El teatro desde los 40 hasta la actualidad

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13ª. El teatro desde 1940 a nuestros días.

Culturalmente, la Guerra Civil (1936-1939) supone una violenta ruptura con aquellos avances artísticos conseguidos hasta entonces, quedando abortados esos empeños en transformar la Literatura española con recursos técnicos renovadores y temas más representativos del Siglo XX por parte de nuestros dramaturgos: entre otros, los componentes de la Generación del 98, del No­vecentismo y de la Generación del 27; todos ellos, defensores unánimes del teatro intelectual.

Tras la guerra el panorama es desolador:

- Algunos escritores han muerto (Miguel de Unamuno, Ra­món María del Valle-Inclán, Federico García Lorca).

- Mu­chos permanecen en el exilio (numerosos componentes de la Generación del 27, Jacinto Grau, Alejandro Casona, León Felipe, Max Aub).

- Otros esperan tiempos mejores en silencio, atravesando por una desorientación intelectual, de la que nuestra Literatura y, en concreto, el teatro se irán recuperando lentamente a través de una notable evolución, que cuenta con diferentes fases o etapas:

1ª)

Etapa de convalecencia

En los primeros años de la Posguerra sólo se permite una produc­ción tranquilizadora, con unos temas y unas técnicas triviales, continuadora de ciertas tendencias anteriores a la contienda bélica: el drama realista burgués, con una extensa nómina de seguidores de Jacinto Benavente; y, en especial, la comedia costumbrista, con Enrique Jardiel Poncela (“Eloísa está debajo de un almendro”), Miguel Mihura (“Tres sombreros de copa”, “Maribel y la extraña familia”, “Ninette y un señor de Murcia”) y Edgar Neville (“El baile”), entre otros.


2ª)

Literatura desarraigada

A finales de la década de los años 40 (más tardíamente que en la no­vela o la poesía) y primeros años de la década siguiente se desarrolla, en oposición a la poesía a­rraigada, la Literatura desarraigada, cargada de angustia y pesimismo, difusora de unos inquie­tantes síntomas existencialistas, centrada en la dimensión social o colectiva del individuo. Perte­necen a esta tendencia las primeras grandes obras de la Posguerra, que despiertan cierta confían­za en la recuperación de nuestra Literatura: “Historia de una escalera” de Antonio Buero Vallejo y “Escuadra hacia la muerte” de Alfonso Sastre, que marcan dos hitos en la historia del teatro español, ya que por primera vez suben a las tablas los problemas sociales y las inquietudes existenciales que interesan a nuestros dramaturgos.

3ª)

Realismo social

Desde mediados de la década de los años 50 y, sobre todo, durante la década de los años 60 se impone el Realismo social, como una evolución de la Literatura desarraigada: de aquella angustia existencial se pasa a las preocupaciones sociales. Contando con las influencias del teatro intelectual defendido por la Generación del 98, el No­vecentismo y la Generación del 27, el drama social pretende poner al descubierto realidades sociales españolas muy concretas (como la injusticia, la marginación, la explotación humana), a modo de documentos que sirvan de testimonio, protesta y denuncia; a la vez que intenta transformar el mundo. La labor pionera de Antonio Buero Vallejo y de Alfonso Sastre hace que se consolide una generación de dramaturgos que dio pie al llamado Teatro realista de protesta y denuncia. Se trata en efecto de un teatro comprometido con la denuncia de la injusticia social y la alienación del hombre en la sociedad española de la postguerra. La puesta en escena es realista pero no descarta algunos recursos más modernos inspirados en el sainete, el esperpento de Valle, el expresionismo o el simbolismo. Se adscriben a esta tendencia Lauro Olmo (La camisa), José Martín Recuerda (Las salvajes de Puente San Gil) o Carlos Múñiz (El tintero).


4ª)

Renovación de los recursos técnicos

Iniciado en la década de los años 60 y plenamente desa­rrollado en la década de los años 70, se produce un movimiento renovador de las formas dramáti­cas que trata de superar las limitaciones del Realismo social.

Unos nuevos dramaturgos (Fernan­do Arrabal, Francisco Nieva, y los grupos de teatro independientes ( Tábano, Els Joglars, Teatre Lliure, La Fura dels Baus), contando con las influencias de las vanguar­días, apuestan por la renovación de los recursos técnicos o formales relativos a los efectos audiovisuales, con el propósito de lograr tanto "un espectáculo total" como "un teatro pobre”, a través de las tendencias dramáticas más actuales (el teatro callejero, el teatro del absurdo, el teatro experimental).

5ª)

Últimas promociones de la Literatura española

Durante las décadas de los años 80 y 90 y en estos primeros años del Siglo XXI se fusionan el clasicismo y la renovación técnica para abarcar las preocupaciones humanas, tanto personales como sociales, mediante variados horizontes dramáticos (el sainete, la farsa, el esperpento, la comedia de costumbres, el drama naturalista, el Realismo poético y fantástico, el teatro de provocación).

Así, sobresalen obras ambientadas en épocas ya pasadas (fundamentalmente, la Guerra Civil: “Las bicicletas son para el verano” de Fernando Fernán-Gómez, “¡Ay, Carmela!” de José Sanchís Sinisterra) o en el presente más inmediato (“La estanquera de Vallecas” y “Bajarse al moro” de José Luis Alonso de Santos.

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