Pueblos prerromanos , colonizaciones históricas , fenicios , griegos y cartaginenses

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2Explica el diferente nivel de desarrollo de las áreas celta e ibérica en vísperas de la conquista romana en relación con la influencia recibida de los pueblos colonizadores. El período que transcurre desde el 800 a.C. Aproximadamente hasta el comienzo de la colonización romana corresponde en la Península a la denominada Edad del Hierro, fase que coincide con la etapa de las colonizaciones de pueblos mediterráneos o del Norte. En estos seis siglos se mezclan, por tanto, los rasgos autóctonos de las culturas nativas con la influencia procedente del exterior.

Entre los siglos XI y VI a C. Tuvieron lugar las migraciones de los pueblos indoeuropeos. Se trataba de pueblos procedentes de Centroeuropa y se asentaron fundamentalmente en el NE peninsular y la Meseta desde donde se expandieron hacia el norte y oeste.

Simultáneamente, en el área meridional de la Península, pueblos provenientes del Mediterráneo oriental iniciaron su asentamiento sobre la base colonias. Nos referimos a este proceso como las colonizaciones históricas. La presencia fenicia se localiza en las costas malagueña y granadina durante los siglos XI al VI a. C. Y se le atribuye la fundación de Gades (Cádiz); mientras que los griegos se asentaron en las costas catalanas (Emporion) y levantinas entre los siglos VIII al V. Por su parte, los cartagineses sustituyeron a los comerciantes fenicios a partir del siglo VI, y extendieron su dominio sobre las Baleares (Ibiza) y la mayor parte de la costa mediterránea peninsular (Cartago Nova). Entre las principales aportaciones de estos colonizadores cabe destacar el alfabeto, el uso del hierro, la industria de salazón, el torno alfarero o su arte.

Fueron por otra parte los griegos quienes dejaron constancia documental de los Tartessos, pueblo ubicado en el sur peninsular (Andalucía y sur de Portugal) entre los siglos XI al VI a C. Parece que alcanzó cierto esplendor, primero a través de la economía ganadera y agrícola y más tarde con la explotación minera. Su momento de máximo desarrollo coincide con la etapa en que los fenicios se asentaron en factorías costeras iniciando un activo comercio colonial.

Desde los inicios del siglo V a. C. Y como consecuencia de las influencias exteriores, la Península Ibérica quedó dividida en dos zonas culturales diferentes: el área de los pueblos iberos (ilergetes…), situados en el arco mediterráneo, y el área de los pueblos celtas (lusitanos, galaicos y los pueblos del norte –astures, cántabros y vascos-), en los llanos de la Meseta, sistemas Central e Ibérico y Cordillera Cantábrica. En la zona de contacto entre las dos áreas culturales anteriores se hallarían los celtibéricos (arévacos…)

En ambos casos se trata de un conjunto muy variado de pueblos con algunos rasgos culturales que les dotan de cierta homogeneidad. Así, los celtas, eran pueblos de economía agraria que desarrollaron una excelente metalurgia del hierro y una elaborada artesanía textil. Se agrupaban en confederaciones de tipo tribal y ocupaban poblados pequeños, pero bien fortificados. A diferencia de los celtas, los iberos, vivían en ciudades sencillas que eran la capital de un amplio territorio formado por varios poblados. La sociedad estaba muy jerarquizada y gobernada por régulos en la zona sur mientras en el Levante, fruto de la influencia de los griegos, aparecen asambleas, consejos de ancianos o senado, que asistían a príncipes guerreros. Tenían una variada manifestación artística: cerámicas pintada, escultura religiosa (Dama de Baza) o funeraria (Dama de Elche).


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