El reinado de Isabel II (1833-1868): la primera guerra carlista. Evolución política, partidos y conflictos. El estatuto real de 1834 y las Constituciones de 1837 y 1845.

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Tema 6. La conflictiva construcción del estado liberal (1833-1874).
Tema 6.1. Revolución liberal en el reinado de Isabel II. Carlismo y guerra civil. Construcción y evolución del Estado liberal.
1. INTRODUCCIÓN.
2. EL CARLISMO.
3. LA APARICIÓN DE LOS PRIMEROS PARTIDOS POLÍTICOS.
4. EVOLUCIÓN POLÍTICA DEL REINADO DE Isabel II (1833-1868).
4.1. La regencia de María Cristina (1833-40). 4.2. La regencia de Espartero (1840-43).
4.3. El reinado efectivo de Isabel II (1843-68).
a. La Década Moderada (1844-1854).
b. El Bienio Progresista (1854-1856).
c. El nuevo periodo moderado (1856-1868)
5. CONCLUSIÓN.
1. INTRODUCCIÓN
Durante el reinado de Isabel II se produjo el tránsito definitivo del Antiguo Régimen al régimen liberal burgués.Pero la monarquía isabelina se fue volviendo cada vez más reaccionaria y acabó sin más apoyos que el Partido Moderado y la oligarquía económica del país.
2. Lla primera guerra carlista, en la que en principio se decidía quien debía ser el titular del trono: Isabel II, nombrada heredera por el difunto rey (Fernando VII) o el hermano de éste, Carlos María Isidro, sino un enfrentamiento entre dos modelos de Estado, el absolutista y el liberal.
- La tradición política del absolutismo monárquico.
- La restauración del poder de la Iglesia y de un catolicismo excluyente de cualquier otra creencia.
- Idealización del medio rural y rechazo de la sociedad urbana e industrial.
- Defensa de instituciones y fueros históricos de vascos.
Los apoyos del carlismo serían un sector del clero pequeños nobles rurales y parte del pequeño campesinadoEn cuanto a su ámbito geográfico, arraigó sobre todo en zonas rurales de País Vasco, Navarra, Aragón, la Cataluña interior y el Maestrazgo.
El bando isabelino fue apoyado por las altas jerarquías del ejército, la Iglesia y el Estado y por los liberales, que vieron en la defensa de los derechos dinásticos de la niña Isabel la posibilidad del triunfo de sus ideas.
El movimiento carlista desencadenó tres guerras, dos bajo el reinado de Isabel y la tercera durante los gobiernos de Amadeo I, de la I República y de Alfonso XII.
La primera guerra carlista (1833-40) fue la más violenta y dramática. A los pocos días de morir Fernando VII se produjeron ya los primeros levantamientos carlistas, proclamando rey a Carlos María Isidro, con el nombre de Carlos V. Aunque fue una Guerra Civil, tuvo también proyección internacional: las potencias absolutistas (Austria, Prusia y Rusia), así como el Papa, apoyaban más o menos abiertamente a Carlos, mientras que Inglaterra, Francia y Portugal secundaron a Isabel II.
Ambos bandos contaban con generales de gran talla: Zumalacárregui en el norte y Cabrera en el este, por los carlistas, y Espartero, por el bando isabelino.
El agotamiento carlista provocó finalmente una división interna del movimiento entre los intransigentes (partidarios de mantener la guerra) y los transaccionistas (partidarios de llegar a un acuerdo). Las negociaciones entre los generales Maroto (carlista moderado) y Espartero (liberal) culminaron en el Convenio de Vergara (1839), que puso fin a la guerra en el norte. El general
Cabrera resistíó en la zona levantina casi un año más.
La segunda guerra carlista (1846-49) fue menos importante. Carlos había abdicado en su hijo (Carlos VI) para propiciar un posible matrimonio entre éste y la reina Isabel. Al no producirse el enlace, se le cerraba a Carlos la opción pacífica de llegar al trono, desencadenándose esta segunda guerra, cuyo principal escenario (pero no único) fue en el campo catalán.
Las consecuencias de las guerras carlistas:
- La inclinación de la monarquía hacia el liberalismo
- El protagonismo político de los militares. Conscientes de su importancia en la guerra, los generales o “espadones” se colocaron al frente de los recién creados partidos políticos y se erigieron en árbitros de la vida política. El recurso a la práctica del pronunciamiento se convirtió en la forma habitual de cambios de gobierno.
