Proclama del almirante topete

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3. El Sexenio democrático (1868-1874): la constitución de 1869. Evolución política:
gobierno provisional, reinado de Amadeo de Saboyá  y Primera República

Dos años después del pacto de Ostende, en Septiembre de 1868, la Armada española atracada en Cádiz y dirigida por el almirante
Topete se sublevó, con el apoyo de los generales Prim y Serrano. Comenzó así la Revolución Gloriosa, que se extendíó con levantamientos populares, ocupando las plazas de sus localidades al grito de “Mueran los borbones”. Serrano vencíó al ejército gubernamental en Alcolea (Córdoba), e Isabel II huyó a Francia.

En un primer momento el poder político fue ejercido por la Junta Revolucionaria de Madrid, que confió el poder al general Serrano quien tomó medidas para estabilizar la revolución como la convocatoria de Cortes constituyentes. Las elecciones dieron la mayoría a la coalición de unionistas, progresistas y demócratas. Elegidas por sufragio universal (masculino) confirmaron en su cargo a Serrano y comenzaron a elaborar un nuevo texto constitucional. La Constitución de 1869 es considerada la primera Constitución democrática de la historia de España, y destaca porque incluye una amplia declaración de derechos (sufragio universal masculino, libertad de imprenta y enseñanza, matrimonio civil, derechos de reuníón y asociación, la inviolabilidad de la correspondencia...). Además, se reconoce la soberanía nacional y la división de poderes, con unas Cortes bicamerales que controlan al gobierno. El problema es que se declara que España será una monarquía, sin saber en quién recaerá el trono.

El general Serrano fue nombrado regente y el general Prim se convirtió en jefe de gobierno, encargado de encontrar un candidato para el trono español. Finalmente propuso a Amadeo de Saboyá, duque de Aosta e hijo del rey de Italia, en Noviembre de 1870. El nuevo monarca tuvo que hacer frente a una difícil situación. El principal apoyo del rey, el general Prim, fue asesinado en un atentado poco antes de que el rey llegase a España. Políticamente no tenía tampoco demasiados apoyos, puesto que la división entre el Partido Constitucional de Sagasta y el Radical de Ruiz Zorrilla era cada vez más evidente. Por el contrario, el rey se encontró con la abierta oposición de los republicanos, de los carlistas (que con Carlos VII se levantaron en armas en Mayo de 1872, desencadenando la tercera guerra carlista) y de los partidarios del príncipe Alfonso, el hijo de Isabel II.

Además tuvo que enfrentarse a otros dos graves problemas, como la agitación social ligada al desarrollo del movimiento obrero y la Guerra de los Diez Años (1868-1878) en Cuba y apoyada por Estados Unidos.

En tales circunstancias, y tras dos años de reinado, el 11 de Febrero de 1873 Amadeo presentaba el acta de abdicación a la Corona española, regresando a Italia. Ese mismo día, Congreso y Senado proclamaban la I República, con dudosa legitimidad y sin verdaderos republicanos.

La Primera República transcurríó entre el 11 de Febrero de 1873 y el 3 de Enero de 1874. En tan corto espacio de tiempo se sucedieron cuatro presidentes por la constante inestabilidad política y social, que le granjeó la enemistad de las clase medias y altas y de la Iglesia y el Ejército. Con Estanislao Figueras el desorden aumentó y aunque se celebraron elecciones a Cortes Constituyentes nunca se llegó a promulgar una Constitución republicana. Le sucedíó Francisco Pi y Margall, que tenía el propósito de instaurar una república federal, pero no se realizó sobre todo porque hubo que atender a otros graves problemas como la guerra carlista, alentada por el pretendiente Carlos VII. La rebelión comenzó en Julio con la proclamación del cantón de Cartagena, el movimiento se extendíó por toda la Península, en especial por Levante y Andalucía. Estos hechos le obligaron a dimitir y le sucedíó Nícolás Salmerón. La República dio un giro conservador, con el apoyo de generales monárquicos. Los cantonalistas proclamaron entonces un gobierno provisional de la Federación española en Cartagena y declararon la guerra a Madrid, pero fueron cayendo uno a uno los diferentes focos y sólo el cantón de Cartagena resistíó hasta Enero de 1874.

Salmerón dimitiría en Septiembre por negarse a confirmar dos penas de muerte impuestas por la autoridad militar.

Le sucedíó Emilio Castelar, que actuó con firmeza: aplicó la pena de muerte, llamó al ejército para imponer el orden y reforzó el poder del Estado gobernando por decreto durante tres meses, pero perdíó la confianza de las Cortes y dimitíó.

La posibilidad de que el poder recayera de nuevo sobre los federalistas radicales ofrecíó el pretexto para el Golpe de Estado de Pavía, Capitán General de Madrid, que al día siguiente invadíó el hemiciclo del Congreso y disolvíó las Cortes. Tras el golpe, la Junta de Capitanes Generales nombró jefe de gobierno al general Serrano, que mantuvo las formas republicanas pero aplicó una política autoritaria y represiva con un claro protagonismo del ejército.

La inestabilidad del periodo provocó un viraje de la burguésía a posiciones conservadoras y el fracaso de la república despertó el deseo de de una restauración monárquica, encaminada a la restauración borbónica. El principal defensor de la candidatura del príncipe Alfonso fue Cánovas del Castillo, que intentaba que la vuelta a la monarquía fuera el resultado del deseo del pueblo español y no de un nuevo pronunciamiento militar. Para ello había hecho firmar a Alfonso el Manifiesto de Sandhurst, en el que expónía al pueblo español sus propósitos conciliadores. Sin embargo y en contra del parecer de Cánovas, en Diciembre de 1874, el general Martínez Campos proclamó rey a Alfonso XII, tras un pronunciamiento en Sagunto, siendo la monarquía borbónica restaurada mediante un golpe militar.



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