Presencia de los sindicatos en el periodo de la guerra

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La economía: Del desastre a la Primera Guerra Mundial:


Los ajustes de la posguerra

La guerra de Cuba, con su movilización de tropas, gastos bélicos y repatriación de soldados y civiles, no produjo una grave crisis económica en la metrópoli.Es cierto que se habían perdido unos mercados coloniales protegidos y exclusivos para algunos fabricantes y agricultores españoles (especialmente textiles y harineros) y que ha­bía que saldar la deuda de guerra. Pero la economía española estaba sólidamente vincula­da con Europa; hacia allí, y hacia América Latina, se reorientaron las exportaciones.Se podía decir, por el contrario, que el abandono de las colonias tuvo un efecto be­neficioso: la repatriación de los capitales de los españoles que regresaron y la aportación de su gestión y capacidad empresarial. También fue beneficiosa la depreciación de la peseta, buena coyuntura para aumentar las exportaciones. Al terminar la guerra con Estados Unidos, el di­nero abundaba en España.Al iniciarse el Siglo XX, se dio igualmente un aumento notable de la inversión de capital español y extranjero. Este, que antes se había dirigido a la minería y a los ferrocarriles, acu­día también ahora a sectores pioneros y reno­vadores, como la banca, las industrias quími­cas, eléctricas, de servicios y de transportes urbanos. El capital español se invirtió priorita­riamente en Cataluña y en el País Vasco.

Las reformas de Fernández Villaverde (1899-1905):

Para evitar las temidas consecuencias de la derrota, Fernández Villaverde realizó una labor importante de estabilización y de saneamiento de la hacienda. Por una parte, una re­forma tributaria y, por otra, una reducción de la deuda del Estado, limitando mucho el gasto público. Tras la ley de Agosto de 1899 pudo reducir la deuda en 176 millones de pesetas, cifra importante, dado que el presupuesto del Estado no llegaba a los mil millo­nes. Resultado de sus esfuerzos fue que en 1900 el presupuesto tuviera un saldo positi­vo y un súperávit de los ingresos respecto de los gastos que se mantendrá hasta 1908.

Desarrollo económico y regiones industriales:

A fines del Siglo XIX y comienzos del xx puede hablarse de un crecimiento de la eco­nomía española, de una diversificación y de la aparición de nuevos sectores con pers­pectivas de futuro, como el químico o el eléctrico. El desarrollo siguió limitado a las re­giones tradicionales, Asturias, País Vasco y Cataluña, pero se afirmó la industria en la Comunidad Valenciana y en Madrid.En Asturias fueron años de gran dinamismo; las empresas que destacaban eran las azucareras (a partir de la remolacha), mineras, textiles, metalúrgicas y navieras. En Viz­cayá aparecieron también empresas químicas, eléctricas y de seguros, que se añadieron a la siderúrgica, la naval y la bancaria. Ejemplo de la concentración y modernización de empresas puede ser la constitución de los Altos Hornos de Vizcaya en 1902.Cataluña, aunque tardó más que las demás regiones en recuperar un ritmo expan­sivo, lo consiguió hacia 1905. Los sectores más dinámicos eran el químico, el metalúr­gico, los servicios públicos y el eléctrico: en 1911 se creó la empresa más potente en este sector, la Barcelona Traction Light and Power, más conocida como "La Canadiense".

Las campañas de Marruecos y sus consecuencias:

El protectorado de Marruecos se mantuvo tranquilo durante toda la guerra europea. Acabada esta, Francia exigíó a España que llevara a cabo una ocupación efectiva, es decir, un dominio y una presencia militar real de todo el territorio asignado. Una parte de él, aunque nominalmente pertenecía al califa de Tetuán, estaba con­trolado de hecho por grupos rebeldes de cabilas rifeñas, lideradas por Abd el-Krim, quien conocía las tácticas europeas y sabia dirigir una guerra de guerrillas muy eficaz.La posesión norteafricana venía siendo el feudo privado del ejército, orgulloso, pero también resentido y con dotación y equipo insuficientes.Para el gobierno español resultaba una colonia económicamen­te poco rentable; tan solo se explotaban las minas del Rif, y Tánger, el puerto más rico, estaba fuera del protectorado. Además, los par­tidos de izquierdas, los republicanos, los catalanistas y los sindica­tos estaban en contra de la presencia colonial.La visión del problema marroquí era muy distinta para el gobierno, que intentaba limitar la actuación a las zonas de protección de Ceuta y Melilla y efectuar una pene­tración pacífica y paternalista, y para los militares, que deseaban ocupar todo el terri­torio de modo efectivo.

