Las ratas Miguel Delibes resumen

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1. La poesía durante los años del franquismo.
La cultura, especialmente la creación poética, está condicionada por la desaparición de
autores fundamentales de épocas anteriores (Unamuno, Lorca), la represión y restricción de
libertades y la censura del régimen. Varios autores, simpatizantes del bando republicano, pasan
varios años en la cárcel como Buero Vallejo, José Hierro o Miguel Hernández.
Este último autor, cercano por simpatías a la generación del 27 pero coetáneo de los poetas
de los 40, tuvo una intensa obra muy ligada a su biografía, truncada por su temprana muerte en
prisión. A través del contacto con otros poetas como Neruda, Alberti o Aleixandre, Miguel
Hernández tiene una evolución ideológica, pasando del conservadurismo inicial a una militancia
de izquierdas. En su poesía hay tres pilares fundamentales: 1) El rayo que no cesa (1936) de tema
amoroso, salvo la “Elegía a Ramón Sijé”, que escribe a la muerte de su amigo; 2) Viento del pueblo,
donde lamenta el sufrimiento de los desheredados, obra de fuerte crítica social y 3) Cancionero y
romancero de ausencias, con su famoso poema “Nanas de la cebolla”, escrito en prisión. En esta
obra, la paternidad y el amor por su esposa y su hijo aparecen como modo de superar el sufrimiento
y trascender a la muerte.
2. Los años 40.
La mayor parte de la Generación del 27 sufríó el exilio, pero los que se quedaron, como Dámaso
Alonso o Aleixandre, ejercieron de mentores o influyeron en los jóvenes poetas de esta etapa.
a) La poesía "arraigada": Se trataba de una poesía afín al régimen que trata temas heroicos,
religiosos y nacionalistas. Destacan los nombres de Luis Felipe Vivanco o Leopoldo Panero. La
revista Garcilaso siguió las mismas propuestas.
b) La poesía "desarraigada": Expresan las angustias del hombre con un estilo sencillo de gran
fuerza expresiva. La publicación de Hijos de la ira de Dámaso Alonso se considera clave, así como
la aparición de la revista Espadaña, en la que colaboran Victoriano Crémer, Carlos Bousoño y José
Hierro.
En esta década otros movimientos continúan la lírica anterior. Por un lado están los postistas, de
corte surrealista y creativo. Por otro lado encontramos el grupo Cántico, que enlazan la poesía
anterior a la guerra con la renovación de los 70 con un estilo cuidado.
3. Los años 50.
Desde la poesía desarraigada surge un movimiento de poesía social que denuncia la miseria y la
injusticia. Pretenden llegar al pueblo con un lenguaje claro y coloquial.
c) Blas de Otero: Es uno de los máximos representantes de esta tendencia. Su evolución sigue
la de la poesía española a lo largo de tres décadas. De esta época destacan Ángel fieramente humano
y Redoble de conciencia, con imágenes crudas y un fuerte sentimiento de desamparo que acercan su
poesía al tremendismo. También destacamos Pido la paz y la palabra.
d) Gabriel Celaya: Se incorpora a la tendencia social con Cantos iberos, donde muestra una
actitud fuertemente comprometida.
e) José Hierro: Su poesía social guarda una línea más intimista que la de los poetas anteriores
y es más rica en imágenes.
f) La Generación de los 50 o del Medio Siglo: Intentan distanciarse de la poesía como arma
política, aunque no siempre. Para ellos, la lírica es un instrumento de conocimiento del mundo.
Conciben la poesía como una forma de investigar en su propia experiencia. Los rasgos que destacan
en este grupo son: el autobiografismo, dentro de las circusntancias históricas de cada uno; la
variedad temática (el amor, la amistad, el tiempo, evocar la infancia); el lenguaje conversacional
e intimista y la reflexión y el distanciamiento irónico de sus propias emociones. Para estos poetas,
Antonio Machado es el referente a seguir, tanto en su vida como en su obra. Se suelen dividir
en el núcleo barcelonés y el madrileño.
En esta generación destaca Ángel González, cuyo tono irónico revela un fondo pesimista. Su obra
más célebre es Palabra sobre palabra. También Jaime Gil de Biedma, que muestra su gran capacidad
de reflexión en Moralidades. Otro autor destacado que desarrollaremos más adelante sería Claudio
Rodríguez, gran defensor enamorado de su tierra zamorana.
4. Los años 60:
A partir de la publicación de la antología de Nueve novísimos poetas españoles publicada por J. Mª
Castellet, surge un grupo conocido como los "Novísimos" que traen la gran renovación de la poesía
española gracias a su inspiración en la Generación del 27. Revalorizarán al grupo Cántico mezclando
tradición y renovación, e inspirándose en la cultura popular y el cine. Dentro de este grupo destacan
Pere Gimferrer y su obra Arde el mar. Otros integrantes de este grupo son Manuel Vázquez
Montalbán, Ana María Moix y Leopoldo María Panero. También aparecen otros autores que
comparten rasgos comunes como Luis Antonio de Villena o Luis Alberto de Cuenca. Estos rasgos en
su obra poética serían: culturalismo (referencias e inspiración a la cultura popular: cine, cómic,
música popular…); escapismo (al menos en su primera etapa evitan referencias a la situación
político-social de España; esteticismo y decadentismo (buscan y reivindican la belleza, aunque
también complacíéndose en aquello que tiene fin o va a desaparecer), influencia de las vanguardias
(experimentación en la escritura, lenguaje rico y elaborado, Surrealismo…)
CLAUDIO RODRÍGUEZ (1934-1999)
Nacíó en Zamora. Poeta enmarcado en la Generación del 50. Aficionado pasear y a leer a autores
clásicos españoles y a los simbolistas franceses, en 1951 se va a estudiar Filología ROMánica a
Madrid. Con 19 años publicó su primera obra, Don de la ebriedad, con la que ganaría el premio
Adónáis de Poesía. Con ella impresiona al público y la crítica.
Su relación de amistad con Dámaso Alonso y Vicente Aleixandre es determinante. Con su
ayuda, viaja a Inglaterra como lector de español y descubre otras lecturas de autores ingleses. Escribe
Alianza y condena, obra que recibirá el Premio de la Crítica en 1965. Traba amistad con Francisco
Brines, lector en Oxford y aparecen en la antología de Francisco Ribes, Poesía última, donde también
estarán poemas de Ángel González o José Ángel Valente. A partir de los setenta, ganó diversos
premios de poesía en una etapa que supuso su consagración como autor.

