, oídas antes las provincias afectadas. Comenzaron las negociaciones. Con Navarra hubo problemas y la Ley de 1841 establecíó la desaparición del reino de Navarra, de las fronteras y la obligación del servicio militar y los impuestos como el resto del país. A cambio mantuvo su derecho civil privado y una autonomía ejercida a través de la Diputación Foral con competencias en obras públicas, seguridad y en puestos que debe enviar a Madrid. La autonomía fiscal supone un trato de favor respecto del resto del país y se mantiene vigente, Con las instituciones vascas no se llegó a ningún acuerdo y la situación quedó muy confusa.

En el Maestrazgo, Cabrera siguió combatiendo hasta 1840. Una parte del carlismo, los “transaccionistas”, son los que han impuesto la paz. Los “intransigentes” siguieron luchando. Esto va a ser una constante del carlismo ir padeciendo divisiones internas. El carlismo nunca llega a desaparecer y en épocas de crisis y de cambio político rebrota con fuerza.

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