El desastre de Annual en 1921

Al frente de cada una de las dos comandancias que formaban el protectorado ha­bía un general; el de la occidental, Dámaso Berenguer, era el superior jerárquico, el "alto comisario" de todo el territorio. De talante pacificador, consiguió conquistar la ciudad de Xauen en 1920. El de la oriental, el general Silvestre, de afanes expansivos, intentó desde Melilla, capital de su comandancia, dominar la bahía de Alhucemas. Sin embargo, sus campañas fueron tan imprudentes y cometíó tales errores tácti­cos que sufríó una derrota espectacular en Annual en 1921, que costó más de doce mil bajas, frente a unos 500 guerrilleros rifeños de Abd el-Krim, que pudo entonces recu­perar un territorio de unos 5000 km2 y estuvo a punto de ocupar Melilla.

Último intento regeneracionista en 1922:

En ese ambiente, los gobiernos seguían siendo frágiles e incapaces de solucionar los problemas. Sin embargo, se produjo otra tentativa de regeneración en 1922, por obra de un partido liberal unificado, con García Prieto al frente, en colaboración con los re­formistas de Melquíades Álvarez, entre quienes había antiguos republicanos.Ese gobierno liberal, con reformistas en Hacienda, Fomento y Trabajo, se propuso grandes objetivos políticos. Quería controlar el ejército, situándolo claramente bajo el control civil; reformar el Senado y los métodos electorales, y emprender una amplia po­lítica de obras públicas y de legislación laboral, con disposiciones sobre accidentes de trabajo, maternidad y retiro obligatorio. Se propuso también una moderada reforma agraria.El intento no tuvo muchos seguidores: suscitaba el malestar o la oposición de las clases dirigentes y de los industriales, sin conseguir el apoyo de los partidos de la opo­sición o de los sindicatos, que no creían ya en los partidos oficiales. Y, además, los libe­rales se enfrentaban con la Iglesia por su proyecto de modificar la Constitución para autorizar la libertad de cultos.

El Periodo de 1917-1923: Malestar económico y social:


La crisis económica al terminar la guerra:

Al finalizar la guerra europea en 1918, acabó también el período de beneficios ex­cepcionales, porque las naciones que firmaban la paz comenzaban su recuperación eco­nómica, no necesitaban ya los productos españoles y establecían nuevas condiciones de intercambio. Esto supuso una disminución drástica de las exportaciones y de la pro­ducción, la reducción de puestos de trabajo, el desempleo (notable en la siderurgia as­turiana y en la industria textil catalana) y el descenso de los salarios reales, es decir, el encarecimiento de la vida.Los obreros, que desde 1917 conocían su capacidad de movilización, respondieron a esa coyuntura con huelgas violentas, apoyadas por los dos grandes sindicatos.

Agitación obrera y campesina:el trienio bolchevique:

Tanta fue la agitación obrera y campesina del perío­do 1918-1921, que ha venido en llamarse trienio bolche­vique, haciendo referencia a la revolución que acababa de triunfar en Rusia y de la cual llegaban noticias confu­sas, pero alentadoras, que sirvieron de ideal y de ejemplo para los sindicatos.Las protestas durante ese trienio fueron endémicas en el campo andaluz y estuvieron encauzadas por socie­dades de signo anarquista o socialista que iban surgiendo en numerosas localidades, imitando a las de otros pueblos en donde los campesinos habían ganado la huelga y ha­bían logrado contratos colectivos con mejoras laborales. También hubo revueltas campesinas en Galicia, Cataluña y Extremadura. La reacción oficial fue la represión em­pleando el ejército y, en ocasiones, declarando el estado de guerra. En Cataluña se trató de una verdadera "guerra social" o enfrentamiento entre la CNT y la patronal.

