Regeneracionismo Canovistas

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Regeneracionismo y cuestionamiento del sistema canovista:Sensación de desastre y búsqueda de explicaciones: La derrota de la escuadra española casi sin combate, la superioridad norteamericana y la rapidez con que se cedió el resto del imperio al enemigo causaron una gran impresión en España en todos los sectores sociales. A las preocupaciones de los industriales y exporta­dores vinculados con Cuba y Filipinas se unió el pesimis­mo y el malestar del ejército, y en muchos grupos popu­lares (que habían sufrido la guerra y ahora la repatriación de los soldados) surgió la sensación de haber sido trai­cionados y engañados. Algunos sectores de la clase me­dia, pensadores y políticos se plantearon por qué había ocurrido la desgracia. Los problemas podían ser coyunturales, o derivada de la propia estructura.Nuevas opciones políticas de las clases dirigentes catalana y vasca:Frente al pesimismo castellano del 98, se habla de un optimismo o posibilismo cata­lán, que se plasma en 1899, en una petición a la regente: descentralización administrati­va, concierto económico y sistema indirecto de elección de ayuntamientos y diputaciones. Los industriales catalanes habían perdido sus mercados coloniales, pero se replan­tearon sus líneas de actuación contando con la repatriación de capitales; en principio se propusieron fórmulas de regeneración y colaboración con Madrid, como el nombramien­to del político catalán Duran i Bas como ministro en el gobierno conservador de Silvela de 1899. Sin embargo, la colaboración concluyó muy pronto y, ya en 1901, una coalición de partidos catalanes llamada Lliga Regionalista de Cataluña, conservadora e industrialista, logró una gran victoria en Barcelona, hecho que cuestionaba el sistema político de la Res­tauración y confirmaba la adopción del regionalismo por los industriales catalanes.En el País Vasco, el nacionalismo, expuesto por Sabino Arana, tenía como origen los cambios provocados en una sociedad tradicional por una rápida industrialización y la lle­gada de numerosos inmigrantes de otras regiones de España, con lo que temía que se perdieran las características propias del país. Arana formuló un proyecto de indepen­dencia combinando elementos históricos, defensa de la raza y de la religión y rechazo de los maketos (inmigrantes españoles) y su cultura. Estas ideas se convirtieron en proyec­to político con la fundación del Partido Nacionalista Vasco en 1895. Como en el caso ca­talán, parte de las clases dominantes abandonaron el esquema de la Restauración.Propuestas regeneracionistas de intelectuales y clases medias: Se llama regeneracionistas a quienes, con ocasión del desastre (aunque con prece­dentes en años anteriores), tras diagnosticar los problemas, proponían soluciones que "regenerarían" a una España doliente; por eso usan imágenes de enfermedad. Para Macías Picavea (El problema nacional, 1899) la historia de España en los últimos siglos ha­bía sido "una infección general del organismo entero" que había llevado a una "enfer­medad crónica". Para Joaquín Costa, el mal de España estaba en su clase política, que era como un tumor, una "facción extraña". Propuso reformas basadas en la educación y la mejora de las técnicas agrarias (construcción de canales y extensión de los regadíos) creó una Liga Nacional de Productores (asociación de agricultores). Otro esfuerzo reformista fue el de las Cámaras de Comercio de Basilio Paraíso, que intentaba transformar a los pequeños empresarios en un grupo de presión para inter­venir en política. En 1900 se creó la Unión Nacional, partido que unía los esfuerzos de Costa y de Paraíso, y que logró movilizar primero a agricultores y empresarios y luego a la burguesía y la clase media. El gobierno conservador de Silvela de 1899 intentó realizar una política regeneracionista, recortando el presupuesto y haciendo una reforma tributaria que tuvo muchas críticas. En 1900 se reguló el trabajo de mujeres y niños, primera legislación social es­pañola. La llamada "revolución desde arriba" de Maura:En 1902 Alfonso XIII fue proclamado mayor de edad, hecho que no alteró la alter­nancia. Los gobiernos del conservador Antonio Maura (1903-1904 y 1907-1909) preten­dían realizar una "revolución desde arriba" que evitara una temible "revolución desde abajo" Este