Representación de nacionalismo

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Resume el origen y evolución del catalanismo, el nacionalismo vasco y el regionalismo gallego.
(PRÁCTICA)

El nacionalismo catalán tiene como referencia más remota el movimiento cultural de la Reinaxença, que era una reivindicación del catalanismo cultural que reclamaba la lengua y la cultura propias de Cataluña, y cuya expresión más notable es la producción literaria, manifestada popularmente en los juegos florales iniciados a mitad de siglo.

Con la Restauración, el catalanismo se constituye definitivamente en un movimiento político de la mano de Valentí Almirall, fundador del periódico Diari Catalá, desde donde se ejercía una labor eficaz de difusión del ideario catalanista.
Fue además uno de los redactores del Memorial de Greuges, presentado ante Alfonso XIII y en el que se defendía el proteccionismo industrial y el derecho de Cataluña frente a la uniformización del derecho español.

Prat de la Riba será quien formule la doctrina nacionalista que pretende la autonomía y el reconocimiento de la importancia de Cataluña en el estado. En 1892 colabora en la redacción de las Bases de Manresa, un documento guía del catalanismo político, en el que se exponen las competencias centrales que debe asumir el estado y las que deben ser propias de Cataluña. Entre ellas figuran las competencias plenas en materia de orden público y justicia, además del establecimiento de un parlamento de carácter corporativo.

En 1901 el dirigente catalanista organiza la Lliga Regionalista, como consecuencia de la fusión de la Uníó Regionalista y el Centre Nacional Catalá. En las elecciones a las Cortes de ese año, el catalanismo obtiene un triunfo político al conseguir acta de diputado (representación)
A sus cuatro representantes por Barcelona.

La Lliga sería, a partir de entonces, el vehículo político para reivindicar la identidad catalana dentro del estado español. Su líder más importante fue Cambó. En 1905, a raíz del incendio por los militares del diario La Veu de Catalunya, las diferentes fuerzas políticas de Cataluña se unieron en torno a la Lliga hasta formar el movimiento popular catalanista Solidaritat Catalana.

El nacionalismo vasco adquiríó carta de naturaleza política en 1895, con la fundación del Partido Nacionalista Vasco, por Sabino Arana, que extrajo del fuerismo su consecuencia última, el independentismo.

El ideario de Arana se basaba en la defensa de la integridad cultural y étnica del pueblo vasco, puesta en peligro por los defectos de la abolición de los fueros y por la industrialización de fines de siglo, que provocó una importante inmigración de gente no vasca. El nacionalismo vasco. Propugnaba desde un principio la independencia política.

Al contrario que el nacionalismo catalán, el nacionalismo Sabiniano no tiene base literaria, al estar la lengua vasca escasamente presente en textos poéticos o novelísticos. Arana dedica parte de su obra y de su tiempo a normalizar y estructurar el euskera. Los rasgos distintivos del nacionalismo vasco son: la raza, las costumbres, el antiespañolismo y un profundo catolicismo.

Pasando el tiempo, el líder nacionalista, evoluciónó desde el radicalismo inicial hacia otras posturas más moderadas, tendentes a la formación de una liga de vascos españolistas que contradecía totalmente las tesis separatistas que había mantenido hasta entonces, y desterraba el antimaketismo (odio a los no-vascos) que había impregnado sus discursos anteriores.

El nacionalismo gallego se desarrolla en el último decenio del Siglo XIX. Su origen se encuentra en una publicación de Alfredo Brañas en la que se plasma un primer programa político centrado en las defensas forales y en la descentralización.

A fines de siglo, se exponen los puntos esenciales del nacionalismo gallego y su vínculo con el estrechamiento de lazos entre los pueblos gallegos, sin menoscabo de la unidad nacional; reservar la representación parlamentaria de Galicia a los gallegos; combatir el caciquismo y

propagar las doctrinas convenientes para la protección y el fomento de las artes y las industrias gallegas, especialmente de la agricultura.

Este galleguismo no pretendía alcanzar un estado independiente, ni siquiera un federalismo, sino un modelo jurídico-político de descentralización designado con el término de autonomía.


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