Poesía social años 50

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Buero Vallejo empieza a ser representado con obras como Historia de una escalera, que viene a dar testimonio de la realidad social en la posguerra española, a través de una serie de familias que comparten espacio y tiempo.

En los años 60, hay un movimiento de renovación centrada en la búsqueda de nuevas formas. Se produce una fuerte reacción contra el Realismo mediante un teatro experimental en el que, sin perder el contenido crítico anterior, aparecerán alardes formales, a veces muy audaces. Se rompe con las convenciones escénicas de espacio y tiempo. El patio de butacas puede convertirse en escenario y personas del público en actores. La improvisación desempeña un  papel importante. El concepto de teatro ha cambiado: tan importante como el texto lo es el espectáculo.

Tras la muerte de Franco, el teatro sufre una tremenda crisis. Se montan obras de autores consagrados o se recobran los textos silenciados del pasado inmediato. Pero entonces, que se podía hacer un teatro en libertad, sin censura, sorprendentemente el público no asimila los cambios, abandona los teatros y rechaza los montajes vanguardistas que se hacen de Lorca, Valle, Alberti… El teatro debe encontrar un nuevo público y los autores deben aplicar nuevas fórmulas dramáticas.

Como reacción se regresa a un tipo de teatro más convencional. El panorama de estos últimos años es variado y cambiante. Predomina el teatro comercial  y el institucional, al que habría que añadirle un nuevo teatro de humor, un teatro musical y nuevos autores.

La Lírica desde 1940 a los años 70

Al igual que con los otros géneros, la guerra supuso un corte brutal en la trayectoria de la creación poética. El  panorama de la poesía a partir de la década del 40 es el siguiente:

  1. Miguel Hernández. A partir de  El rayo que no cesa, en su mayoría sonetos,  muestra sus temas predilectos: la vida, el amor y la muerte. Su libro póstumo, Cancionero y romancero de ausencias, es un conjunto de poemas sencillos sobre la cárcel y la angustia por el destino de su esposa y de su hijo.

  2. La poesía arraigada. Poetas como Luis Rosales y Leopoldo Panero, adeptos al régimen franquista y movidos por  “normalizar” la vida nacional, se integran en torno a las revistas Escorial y Garcilaso con una actitud estética cercana al clasicismo.

  3. La poesía desarraigada. Los poetas de la revista
    Espadaña, reaccionan ante la realidad y muestran su desacuerdo con el entorno; poesía más directa, menos retórica y comprometida con el ser humano.

  4. Revistas marginales, como Cántico, publican poemas inspirados en la poesía exquisita y cuidada del periodo anterior a la guerra, como las de Pablo García Baena. El Postismo, movimiento que se autodefine como el Surrealismo ibérico, publicó su  primer manifiesto en la revista Postismo,  fundada por Carlos Edmundo de Ory.

En la línea existencialista y desarraigada se publicaron dos libros de poemas: Hijos de la ira y Sombra del paraíso. Estos supusieron una renovación de la lírica, al dotarla de un carácter existencialista e incorporar un léxico antipoético.

En la década de los 50 la tendencia de la poesía desarraigada va a desembocar en una poesía concebida como comunicación de denuncia directa de los males sociales. La poesía  debe tomar partido ante los problemas del mundo y ser instrumento de cambio político y social. Así, el poeta se erigirá en portavoz del sufrimiento colectivo.

Tres obras fundamentales: Cantos iberos,  Pido la paz y la palabra, y Cuanto sé de mí, darán paso a una poesía social. La preocupación por España y el recuerdo y la superación de los odios provocados por la Guerra Civil son temas permanentes. Se utiliza un lenguaje claro, directo y coloquial. La poesía deja de ser un arte elitista o un mero adorno ya que el destinatario ideal es la “inmensa mayoría”. Sin embargo, la aparente facilidad de esta poesía animó a muchos escritores, que causaron una pronta saturación del género.


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