político, que procedía de las filas liberales, intentó eliminar los vicios del sis­tema electoral y asumir las propuestas de descentralización regional, colaborando con la Lliga Regionalista de Francesc Cambó; también quería emprender reformas sociales y acabar con el caciquismo mediante un funcionamiento democrático de los ayunta­mientos y las diputaciones provinciales. Pero la reforma de Maura no se realizó por el enfrentamiento con grupos soiales clave. El primero fue el ejército. Después del desastre, este considera que el gobierno lo había traicionado y la opinión pública lo maltrataba. Cuando nume­rosos oficiales asaltaron en 1905 dos periódicos de Barcelona que habían publi­cado chistes y comentarios vejatorios, muchos oficiales se solidarizaron con ellos y presionaron al gobierno para que aprobara una "ley de jurisdicciones", por la que las criticas públicas (contra la patria y el ejército) serían juzgadas por tribu­nales militares. Esta se promulgó en 1906. El descontento con la política del go­bierno motivó la coalición política de to­das las tendencias en Cataluña, la "Solida-ritat Catalana", que logró una victoria espectacular en las elecciones generales de 1906. El esquema político de Cánovas era cuestionado cada vez más.El sistema canovista:La constitución de 1876 y el turno de partidos:Constitucion de 1876: La Restauración consiguió poner fin a la guerra carlista y logró que el pretendien­te regresara a Francia. Sin embargo, en nombre de la centralización del Estado, se su­primieron los fueros tradicionales vascos, lo que será un germen de inestabilidad por­que la sociedad vasca vio en esta medida un recorte a sus libertades.La paz en Cuba llegó en 1878 con el Acuerdo del Zanjón, firmado por Martínez Campos, que reconocía las reclamaciones de autonomía insular y concedía una amplia amnistía a los rebeldes.Cánovas, desde el poder, manipuló las primeras eleccio­nes para conseguir diputados fieles que aprobaran una Constitución de tono moderado que sirviera de marco y per­mitiera diversos desarrollos según el partido que gobernara, garantizando tres principios básicos: la monarquía, el princi­pio hereditario y la institución de las Cortes.

La Constitución de 1876 instituyó una monarquía cons­titucional en la que el rey conservaba ciertas funciones im­portantes, como el mando del ejército y la facultad de disol­ver las Cortes e intervenir en el nombramiento de senadores. Se aprobó un sistema bicameral, con una cámara baja o Congreso de los Diputados de representación proporcional, elegidos en los distritos electorales en que se dividía el terri­torio del Estado, y un Senado no electivo y poco eficaz, asamblea de notables y personalidades. Se aceptó la religión católica como oficial del Estado, aunque se toleraron otros cultos.Los dos partidos “dinásticos”:Conservadores y liberales eran los partidos "dinásticos" que aceptaron el sistema de la Constitución y la monarquía alfonsina. Cánovas encontró en el Partido Liberal Fusio-nista de Sagasta (luego llamado Liberal) la oposición que se turnaba con él en el poder. Los conservadores representaban a los sectores tradicionales y defendían los intereses de los grandes propietarios y financieros, la Iglesia y la aristocracia; los liberales eran el partido de los industriales, las clases medias y las profesiones liberales. Recordemos, que habia sufragio censitario, por el que solo votaban los ricos, una minoria, ademas se sabia el resultado electoral debido al fraude de los resultados.Partidos políticos o asociaciones de intereses:Los partidos políticos no eran lo que hoy conocemos. Contaban con pocos miem­bros, personalidades distinguidas, y eran grupos de presión que controlaban redes de padrinazgo e influencia que llegaban desde Madrid a cada provincia, y desde el gober­nador civil de cada provincia a los caciques locales. Los potentados gobernaban, pero a través de una clase política especializada.Había algunos partidos fuera del sistema, pero conseguían escasos votos y menos diputados. Por la izquierda, los partidos republicanos y un partido socialista que hasta 1910 no consiguió un escaño. Por la derecha, los grupos carlistas, que evolucionaron en el sentido de constituir tendencias católicas. Y los grupos nacionalistas catalanes y vas­cos, que aparecieron a partir de la década de 1880.La reconciliación de las clases dirigentes:Cánovas