La reconversión del carlismo

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2.2. Falseamiento electoral y caciquismo

El sistema del turno pacífico pudo mantenerse durante más de veinte años gracias a la corrupción electoral. El caciquismo fue un fenómeno que se dio en toda España.

La adulteración del voto constituyó una práctica que se logró mediante el restablecimiento del sufragio censitario. El triunfo del partido que convocaba las elecciones porque había sido requerido para formar gobierno era convenido y se conseguía gracias al falseamiento de los resultados. De este modo, el triunfo electoral permitía la creación de una amplia mayoría parlamentaria al partido gobernante.

Los caciques eran personas notables, ricos propietarios que daban trabajo a jornaleros y que tenían una gran influencia en la vida local. Los caciques:

Controlaban los ayuntamientos
Hacían informes
Dirigían el sorteo de las quintas
Podían resolver o complicar los trámites burocráticos
Orientaban la dirección del voto

Los caciques manipularon las elecciones continuamente de acuerdo con las autoridades, especialmente los gobernadores civiles. A través de trampas electorales estos conseguían la adulteración de los resultados electorales conocido como pucherazo. Para conseguir la elección del candidato gubernamental se falsificaba el censo, se manipulaba las actas electorales y amenazaban al electorado con emplear la violencia para atemorizar a los contrarios.

2.3. El desarrollo del turno de partidos

A lo largo del período gobernaron seis veces los conservadores y cuatro los liberales.
El Partido Conservador se mantuvo durante 4 años ininterrumpidos hasta la llegada de Sagasta que formó un primer gobierno liberal que introdujo el sufragio universal masculino para los comicios municipales. Cánovas después volvíó al poder, pero el temor a una desestabilización del sistema tras la muerte de Alfonso XII impulsó un acuerdo entre conservadores y liberales (Pacto del Pardo). Su finalidad era dar apoyo a la regencia de María Cristina (2ª esposa de Alfonso) y garantizar la continuidad de la monarquía.

Bajo la regencia, el Partido Liberal gobernó más tiempo que el Conservador. Durante el llamado gobierno largo de Sagasta, los liberales impulsaron una obra reformista. De este modo se aprobó la Ley de Asociaciones que:
Eliminó la distinción entre partidos legales e ilegales
Permitíó la entrada en el juego político a las fuerzas opositoras
Se abolíó la esclavitud,
Se introdujo la celebración de juicios por jurados
Se introdujo un nuevo
Código Civil.

La reforma más importante fue la implantación el sufragio universal masculino. De esta manera tuvieron derecho a voto todos los varones mayores de 25 años. La universalización del sufragio quedó desvirtuada por la continuidad de los fraudes y la corrupción electoral.

En la última década del siglo, los conservadores volvieron al poder, después regresaron los liberales y Cánovas asumíó la presidencia del gobierno hasta el día de su asesinato. El personalismo del sistema deterioró a los partidos, que provocaron disidencias internas y la descomposición de ambos partidos. En el partido Liberal surgieron personajes como Antonio Maura y en cuanto a los conservadores, destacó la disidencia de los reformistas de Francisco Silvela.

4. LAS FUERZAS POLÍTICAS MARGINDADAS DEL SISTEMA

4.1. La evolución del republicanismo

Tras el fracaso de la experiencia del Sexenio Democrático, el republicanismo tuvo que hacer frente al desencanto de parte de sus seguidores y a la represión de los gobiernos monárquicos. Además se hallaban fuertemente divididos.

Destaca la formación de nuevo partidos en el que destaca:

Partido Republicano Posibilista: Nacíó tras la rápida adaptación a las nuevas condiciones por medio de Emilio Castelar que estaba convencido de la pérdida de fuerza de sus ideales y de que la Restauración garantizaría el orden social.
Partido Republicano Progresista: Nacíó con el progresista Ruiz Zorrilla que no descartaba la acción violenta contra la monarquía y protagonizó un fracaso intento de alzamiento.
Partido Republicano Centralista: Nacíó porque las prácticas insurreccionales provocaron la ruptura de Salmerón con el partido de Zorrilla.
Partido Republicano Federal: Fue el republicanismo con más adeptos y más fiel a su ideario. Este partido tenía como líder a Pi y Margall y contaba con el apoyo de las clases populares.