1. La narrativa durante la dictadura y en el exilio.
La Guerra Civil supuso un importante freno a la vida cultural y literaria del momento. Las consecuencias
políticas y sociales influirán poderosamente en la creación de novelas. Hay varios factores que dificultan que
haya una mayor publicación: la muerte de autores consagrados como Unamuno y García Lorca, la censura y
falta de libertades durante la dictadura del general Franco, el aislamiento internacional… Asimismo, el
conflicto supuso el exilio de un gran número de escritores que comparten el recuerdo de la guerra y de su país.
Esto les lleva a una reflexión pesimista sobre la condición humana. Uno de los autores exiliados más conocidos
es Ramón J. Sender, quien en Réquiem por un campesino español narra la tragedia de la represión con un
innovador esquema temporal. También destacamos a la vallisoletana Rosa Chacel, con Ciencias Naturales, el
también dramaturgo Max Aub que escribe Juego de cartas y también Francisco Ayala, quien en esta época
se acerca al Realismo pesimista.
2. Los años 40.
En esta década la pobreza y la censura asolan el país, y esto impacta en la creación literaria, que se
limita a novelas que cantan los triunfos del régimen o que buscan la evasión. Pero hay dos
excepciones que influyen poderosamente en el resurgimiento de la narrativa española y que van a
marcar corrientes narrativas diferentes: la NOVELA EXISTENCIAL y la NOVELA TREMENDISTA.
NOVELA EXISTENCIAL: Son relatos que tratan de reflejar la asfixiante realidad de la
posguerra. Los protagonistas son seres angustiados, obsesionados con la muerte, la frustración.
a) Nada, de Carmen Laforet. Ganadora del premio Nadal en 1945. Aquí se narra la historia
de Andrea, una joven que viaja esperanzada a la Barcelona de la posguerra, pero no encuentra
más que tristeza, pobreza e incomunicación. La novela es una denuncia del miedo presente en la
posguerra entre conciudadanos y de la alienación que trae toda miseria.
b) La sombra del ciprés es alargada, de Miguel Delibes. Con esta obra, gana el Nadal en 1948.
Reflexión particular sobre la muerte y su relación con la infancia, carácterísticas en este autor.
NOVELA TREMENDISTA: Se trata de relatos donde aparecen elementos de violencia cruel y
explícita. Refleja la inhumanidad y la miseria extrema de la España rural, como justificación
para los actos de personajes representados de forma naturalista y esperpéntica.
c) La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela. Se inaugura con esta obra que es
además la más representativa de la corriente. Se recrea en los detalles más macabros y trágicos
de la realidad contemporánea, buscando una crítica profunda que consiga esquivar la censura.
3. Los años 50. El género narrativo prosigue su revitalización de la mano de Cela, Miguel
Delibes y Torrente Ballester. Se habla de una representación de la realidad crítica, pero más objetiva,
que se ha llamado Realismo SOCIAL o CRÍTICO. La temática común sería lo social, pero sin
un personaje protagonista individual como en la etapa anterior, sino que se centra en lo colectivo.
a) La colmena, de Cela. Presenta un Madrid donde el hambre y el sexo mueven a los personajes
de una obra de protagonista colectivo que solo pueden pensar en sobrevivir en un entorno de
frustración y soledad. Otros rasgos destacables: fragmentarismo y contraposición de varios
argumentos y personajes simultáneos. La obra está llena de existencialismo crítico con un
narrador objetivo que no interfiere demasiado.
b) Este narrador también aparece en El Jarama de Rafael Sánchez Ferlosio. En este caso, es
un narrador- cámara muy estricto que presenta la realidad sin entrar en la psicología de los
personajes, que hablan con un lenguaje repleto de diálogo y coloquialismos. Así, el autor
consigue emitir una crítica social que el lector ha de deducir sin que aparezca explícita,
esquivando así el problema de la censura.
c) En esta etapa, destacan las obras de Miguel Delibes: El camino y Las ratas. En sus novelas
se describe el mundo rural castellano con un estilo sobrio y sencillo dejando ver una cierta
denuncia social hacia una burguésía vacía y egoísta. También reflexiona varias veces sobre temas
como la muerte y la infancia, la soledad, el hambre, la supervivencia, la sociedad…
d) Gonzalo Torrente Ballester con Los gozos y las sombras, trilogía-retrato de la sociedad
gallega y el enfrentamiento entre el médico y el cacique del pueblo. También Carmen Martín
Gaite que escribe Entre visillos y Ana María Matute con Primera memoria.
4. Los años 60-75: la novela experimental.
La relativa apertura del franquismo trae la llegada de los grandes renovadores de la novela en el
Siglo XX, como James Joyce o William Faulkner. La novela social y el objetivismo empiezan a
quedarse atrás (ya que el arte/literatura debe ser algo más que solo denuncia social) y esta técnica no
es adecuada para representar la realidad ya que no refleja cómo las personas registran los hechos en
su conciencia: se empieza a escribir desde el subjetivismo.
a) Luis Martín Santos publica Tiempo de silencio (1962), novela experimental que supondrá un
punto de inflexión en la narrativa del momento. Las carácterísticas de esta obra son los
narradores y perspectivas cambiantes, el monólogo interior, el desorden o la ruptura
cronológica y la mayor importancia del enfoque (cómo se narra) sobre la trama (qué cosas se
narran). A pesar de las innovaciones formales y su complejísimo lenguaje, la obra no abandona
la crítica social.
b) Varios autores de corrientes anteriores se adhieren a esta corriente experimental. Esto sucede así
con Cela con su obra de San Camilo,1936 o La saga/fuga de J.B., obra maestra de Torrente
Ballester que se relaciona con el Realismo mágico latinoamericano. También Delibes escribe
Cinco horas con Mario, como un extenso monólogo en el que Menchu rememora su vida
mientras vela el cadáver de su marido Mario. Así se ve la contraposición de los personajes: las
ideas progresistas del marido, mientras que ella encarna los valores más intransigentes y
reaccionarios. Además de la crítica social, se trasluce la culpabilidad y frustración de la mujer en
un matrimonio infeliz.
c) Además, la llamada Generación de medio siglo también se lanza a esta corriente. Destacan Juan
Goytisolo con Señas de identidad, que incluye el uso del narrador en 2ª persona; la complejísima
Volverás a Regíón de Juan Benet y Últimas tardes con Teresa de Juan Marsé.