consiguió que se reconciliaran todos los que de­tentaban el poder social y económico, olvidando querellas ideo­lógicas y religiosas, garantizando la propiedad y el orden social, e incorporando a la oligarquía tradicional a los "nuevos oligar­cas" de la industria, de la banca y de los transportes, con la bendición del monarca, que concedió numerosos títulos de no­bleza a los recién llegados.La Iglesia católica, por su parte, que había rechazado las reformas y la ideología liberal, aceptó el inexorable triunfo del liberalismo en su forma moderada. Consideraba que no había marcha atrás en el proceso de desamortización y aceptaba a cambio subvenciones estatales. Se proponía ahora reconquis­tar, recristianizar la sociedad. Lo consiguió en las clases medias, sobre todo gracias a las numerosas escuelas de órdenes reli­giosas que casi monopolizaban la educación de ese sector so­cial. Fracasó en su intento de poner freno al desarrollo de las ideas socialistas, anarquistas o simplemente anticlericales en­tre los obreros de las ciudades o los braceros andaluces.La economía: Del desastre a la Primera Guerra Mundial:Los ajustes de la posguerra:La guerra de Cuba, con su movilización de tropas, gastos bélicos y repatriación de soldados y civiles, no produjo una grave crisis económica en la metrópoli.Es cierto que se habían perdido unos mercados coloniales protegidos y exclusivos para algunos fabricantes y agricultores españoles (especialmente textiles y harineros) y que ha­bía que saldar la deuda de guerra. Pero la economía española estaba sólidamente vincula­da con Europa; hacia allí, y hacia América Latina, se reorientaron las exportaciones.Se podía decir, por el contrario, que el abandono de las colonias tuvo un efecto be­neficioso: la repatriación de los capitales de los españoles que regresaron y la aportación de su gestión y capacidad empresarial. También fue beneficiosa la depreciación de la peseta, buena coyuntura para aumentar las exportaciones. Al terminar la guerra con Estados Unidos, el di­nero abundaba en España.Al iniciarse el siglo xx, se dio igualmente un aumento notable de la inversión de capital español y extranjero. Este, que antes se había dirigido a la minería y a los ferrocarriles, acu­día también ahora a sectores pioneros y reno­vadores, como la banca, las industrias quími­cas, eléctricas, de servicios y de transportes urbanos. El capital español se invirtió priorita­riamente en Cataluña y en el País Vasco.Las reformas de Fernández Villaverde (1899-1905):Para evitar las temidas consecuencias de la derrota, Fernández Villaverde realizó una labor importante de estabilización y de saneamiento de la hacienda. Por una parte, una re­forma tributaria y, por otra, una reducción de la deuda del Estado, limitando mucho el gasto público. Tras la ley de agosto de 1899 pudo reducir la deuda en 176 millones de pesetas, cifra importante, dado que el presupuesto del Estado no llegaba a los mil millo­nes. Resultado de sus esfuerzos fue que en 1900 el presupuesto tuviera un saldo positi­vo y un superávit de los ingresos respecto de los gastos que se mantendrá hasta 1908.Desarrollo económico y regiones industriales:A fines del siglo xix y comienzos del xx puede hablarse de un crecimiento de la eco­nomía española, de una diversificación y de la aparición de nuevos sectores con pers­pectivas de futuro, como el químico o el eléctrico. El desarrollo siguió limitado a las re­giones tradicionales, Asturias, País Vasco y Cataluña, pero se afirmó la industria en la Comunidad Valenciana y en Madrid.En Asturias fueron años de gran dinamismo; las empresas que destacaban eran las azucareras (a partir de la remolacha), mineras, textiles, metalúrgicas y navieras. En Viz­caya aparecieron también empresas químicas, eléctricas y de seguros, que se añadieron a la siderúrgica, la naval y la bancaria. Ejemplo de la concentración y modernización de empresas puede ser la constitución de los Altos Hornos de Vizcaya en 1902.Cataluña, aunque tardó más que las demás regiones en recuperar un ritmo expan­sivo, lo consiguió hacia 1905. Los sectores más dinámicos eran el químico, el metalúr­gico, los servicios públicos y el eléctrico: en 1911 se creó la empresa más potente en este sector, la Barcelona Traction Light and Power, más conocida como "La Canadiense".

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