Teatro del 40

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El teatro posterior a 1936

  1. El teatro en los años cuarenta


    Las líneas dominantes del teatro en esta década tienen como rasgos compartidos la preferencia por la comedia y el carácter evasivo. Destacan la comedia burguesa, en la estela de la comedias de Benavente, con autores como Joaquín Calvo Sotelo, José López Rubio, Víctor Ruiz Iriarte o Edgar Neville, que cultivan un teatro estéticamente convencional e ideológicamente conservador; y la comedia del disparate, cuyos principales representantes son Miguel Mihura (Tres sombreros de copa) y Enrique Jardiel Poncela (Eloísa está debajo de un almendro) y que se caracteriza por el humor absurdo de raíz vanguardista.

  2. El teatro en el exilio

    Paralelamente, siguen escribiendo teatro los tres grandes dramaturgos españoles en el exilio: Rafael Alberti (El adefesio), Max Aub (San Juan) y Alejandro Casona, cuyas obras (La dama del alba, La barca sin pescador) presentan una combinación escapista de poesía y misterio cuyos rasgos principales son el conflicto entre fantasía y realidad y la presencia de personajes alegóricos, como el Diablo o la Muerte.

  3. El teatro comprometido

    En los años cincuenta surge en España un teatro comprometido con la realidad social y política del país, que oscila entre dos polos:
  4. El posibilismo de Antonio Buero Vallejo, en el que se inscriben tragedias con elementos simbólicos, caracterizadas por el uso de personajes históricos para reflexionar sobre el presente (El sueño de la razón, Un soñador para un pueblo), la presencia de elementos simbólicos (la ceguera, en El concierto de San Ovidio o En la ardiente oscuridad) y efectos de inmersión (La Fundación), que pretenden que el espectador tome conciencia de la trágica condición del ser humano, así como de la realidad de la época, marcada por la miseria, la ignorancia, la corrupción moral y la falta de libertad.
  5. El teatro de agitación política y social de Alfonso Sastre, cuyos dramas (La taberna fantástica) contienen, de manera más explícita, una denuncia de las injusticias sociales y de la situación política de España. Otros dramaturgos que optan por una estética realista para retratar críticamente la realidad del país son Lauro Olmo (La camisa), José Martín Recuerda (Las salvajes de Puente Genil), José María Rodríguez Méndez (Los inocentes de La Moncloa) o Ricardo Rodríguez Buded (La madriguera).

  6. El teatro experimental

    Influidos por el Surrealismo, el teatro del absurdo y el teatro de la crueldad, Fernando Arrabal y Francisco Nieva constituyen los dos autores fundamentales del teatro experimental o vanguardista, que reacciona contra el teatro realista de contenido social predominante en los años cincuenta. El teatro de Fernando Arrabal (El cementerio de automóviles), fundador del movimiento Pánico, presenta un carácter simbólico o alegórico, y aspira a sobrecoger o escandalizar al espectador mediante la violencia, el sexo o la locura. El teatro furioso de Francisco Nieva (Pelo de tormenta) tiene como tema central la crítica a la España tradicional, que se realiza por medio de un lenguaje dramático caracterizado por el erotismo y la desinhibición verbal, con elementos del carnaval y el esperpento.

  7. Teatro en democracia

    El teatro en la democracia está condicionado por dos factores: el apoyo institucional al teatro y la pérdida de importancia del dramaturgo y del texto dramático. Este último fenómeno tiene dos consecuencias: la importancia del director de escena y la aparición de grupos de teatro independiente (Els Joglars, La Fura dels Bauls, Tábano, Animalario…), cuya labor se caracteriza por la tendencia a la creación colectiva y a un teatro no verbal. Pervive, no obstante, un teatro de texto, con un renovado vigor en los últimos años.

  8. El teatro en los años ochenta

    Destacan autores como José Luis Alonso de Santos (con obras como Bajarse al moro, un ejemplo de obra realista de asunto contemporáneo) o José Sanchís Sinisterra (¡Ay Carmela!). En general, estos autores evitan el experimentalismo extremo, con la intención de recuperar la conexión con el público.

    Teatro reciente

    En los últimos años estrenan sus obras los autores de la llamada Generación Bradomín, con dos tendencias fundamentales: un teatro de la palabra, representado por Juan Mayorga, cuyas obras (Cartas de amor a Stalin, Hamelin) reflexionan sobre las distintas formas de opresión o dominación; y un teatro de experimentación radical, con autores como Angélica Liddell y Rodrigo García.

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