Los republicanos consiguieron rehacerse de su descalabro electoral cuando por primera vez hubo una importante minoría republicana en las Cortes. El sufragio universal masculino comportó una cierta revitalización del republicanismo y estimuló la formación de alianzas electorales (Uníón Republicana) que agrupaban las distintas familias republicanas a excepción de los posibilistas.
El republicanismo perdíó parte de sus antiguas bases sociales y tuvo que luchar por los votos populares en competencia con el Partido Socialista Obrero Español fundado por Pablo Iglesias.

4.2. La reconversión del carlismo

Tras la derrota carlista se prohibíó la estancia en España del pretendiente don Carlos de Borbón y el carlismo entró en una grave crisis después de que destacados miembros de sus filas, como Ramón Cabrera, reconocieran a Alfonso XII. Además, la Constitución de 1876 descartaba de la sucesión al trono a toda la rama carlista de los Borbones.

La dirección del carlismo tardó algún tiempo en readaptar su actividad para convertirse en un nuevo partido político capaz de tomar parte en las contiendas electorales. Carlos VII depositó su confianza en Cándido Nocedal, quien extendíó los Círculos Carlistas. Los carlistas mantuvieron su fuerza en el en Navarra, el País Vasco y Cataluña, pero su influencia era escasa en el resto del territorio español. La renovación del partido corríó a cargo de Juan Vázquez de Mella que propuso un programa adaptado a la nueva situación política.
El programa se conoce como el Acta de Loredan. Esté acta manténía la vigencia de antiguos principios como la unidad católica, el fuerismo, la autoridad del pretendiente carlista y la oposición a la democracia

El partido carlista: Esta compuesto por Cándido Nocedal y Juan Vázquez de Mella.

Una parte del partido acuso a Carlos VII y a los principales dirigentes de no apoyar la política católica impulsada por el papado contra el liberalismo y culparon a don Carlos de cesarismo. El líder de esa corriente (cesarismo) fue Ramón Nocedal que protagonizó la fundación del Partido Católico Nacional que se convirtió en un partido católico integrista.

El Partido Carlista no olvidó su tradición insurrecional, aunque sus principales dirigentes optaron por la vía política, continuaron manteniendo las jerarquías militares y fundo una milicia, el Requeté.

4.3. Otras fuerzas políticas

De los grandes partidos dinásticos se forman principalmente tres partidos. Esto dio lugar a la aparición de nuevos políticos

Uníón Católica: Liderada por Alejandro Pidal. Se trataba de un partido conservador y católico, claramente diferenciado de los carlistas, pero crítico con los conservadores a los que acusaban de excesivas connivencias con el reformismo liberal.
Partido Democrático-Monárquico: Fundado por los liberales y liderado por Segismundo Moret debido a una escisión por la izquierda de los fusionistas de Sagasta a la que se afiliaron hombre que habían sido adictos a la revolución de 1868, como Montero Ríos y Cristino Martos.
Izquierda Dinástica: Fundada por el general Serrano.

Sin embargo, nadie pudo desbancar a Sagasta del liderazgo de los liberales y los nuevos partidos tuvieron escaso apoyo electoral.

5. EL SURGIMIENTO DE NACIONALISMO Y REGIONALISMOS

5.1. El regionalismo catalán

La religión que desarrolló un movimiento regionalista fue Cataluña. La industrialización había hecho de Barcelona y su entorno la primera zona industrial de España y había propiciado el nacimiento de una influyente burguésía de empresarios industriales. Este nuevo grupo social estaba poco representado en los diferentes gobiernos e hizo de la defensa del proteccionismo un elemento aglutinador.

El desarrollo socioeconómico coincidíó con un notable Renacimiento de la cultura catalana y una expansión del uso de su lengua, el catalán. A mediados del Siglo XIX, nacíó un movimiento conocido como la Renaixença, cuyo objetivo era la recuperación de la lengua y de las señas de identidad catalanas. El catalanismo surgíó de la conjunción del progreso económico y el Renacimiento cultural.

Por otro lado, se desarrolló el catalanismo político. Una de ellas estuvo basada en el tradicionalismo y tuvo en el obispo Torras y Bages su máximo representante. Otra era de carácter progresistas dirigida por Valentí Almirall. Este fundó el Centre Català.

Un paso muy importante en la consolidación del catalanismo político fue la elaboración de las Bases de Manresa, un documento producido por la Uníó Catalanista, que propónía la consecución de un poder catalán como resultado de un pacto con la corona y por tanto, la consideración de Cataluña como una entidad autónoma dentro España. El regionalismo se convirtió en nacionalismo.

