Rivalidad entrea adela y martirio

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(Entra Adela)


Adela: Tengo mal cuerpo.

Martirio: (Con intención.) ¿Es que no has dormido bien esta noche?

Adela: Sí.

Martirio: ¿Entonces?

Adela: (Fuerte.) ¡Déjame ya! ¡Durmiendo o velando, no tienes por qué meterte en lo
mío! ¡Yo hago con mi cuerpo lo que me parece!

Martirio: ¡Sólo es interés por ti!

Adela: Interés o inquisición. ¿No estabais cosiendo? Pues seguir. ¡Quisiera ser
invisible, pasar por las habitaciones sin que me preguntarais dónde voy!


(Salen todas menos Adela y la Poncia)


Adela: Me sigue a todos lados. A veces se asoma a mi cuarto para ver si duermo. No
me deja respirar. Y siempre: "¡Qué lástima de cara! ¡Qué lástima de cuerpo, que no va a
ser para nadie!" ¡Y eso no! Mi cuerpo será de quien yo quiera!


La Poncia: (Con intención y en voz baja.) De Pepe el Romano, ¿no es eso?

Adela: (Sobrecogida.) ¿Qué dices?


La Poncia: ¡Lo que digo, Adela!

Adela: ¡Calla!


La Poncia: (Alto.) ¿Crees que no me he fijado? ¡No seas como los niños chicos! Deja en paz a tu hermana y si Pepe el Romano te gusta te aguantas. (Adela llora.) Además, ¿quién dice que no te puedas casar con él? Tu hermana Angustias es una enferma. Ésa no resiste el primer parto. No vayas contra la ley de Dios.


Adela: Es inútil tu consejo. Ya es tarde. No por encima de ti, que eres una criada, por encima de mi madre saltaría para apagarme este fuego que tengo levantado por piernas y boca. ¿ Qué puedes decir de mí? Que me encierro en mi cuarto y no abro la puerta? ¿Que no duermo? ¡Soy más lista que tú! Mira a ver si puedes agarrar la liebre con tus manos.


La Poncia: ¡Tanto te gusta ese hombre!


Adela: ¡Tanto! ¡Y chitón!


La Poncia: ¡Lo veremos!


(Entran Martirio, Amelía y Magdalena)


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