- Enormes gastos de guerra que motivaron, en buena medida, ciertas reformas como la desamortización de Mendizábal.
3. APARICIÓN DE LOS PRIMEROS PARTIDOS POLÍTICOS.
A comienzos del reinado de Isabel, durante la regencia de María Cristina, surgieron los dos primeros partidos políticos, organizaciones de las dos grandes corrientes del liberalismo inicial: el Partido Moderado y el Partido Progresista. Más tarde, a mediados de siglo, aparecieron otros dos partidos como escisiones de los anteriores: el Partido Demócrata y la Uníón Liberal. Fuera del liberalismo, pervivía el carlismo, aunque más como movimiento que como partido político.
El Partido Moderado era partidario de la soberanía compartida entre Rey y Cortes, dotando al monarca de amplios poderes y limitando los derechos individuales de los ciudadanos. Contaba con el apoyo de los sectores de mayor poder económico (grandes terratenientes, alta burguésía y clase media alta), y estaba dirigido por el general Narváez.
El Partido Progresista defendía la soberanía nacional, representada en las Cortes, y buscaba limitar el poder del Rey. Su base estaba en la mediana y pequeña burguésía y, en general, en las clases medias, empleados y artesanos. Su gran figura era el general Espartero, de gran carisma por su victoria en la primera guerra carlista.
El Partido Demócrata fue una escisión del anterior, surgido en el contexto de la agitación revolucionaria que recorríó Europa en 1848. Defendía la soberanía nacional y el sufragio universal, derecho de reuníón y asociación, instrucción primaria universal y gratuita, intervención del Estado. Integraba a progresistas radicales, republicanos e incluso a simpatizantes del incipiente socialismo, y buscaba sus bases en las clases populares. Por su oposición a Isabel II, no participó nunca en su sistema político.
La Uníón Liberal aparecíó en los años 50 como un partido, nutríéndose sobre todo del ala izquierda de los moderados, pero también del ala derecha de los progresistas. Aspiraba a ser una alternativa política de centro, entre el progresismo radical y el moderantismo reaccionario. Su líder fue el general O’Donnell.
4. EVOLUCIÓN POLÍTICA DEL REINADO DE Isabel II
Se trata de un periodo muy complejo y con constantes cambios de gobierno debido a las disensiones internas dentro del liberalismo. A diferencia de Europa, donde la burguésía fue la base y soporte del régimen liberal, en España , la monarquía tuvo que apoyarse en el único grupo realmente fuerte capaz de defenderla frente al carlismo: los militares liberales, cuyo protagonismo en la guerra se trasladó a la vida política. Tanto la regente María Cristina como la reina Isabel asumieron el liberalismo por necesidad y no por convicción, y siempre favorecieron a los moderados frente a los progresistas. El rasgo dominante será la gran inestabilidad política, acentuada por los pronunciamientos militares.
4.1. LA REGENCIA DE MARÍA Cristina (1833-40).
Ante la minoría de edad de Isabel, se encarga de la regencia su madre María Cristina de Borbón- Dos Sicilias. Su primer gesto “liberal” fue colocar al frente del gobierno a Martínez de la Rosa quien promulgó el Estatuto Real de 1834, una “constitución otorgada” que se limitaba a regular la organización de las Cortes- dividíéndolas en dos Cámaras, la de Procuradores y la de Próceres- y la relación de éstas con el Rey. Faltaba una regulación de otras instituciones fundamentales del Estado y, sobre todo, no recogía una declaración de derechos. Fue una etapa difícil, en gran medida por la amenaza del carlismo que mantuvo al país en guerra durante todo el periodo. Pero fue el apoyo de los liberales a la causa isabelina lo que permitíó desmantelar el Antiguo Régimen y sentar las bases del liberalismo:
Se formaron los primeros partidos políticos (el Partido Moderado y el Partido Progresista).
 Tras una breve vigencia del Estatuto Real (1834) como solución de compromiso entre la monarquía absoluta y liberal, se promulgó la Constitución de 1837:
o Se trata de una constitución hecha por los liberales progresistas pero que contiene muchos elementos de la doctrina de los moderados.
o Manténía el principio de la soberanía nacional, ya establecido en la de 1812.
o Establecía la separación de poderes.
o Recogía una amplia declaración de derechos (prensa, opinión, asociación, etc.).
o No establecía la confesionalidad del Estado.
o Las Cortes tenían dos cámaras: Congreso y Senado. El Senado por su forma de elección era muy conservador.
o El Rey tenía amplios poderes: veto a las leyes, disolución del Parlamento, poder para nombrar y cesar ministros, etc.
o El sistema electoral se remitía a una ley posterior. Ésta instauraría un sufragio censitario y muy restrictivo (solo tenía derecho a voto entre el 2 y el 4% de la población).
