Los temas poéticos de Miguel Hernández

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TEMAS POÉTICOS DE MH


El eje temático de Miguel Hernández de centra en la naturaleza y el amor.

En primer lugar, la naturaleza, Miguel es un poeta profundamente ligado a esta por su origen y sus circunstancias entra en contacto directo con ella, y de ella toma sus primeros conocimientos sobre la vida. La naturaleza más que un tema se considera como una constante en su imaginario poético desde sus inicios: los versos de adolescencia responde a una poesía sensorial reflejo de los acontecimientos sencillos de su vida, en la que plasma la realidad circundante (paisaje Orihuela, su quehacer como cabrero)

Pronto empieza a asimilar la influencia de Jorge guillen y Lorca; y la lectura de las églogas de Garcilaso lo llevara a la bucólica naturaleza vigiliana. Todo este material conduce su primer libro de poemas, perito en lunas, en el que se mantiene la tendencia a reflejar una naturaleza embellecida. El titulo ya remite al astro lunar, en cuanto símbolo de la fecundidad; la belleza se manifiesta en las flores (azucenas, nardos, lirios alhelíes…) y otros elementos vegetales destacan la palmera (palmera, silbo) y la higuera que adquiere una connotación erótica lo mismo que el agua (gota de agua). Igualmente aparece la fauna (toro y gallo)

A partir del rayo que no cesa la naturaleza se convierte en parte sustancial del imaginario político de Miguel. Ya no se trata solo una fuente de inspiración sino que se integra en la temática creando símbolos y sistemas de asociaciones. Así las flores (rosas, claveles jazmín nardo…) vergeles y vegas remiten al amor. El huerto a la fecundidad, y el oasis a la amada.

Lo mismo sucede con los fenómenos atmosféricos que aparecen ligados a la fuerza de los sentimientos, de ahí proviene el campo asociado al viento (huracán, huracanado vendaval, aventar viento…) representando el ansia de libertad y el de la tormenta como símbolo del dolor.

En segundo lugar, el amor
. Se puede decir que la poesía hernandiana es poesía amorosa. El sentimiento pasional es el gran eje, pero ese amor adoptará formulaciones distintas. Ciñéndonos a la concepción del amor hacia los seres humanos, al margen del amor divino de su etapa católica, podemos distinguir:
-El despertar sexual (carpe diem) y la pugna religiosa. /

-El amor-lamento y el amor-ilusión de la tradición literaria

El amor se convierte en una metáfora: la herida. /

-El amor-dolor que va de la tradición a la realidad

En 1934 se enamora de una modista llamada Josefina Manresa, y comienza a re elaborar la poesía religiosa de San Juan de la Cruz en clave erótica, se deja influir por el petrarquismo de Garcilaso o Quevedo, naciendo su primer gran libro de sonetos amorosos, El rayo que no cesa (1935). El poeta habla de un amor real, concreto, que lo tortura no por no ser correspondido, sino por no poder ser gozado sexualmente.

-El amor-alegría

El amor-fraternidad. Es el amor a la mujer que va a darle un hijo (Canción del esposo soldado). Es el amor al hijo que le hace vencer el odio y el resentimiento ya en la prisión (Nanas de la cebolla), es el amor-alegría para tolerar la durísima realidad de ausencias y privaciones. También es el amor al pueblo que lo hace estar junto a él luchando por la igualdad y la justicia. Es el amor que impera en Viento del pueblo.

-El amor-odio

En el tramo final de la guerra, Miguel Hernández siente miedo pues descubre que el hombre es una amenaza para el propio hombre. La guerra y el hambre han generado el odio; sobra el paisaje. El hombre se animaliza en sus poemas de El hombre acecha, pero el poeta necesita airear esta nueva condición del ser humano para conjurar el peligro y para trabajar por la esperanza.

-El amor-esperanza

Estalla la Guerra Civil y Miguel Hernández se encuentra con una realidad desmesurada y amenazante. Para combatirla, en su última etapa, el poeta debe empequeñecerla y hacerla vulnerable. Su modelo literario era Don Quijote, que había actuado al contrario.
Hernández asume la triste realidad y la hace suya. Su poesía última está llena de anhelo de vida ante tanta muerte y tanta miseria. Durante su vida carcelaria, el poeta se vuelve hacia sí mismo, hacia su mundo personal e interior. Es la fase definitiva de la rehumanización de la poesía: estremecedoras vivencias personales con un fondo de la horrible guerra que se elude o se presenta metaforizada.

Y por último, la vida y la muerte.
La poesía de Miguel Hernández es una poesía de la experiencia. En efecto, el mundo poético de Miguel Hernández se define como el del amor y la muerte, junto a la vida. En su obra se suceden todas las fases del crecimiento del individuo: desde los balbuceos y la ingenuidad de la infancia a los enamoramientos, el despertar de la conciencia y el sexo.

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