La crisis del sistema político de la Restauración acrecentó el interés de la burguésía catalana por tener su propia representación política al margen de los partidos dinásticos. Más adelante se creó la Lliga Regionalista, fundada por Enric Prat de la Riba y Francesc Cambó. El nuevo partido aspiraba a participar en la política y a tener representantes en las instituciones que defendiesen el catalanismo. El éxito electoral convertiría el partido de Cataluña.

5.2. El nacionalismo vasco

El nacionalismo vasco surgíó en la década de 1890. Hay que considerar la reacción ante la pérdida de una parte sustancia de los fueros tras la derrota del carlismo y el desarrollo del euskera, que dio lugar a la creación del movimiento de los euskaros.

Su gran propulsor fue Sabino de Arana, que sentía una gran pasión por la cultura autóctona de Euskalerria. Arana creyó ver un gran peligro para la subsistencia de la cultura vasca en la llegada de inmigrantes procedentes de otras regiones de España a la zona minera e industrial de Bilbao. Pensaba que esta población de maketos, ponía en peligro el euskera, las tradiciones y la etnia vasca.

Más adelante se creó el Partido Nacionalista Vasco en Bilbao. Arana popularizó un nuevo nombre para su patria, Euzkadi, una bandera propia y propuso un lema para el partido, Dios y ley antigua. El movimiento estaba impregnado de un gran sentimiento católico y de defensa de la tradición, pretendía impulsar la lengua y las costumbres vascas y defendía la pureza racial del pueblo vasco.

El PNV se declaró de inmediato independentista con respecto a España y fue evolucionando hacia el autonomismo. Aunque a la muerte de Arana aparecieron disensiones dentro del nacionalismo vasco, su progreso electoral fue constante en las primeras décadas del Siglo XX. Su principal rival fue el carlismo que reclamaba la vuelta de los foros.

5.3. El nacionalismo gallego

Otro nacionalismo con cierto relieve fue el galleguismo. La lengua gallega se usaba sobre todo en el medio rural e intelectuales y literatos gallegos emprendieron el camino a convertirla en lengua literaria. Ello dio lugar al nacimiento de la corriente llamada Rexurdimiento, cuya figura fue Rosalía de Castro.

Unas minorías cultas, empezaron a responsabilizar del atraso económico a la subordinación política de Galicia que forzaba a los gallegos a emigrar. El galleguismo fue adquiriendo un carácter más político, pero este movimiento se mantuvo muy minoritario a pesar del prestigio de algunos de sus componentes. Más tarde fue importante la figura de Vicente Risco que se convertiría en el gran líder del nacionalismo vasco.

5.4.Valencianismo, aragonesismo y andalucismo

Los movimientos de resurgimiento cultural se dieron de manera incipiente en otras regiones como Valencia o Andalucía. Su expansión no se produjo hasta la Segunda República cuya Constitución prevéía la creación de autonomías regionales. El más importante fue el movimiento valencianista, que nacíó como una corriente c cultural de reivindicación de la lengua y la cultura propia y que tuvo en Teodor Llorente y Constantí Llombart como máximos representantes. El nacimiento del valencianismo político hay que situarlo con la creación de la organización de Valencia Nova que promovíó la Primera Asamblea Regionalista Valenciana.

El aragonesismo surgíó en el seno de una incipiente burguésía que impulsó:
La defensa del Derecho Civil
La reivindicación de valores culturales particularistas
La recuperación ROMántica de los orígenes del reino.

A estos factores se añadió, el arraigo Aragónés de Joaquín Costa, que reclamó insistentemente sobre los derechos del mundo campesino Aragónés. Hasta la Segunda República no aparecieron las primeras formulaciones política autonomista de distintos signos.

El apóstol del andalucismo fue Blas Infante, cuyo ideario político, fue heredero de los movimientos republicanos y federalistas del Siglo XIX. Fundó el primer Centro Andaluz en Sevilla con la intención de ser un órgano expresivo de la realidad cultural y social de Andalucía. Más adelante participó en la primera asamblea regionalista andaluza celebrada en Ronda que establecíó las bases del particularismo andaluz y propuso la autonomía. Durante la Segunda República, el movimiento andalucista abordó por primera vez la redacción de un proyecto de Estatuto de Autonomía que fue elaborado por una asamblea de municipios sevillanos. Esta iniciativa logró escaso respaldo popular y tuvo que esperar hasta el fin del franquismo para encontrar un sentimiento andalucista con arraigo popular.

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