Se emprendieron importantes medidas de liberalización económica, como la desvinculación de mayorazgos (1836), la abolición del régimen señorial (1837) o la desamortización eclesiástica de Mendizábal a través de dos decretos de 1836, mediante los que se ponía en marcha la desamortización de los bienes de la Iglesia (clero regular).
Los gobiernos de esta etapa son de corta duración, predominando el Partido Moderado. Pero las grandes medidas señaladas anteriormente se debieron a gobiernos progresistas.
4.2. LA REGENCIA DE Espartero (1840-43).
El general Espartero, jefe del Partido Progresista, gozaba de gran reputación por su triunfo ante los carlistas, y fue aún mayor durante la revolución de 1840, al defender los alzamientos de las provincias en contra de la Ley de Ayuntamientos del gobierno moderado, que pretendía que los alcaldes fueran elegidos no por los vecinos, sino por el gobierno, en contra de lo establecido en la Constitución de 1837. Ante la revuelta, la regente renunció a su cargo y se exilió a Francia, nombrando a Espartero como presidente de gobierno para pacificar la situación. Presidíó un breve Ministerio-Regencia y suspendíó la Ley de Ayuntamientos. Al año siguiente las Cortes le eligieron como nuevo regente (1841).
Gobernó con mano dura y reprimíó sin contemplaciones los pronunciamientos que realizaron los moderados. También bombardeó Barcelona para sofocar motines producidos tras conocerse que pensaba firmar un tratado comercial con Inglaterra para bajar los aranceles,lo que perjudicaba los intereses de la industria textil catalana. Su autoritarismo le hizo perder incluso el apoyo de los progresistas, y un pronunciamiento del general Narváez,acabó con su regencia en 1843.
Se formaron los primeros partidos políticos (el Partido Moderado y el Partido Progresista).
 Tras una breve vigencia del Estatuto Real (1834) como solución de compromiso entre la monarquía absoluta y liberal, se promulgó la Constitución de 1837:
o Se trata de una constitución hecha por los liberales progresistas pero que contiene muchos elementos de la doctrina de los moderados.
o Manténía el principio de la soberanía nacional, ya establecido en la de 1812.
o Establecía la separación de poderes.
o Recogía una amplia declaración de derecho No establecía la confesionalidad del Estado.
o Las Cortes tenían dos cámaras: Congreso y Senado. El Senado por su forma de elección era muy conservador.
o El Rey tenía amplios poderes: veto a las leyes, disolución del Parlamento, poder para nombrar y cesar ministros, etc.
o El sistema electoral se remitía a una ley posterior. Ésta instauraría un sufragio censitario y muy restrictivo.Se emprendieron importantes medidas de liberalización económica, como la desvinculación de mayorazgos (1836), la abolición del régimen señorial (1837) o la desamortización eclesiástica de Mendizábal a través de dos decretos de 1836, mediante los que se ponía en marcha la desamortización de los bienes de la Iglesia.Los gobiernos de esta etapa son de corta duración, predominando el Partido Moderado. Pero las grandes medidas señaladas anteriormente se debieron a gobiernos progresistas.

4.3. EL REINADO EFECTIVO DE Isabel II (1843-68).
Para evitar la inestabilidad de una nueva regencia, las Cortes adelantan la mayoría de edad de Isabel II, quien es nombrada reina con 13 años.
a) La década moderada (1844-1854).
Durante este periodo de predominio del Partido Moderado se adoptaron importantes medidas:
 La constitución de 1845, que bajo la apariencia de una simple modificación de la de 1837 supuso, de hecho, un profundo cambio con respecto a aquella, adaptando el sistema político a los intereses de los moderados:
o Se sustituye la soberanía nacional por la compartida Rey-Cortes (fórmula tradicional de los moderados).
o Amplía los poderes del ejecutivo y reduce los del legislativo.
o Exclusividad de la Iglesia católica y compromiso
 o Ayuntamientos y Diputaciones controlados por el Gobierno.
o Sufragio censitario (regulado por una ley posterior).
o Senadores nombrados por la Corona, en número ilimitado y con carácter vitalicio.
o La declaración de derechos quedaba fuera del texto constitucional. Las leyes que los
regularon posteriormente fueron muy restrictivas.
o La Corona recibía grandes poderes. Además de elegir a los senadores, nombraba a los
ministros y podía disolver las Cortes cuando le pareciera oportuno.