CAMILO JOSÉ CELA (1916-2002)
Nacíó en Iría Flavia (La Coruña). En 1925 la familia se trasladó a Madrid, donde comenzó varios
estudios sin llegar a terminarlos. Al comenzar la G.Civil, Cela de ideas conservadoras, escapó a la
zona sublevada y pese a que durante los primeros años del régimen trabajó de censor, sus dos primeras
novelas serían censuradas.
Como autor, recorre una trayectoria que pasa por todas las etapas de la narrativa española de
posguerra: la novela tremendista (con la violencia explícita descripción cruenta de la realidad de La
familia de Pascual Duarte), el paso de lo existencial al Realismo social (a través del colectivismo y
objetivismo de La Colmena) o en la última etapa, la novela experimental (San Camilo,1936.)
En cuanto a su estilo, llegó a mezclar sabiamente los recursos narrativos de las vanguardias del
Siglo XX, convirtiéndose en un artista diferente e innovador en la literatura. Descubríó la infalible
fórmula literaria que utilizará en adelante: humor, ternura, horror, desenfado verbal y léxico
escatológico. Durante el periodo final de su vida recibíó varios premios: el Nobel (1989), el Nadal
(1994) y el Cervantes (1995).

Miguel Delibes (1920-2010)
Nacíó y murió en Valladolid, ciudad a la que estaba muy unido. Profesor en la Escuela de
Comercio de Valladolid y periodista (fue director de El Norte de Castilla, donde se inició como
caricaturista), ganó el premio Nadal (1948) por su obra La sombra del ciprés es alargada (que se
enmarca en la novela existencial). Al igual que Cela y Torrente Ballester, recorríó todos los caminos
de la narrativa de posguerra.
Más adelante, en la etapa de los 50, escribíó El camino, obra clave del Realismo social. En ella
se encuentran algunos elementos que serán recurrentes en obras posteriores como Diario de un
cazador o Las ratas. Se trata de: la presencia del paisaje castellano, la separación/relación entre
campo y ciudad, el cuestionarse el progreso, la reflexión ética sobre la muerte, la infancia… con un
estilo sencillo, sin adornos retóricos ni palabras excesivas.
Durante la época de los sesenta, cultivó la novela experimental, como se refleja en Cinco horas
con Mario (1966), aunque continuó escribiendo obras fundamentales hasta el final de su vida, tales
como Los santos inocentes, Señora de rojo sobre fondo gris o El hereje.

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