Congresos anarquistas y socialistas:

En el congreso de la CNT celebrado en Sants en 1918, entre los 138 sindicatos y so­ciedades representados se constituyeron sindicatos de industria, que reunían todos los oficios del mismo ramo de producción. Se aceptó que los sindicados prefirieran la "ac­ción directa" para solucionar los problemas laborales, es decir, la negociación obreros-patronos, sin intervención de mediadores, ni siquiera del Estado. Reforzaron así el apoliticismo anarquista y apostaron por la línea sindicalista (la de Ángel Pestaña y Salvador Seguí); también había, dentro del sindicato, sectores partidarios de la violencia revolú­cionaria, basada en la conciencia de la importancia numérica.La CNT se adhirió a la Tercera Internacional o Comintern, creada en Moscú, pero luego, tras un viaje de Ángel Pestaña a la Uníón Soviética, quedaron defraudados por la dictadura impuesta por Lenin, salieron de la Internacional y reforzaron su apoliticismo tradicional. Los socialistas y la UGT, que celebraron también congresos en 1918, se mantuvie­ron en su actitud reformista, de revolución moderada. La UGT conservó su fuerza en Madrid y Asturias (especialmente entre los mineros) y continuó abierta a una colabora­ción con la CNT. El sindicato y el partido estaban íntimamente ligados y el PSOE tuvo importantes avances electorales en 1919 (Congreso) y 1920 (municipales). Una escisión del PSOE dio lugar al Partido Comunista Español en 1921.

La huelga de la Canadiense en 1919 y sus consecuencias:

Esta empresa (Barcelona Traction Light and Power) era un complejo hidroeléctrico que suministraba electricidad a Barcelona y a toda su industria. La huelga, originada por una cuestión de reajuste de personal que supónía un descenso de salarios reales, fue or­ganizada por el Sindicato Único de Agua, Gas y Electricidad de la CNT, que consiguió lan­zar una huelga general de todas las empresas de agua, gas, electricidad y transporte.Durante cuarenta y cuatro días, en Febrero-Marzo de 1919, media Cataluña quedó paralizada, y Barcelona a os-curasycon problemas de aprovisionamiento. Se declaró el estado de guerra y hubo detenciones masivas, pero se tuvo que acabar aceptando las condiciones obreras: libe­rar a los 3000 detenidos, aumentar los sueldos y aprobar la jornada laboral de ocho horas. Se reconocíó a la CNT y se aceptó que los salarios fueran fijados por comisiones mixtas obreros empresarios. El 3 de Abril, un decreto im­plantó la jornada laboral de ocho horas en toda España.Los industriales catalanes, al ver que no podían luchar contra el sindicato por la vía pacífica, iniciaron una cam­paña de guerra sucia, con la colaboración de la policía y del gobierno. Entre otras medidas se incluían los lock-outs o cierres patronales, la persecución de líderes sindicales, la actuación de pistoleros a sueldo y la aplicación de la "ley de fugas". Como reacción, los sindicatos contestaron con violencia, utilizando también a sus propios pistoleros. En Noviembre de 1920 se declaró ilegal la CNT y se clausuraron to­dos sus centros; en ese mismo mes, pistoleros del sindicato libre asesinaron al diputa­do Layret, abogado defensor de los Genetistas. En Barcelona, solamente en 1921, hubo 300 atentados y 100 muertos. Martínez Anido, gobernador militar de actuación con­tundente, con ganas de poner fin a la inestabilidad cotidiana, deportó a Menorca a la plana mayor de la CNT.

Los gobiernos de concentración:

Los gobiernos de concentración se sucedieron en el poder, pero se revelaron inca­paces de transformar el sistema. De Marzo a Noviembre de 1918, Antonio Maura inten­tó de nuevo, con Cambó como ministro, sus políticas regeneracionistas de 1907-1909, sin conseguir el apoyo de la clase política. Al abandonar el cargo dijo: «A ver quién es el guapo que se hace ahora con el poder». De 1917 a 1923 hubo trece cambios de gobierno. Las elecciones seguían obedecien­do al desinterés general y a la trama de intereses creados. Sin embargo, las de Mayo de 1919 fueron las primeras que no ganó el gobierno que las convocaba. Del total de 409 escaños, los conservadores de Maura obtuvieron 104.

El presidente, asesinado:

El 8 de Marzo de 1921 moría el presidente del gobierno, Eduardo Dato acribillado a balazos al pasar en su automóvil por una plaza de Madrid. Lo mata­ron tres pistoleros de la CNT que querían vengar así la represión contra su sindi­cato. De nuevo, se utilizaba el recurso anarquista al magnicidio para despertar la
conciencia popular.

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