- La reforma de la Hacienda en 1845, que acabó definitivamente con el caótico sistema fiscal del Antiguo Régimen.
- El Concordato de 1851, que restablecíó las relaciones con la Santa Sede, muy deterioradas por la hostilidad de la Iglesia hacia el liberalismo y las medidas desamortizadoras.
b) El Bienio Progresista (1854-1856).
La siguiente etapa estará dominada por el Partido Progresista bajo la presidencia del general Espartero.
Se inicia con un pronunciamiento militar (conocido como la “Vicalvarada” por iniciarse en el distrito madrileño de Vicálvaro) acompañado de un levantamiento popular. Durante este periodo los progresistas trataron de dar un nuevo impulso a la economía, sobre todo con la desamortización de Madoz (1855) que afectó, sobre todo, a los bienes civiles y la Ley General de Ferrocarriles (1855), que regulaba su construcción y recogía ayudas para las empresas que participaran.
Dos años les duró el poder a los progresistas. En este tiempo, intentaron restaurar los principios liberales de 1837 (restauración de la Milicia, derogación de la Ley Municipal) y elaboraron un proyecto de constitución que no llegó a ser aprobada.Sin embargo, estas reformas no tuvieron en cuenta las pésimas condiciones de vida que tenían las capas populares, lo que generó una grave conflictividad social. En 1855, se produjeron levantamientos obreros en Barcelona (protesta contra las selfactinas) que pedían reducción de impuestos, abolición de las quintas, mejora de salarios y reducción de la jornada laboral. Siguiente, las movilizaciones tuvieron lugar en el campo castellano y en muchas ciudades. La grave crisis social acabó con el Bienio Progresista: Espartero dimitíó y la reina llamó a O'Donnell para que formara gobierno. El nuevo gobierno conservador acabó con las movilizaciones a través de una fuerte represión.
c) El nuevo periodo moderado (1856-1868).
Se inicia con el llamado “gobierno largo” de la Uníón Liberal (1856-1863), bajo la presidencia del general O’Donnell. Su rasgo más sobresaliente fue una activa política exterior que tenía como objetivo la recuperación del prestigio que España había perdido. Para ello el país se embarcó en intervenciones militares de escaso interés, pobres resultados y cuantiosas pérdidas humanas y económicas (expedición a Indochina, guerra contra Marruecos, intervención en México...).
En 1864 vuelven de nuevo gobiernos moderados, que llevan al general Narváez al poder, con una política conservadora y de represión de las libertades públicas.
En 1866 el descrédito del régimen de Isabel II llegó a máximos, con una profunda crisis económica y política a la vez:
o económica: coinciden una crisis financiera (debido a la quiebra de muchas compañías ferroviarias por falta de rentabilidad), una crisis agraria (que implicó una fuerte subida en el precio del trigo) y un fuerte aumento del paro.
o política: el régimen, cada vez más excluyente, estaba en manos de una camarilla de moderados favorecidos por la reina.
En este marco, progresistas y demócratas firman el Pacto de Ostende (1866), aunando sus esfuerzos para derrocar a la reina y establecer un nuevo régimen. Al año siguiente se suma a este bloque opositor la Uníón Liberal (tras la muerte de su líder, O’Donnell, quien no había querido sumarse al pacto).
5. CONCLUSIÓN.
Entre 1833 y 1868 se consolida el sistema liberal burgués en España y se acaba con los últimos residuos políticos del Antiguo Régimen.
La coyuntura política hizo posible que una regente como María Cristina que nada tenía de liberal, abriese las puertas al liberalismo en España y que durante el reinado de su hija, Isabel II, que nada tenía de constitucionalista, el liberalismo se consolidase.
Es precisamente durante el reinado de Isabel II cuando se enquistan algunos de los problemas que van a lastrar el país durante mucho tiempo, como son el endeudamiento de la hacienda, el escaso desarrollo económico, el enfrentamiento estéril entre los propios liberales y el corrupto sistema electoral. Pero, a pesar de todo, no cabe ninguna duda que la revolución liberal se ponía en marcha y, con el correr de los años, el liberalismo no hacía sino ir calando en todas las estructuras del país.

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